Fernando Figueroa
Lo contrario de clarividencia ha de ser algo así como, no ver claro o con transparencia; términos relacionados con opaco u opacidad. Refiriéndome a videntes, esto pudiera solucionarse con lentes. Otro tipo de turbiedades, relacionadas con el comportamiento humano (sin excluir a algunos políticos), se pueden corregir también eliminando algo de mañas, o bien, con un poco de vergüenza, honorabilidad y honestidad. Creo que eso de acabar con las mañas está en chino (sería un error desperdiciar tanta experiencia); es mejor “limpiar” los lentes.
No querer ser clarividente es no querer ver claro; sobre todo si se es parte de la bruma o ya se acostumbró a ella.
El siguiente par de preguntas, un tanto tontas: ¿Qué alcanzo a ver y qué no alcanzo a ver?, pueden tener muchos asegunes en la contestación, relacionadas con: la apreciación, el conocimiento, las vivencias, la capacidad, el temor, la ignorancia, etc. O de plano con el hacerse “guaje”. O peor, con la enorme facilidad que se ha adquirido para que le penetre todo lo que se ve, se escucha o se lee (y se guarda como cierto o se resguarda como tal); sin atender al beneficio de la duda o a la oportunidad de búsqueda para comprobar.
¿Usted sería tan listo como para visualizar cómo vender un kilo de maíz, de papa o de azúcar, etc. en 10 veces su valor? ¿Y usted cree que habría alguien que le comprara a ese precio? Pues, quien sabe, pero habiendo tantos disfraces (inventados y por inventar) para buscar mayores valores agregados, creo que sí. Es necesario reconocer el manejo astuto de la mercadotecnia y la publicidad para obtener increíbles valores agregados.
Y el término regulación, ¿para que se estableció? (¿Regulación? ¡Yo sólo conozco los reguladores de voltaje!).
Últimamente y, principalmente entre la clase política mexicana, se ha hablado mucho de la importancia de la rendición de cuentas; de la transparencia; de las cuentas claras. Y los “jefes” se han puesto a trabajar en forma con este fin; así, directores, presidentes municipales, “líderes” sindicales, evaluadores, etc., etc., se han preocupado mucho en esto. El detalle es que, invariablemente, el balance siempre, o casi siempre sale bien; si acaso con algunos errorsillos mínimos y corregibles que, finalmente, serán avalados y aprobados por los responsables de este quehacer, sean: inspectores, supervisores, regidores, diputados, según el caso y competencia. Esto del balance, es que lo que entró, salió (y quién sabe si sobró, pero como quiera se sumó y todo “cuadró”). El dinero del pueblo fue bien ejercido. Las cuentas de Don Fulano, “pasaron”. Y, ante cualquier suspicacia o sospecha, los papeles “hablan” (firmados, sellados, etc.). ¡No se va a poner en duda el trabajo de los que vigilaron y evaluaron la correcta aplicación de los recursos públicos!
Lo que no está bien claro, o es “inexplicable”, es ese “pequeño” valor agregado que brotó, quien sabe de dónde, pero el resultado es que en poco tiempo hay nuevos ricos o que incrementaron sustancialmente su patrimonio. Esto, verdaderamente es casi un milagro; pues ni modo que las facturas y otros documentos comprobatorios sean falsos o estén alterados. Tal vez si les preguntáramos a los ejecutores o fiscalizadores de esta situación; seguramente algunos nos dirían que se trata de un misterio. Y siendo así, pues… no hay nada que discutir. O como ellos justamente argumentan – que me lo comprueben – ( a ver quién es el valiente).
“El que esté libre de pecado, que arroje la primera servilleta”
Y muy recientemente, salieron unos “valientes”.
Un grupo de destacados jóvenes constituidos en una asociación civil (GESOC AC.), desempeñándose profesionalmente en un acto de participación ciudadana, hicieron uno de varios estudios a nivel nacional, donde evaluaron, con datos oficiales (tomados de la SHCP, el CONEVAL, entre otros), los 132 programas asistenciales del Gobierno Federal, para combatir la pobreza y la desigualdad, principalmente. Este proyecto de investigación, generó información (organizada metodológicamente), con el fin de ponerla a disposición de los diputados federales, para que a éstos les sirviera en la discusión y aprobación del presupuesto del 2012 (Actualmente en plena discusión). Según el periódico “El Universal” del 8 de noviembre del 2011, sóo asistió un diputado a la reunión donde se dieron a conocer los resultados. Aunque toda la información está en la página de Internet de estos jóvenes). Algunos de los resultados, son:
- 70 programas presentan problemas de opacidad. No se puede evaluar su rentabilidad social. No hay datos precisos, o estos son contradictorios o incompletos, pero, al parecer, no se les encuentra ni pies ni cabeza.
- 35 de ellos no cumplen con los propósitos para los que fueron creados (no se sabe a dónde se desviaron, o si existen “por costumbre”, o si son parte de nuestra cultura). Lo cierto es que no llegaron a los beneficiarios. (Lo bueno es que en éstos solo se gastaron 46 mil millones de pesos)
- Solo siete programas si son claros (entre ellos el de oportunidades y becas a estudiantes); es decir, fueron bien aplicados.
¿Qué pasó: errores humanos?, ¿ignorancia o dolo?, ¿negligencia?, ¿actos de corrupción?, ¿nula supervisión y vigilancia?, ¿falta de medidas correctivas?. Quién sabe, pero estos programas que representan decenas de miles de millones de pesos, tal vez tuvieron algún tipo de valor agregado, o sí cumplieron con ciertos objetivos, pero atínele a cuáles y para qué.
Y como dice el analista Mauricio Merino: No se ve la conexión entre 1) Publicar datos, 2) Evaluar resultados y, 3) Tomar decisiones.
Si Usted le encuentra la lógica a esta conexión (costo-beneficio). Favor de enviarla a la cámara, pero después de las elecciones.
Finalmente, qué incluye la Transparencia
- Sólo publicar datos (y vaya que esto cuesta, y cuesta mucho)… O también:
- Evaluar resultados de la gestión pública, con el fin de tomar mejores decisiones (En este caso, tener argumentos sólidos para: discutir, gestionar recursos y corregir lo corregible).
Mientras tanto: ¿borrón y cuenta nueva?, ¿con la esperanza de que en el siguiente sexenio se sigan gastando nuestro dinero con programas, apodados de diferente manera pero, igual de ineficientes?
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