Gerardo G. Almendárez Mireles
Apenas iniciando la semana, nos encontramos con la noticia de que el PRI quiere colocar a la ex alcaldesa de la Capital de San Luis Potosí en el lugar que desde hace mucho tiempo, ´pienso yo debería de haber estado: En el lugar de víctima.
Créame que en verdad, el motivo de este texto no es practicar una defensa. Para ello, la señora Labastida, seguramente tendrá argumentos para defenderse, y no requiere de un oficioso "abogado del diablo".
Sin embargo, de alguna manera me gustaría quitar un peso de las culpas que se achacan a esta mujer en su paso como alcaldesa, quien allá por principios de los años 80 no daba color para incursionar en la política, y a quien conocí como catedrática de la hoy facultad de Psicología de la UASLP.
En esa época, Vicky, como era conocida por todos quienes fuimos sus alumnos, destacaba por su labor académica y por su candidez.
Y para que visualice usted a esa cándida catedrática, en no pocas ocasiones la vi a punto de romper en llanto, cada que era increpada a grito abierto por el Serruchín, - un alumno de quien sólo recuerdo el nombre de Jesús, y que luego fue funcionario del INPODE -, quien la seguía desde su llegada por los pasillos del plantel, y quien de a tiro por viaje le reclamaba su presunta impericia como profesora, supongo yo, debido a ser un constante cliente de las reprobaciones.
Más tarde, cuando incursionó en el sector público como Oficial Mayor del Congreso del Estado, y fue difícil dejar de ver que detrás de ese movimiento estaba la mano de su esposo, Carlos Valdez, él si formado en la vieja escuela de políticos priístas, quien tras ser Director de la Escuela de Agronomía de la UASLP, luego incursionó como funcionario partidista en la década de los 80.
El sí, desde esa época demostró su falta de candidez, y lo mismo escamoteaba el pago del servicio por asarle un carnero para una fiesta priísta, o bien demostraba su habilidad para establecer alianzas políticas, que si bien a la postre no le permitieron ser una figura pública, pudo utilizar para construir su mejor obra: La carrera política de Victoria Labastida, quien desde ese momento quedó condenada a dar la cara por los estropicios que fuesen causados por su cónyuge.
Dicho en otras palabras, la trayectoria política de Victoria Labastida es la trayectoria que hubiera deseado Carlos Valdez, quien frente a su escaso carisma puso por delante la figura cándida de aquella reconocida académica, de la cual hoy, al parecer ya no queda mucho.
Y es así como como Carlos Valdez ha sido la mano que mece la cuna, y es él quien integró a una camarilla, que tras bambalinas, fue el poder tras el trono del Ayuntamiento Capitalino durante el pasado trienio.
Con estos antecedentes, vale resaltar que todas las culpas que pudieran achacarse a la señora Labastida, bien pueden repartirse entre los integrantes del petit comité integrado por Jesús Martínez Lárraga y Luis Miguel Avalos Oyervides, a quienes podrían agregarse el tesorero Agustín Soberón, el Secretario Emigdio Ilizaliturri, como parte de esta conjura en contra de la cándida Victoria.
Prácticamente de todos son sabidos los tejes y manejes que entre ellos urdieron para dar al traste con la administración labastidista y engordarse los bolsillos, de manera que la pretendida expulsión del PRI, para la psicóloga que devino en política, no supone un acto de justicia real sino simplemente el intento de dar un pequeño golpe de timón ante la opinión pública, pero los verdaderos responsables de tanto trastupije siguen agazapados tras de la imagen de Victoria Amparo.
Yo no sé usted, pero viendo este panorama yo me quedo con aquella joven catedrática, cándida y reconocida académica que nunca debió de abandonar el aula, y que el PRI haga lo que quiera con la malograda política.
Al fin y al cabo, para lo que le va a servir en 2015...
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