Jueves, 15 de Abril de 2021
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Semana del 03 de Abril al 09 de Abril de 2021

Entre la boleada y la maternidad la pandemia se hizo nada

Entre la boleada y la maternidad la pandemia se hizo nada

Imelda Hernández



María Elizabeth mujer, boleadora, madre de familia y consejera

La pandemia ha puesto a prueba el temple de las personas, y muchas han dado muestra de fuerza y perseverancia, tal es el caso de María Elizabeth Martínez Niño, quien se enfrentó al inicio de la contingencia a un embarazo y un castigado oficio que en ocasiones le genera cero ingresos.

María Elizabeth, es aseadora de calzado y reparación desde hace 13 años, es madre de dos pequeños una niña de 13 años y un menor de apenas ocho meses de nacido; la vida de esta mujer no ha sido fácil pues es ella quien saca adelante a su familia y aun en época de contingencia no puede darse el lujo de confinarse, pues si lo hace corre el riesgo de no llevar alimento a sus pequeños.

"Tengo dos una de 13 y un niño chiquito. Tengo rato en esto, este trabajo lo tengo desde el mercado Hidalgo, allá aprendí este oficio por parte del papá de mi hija", manifestó.

La Plaza de Armas, es el escenario en el que Elizabeth realiza su labor diariamente, ella cuenta, que su jornada laboral comienza desde las ocho de la mañana y concluye hasta las seis de la tarde, sus compañeros de trabajo y herramientas principales son la grasa, el jabón de calabaza y paños que le permiten lustrar y reparar el calzado de sus clientes que son recibidos con un trato cálido, amable y respetuoso.

"Yo trabajo de lunes a domingo, prácticamente toda la semana me la paso trabajando, este oficio me ha dado para sacar adelante a mis hijos", señaló.

Aunque parece un oficio fácil; lo difícil surge cuando se presentan días en los que no se gana ni un peso en más de 10 horas de trabajo.

"A veces es suficiente, a veces no, la pandemia nos bajó en casi un 90% los clientes, ahora sí que estamos a lo que la gente haga", manifestó.

Para María Elizabeth la vida no ha sido fácil, pues aun estando embarazada trabajo arduamente, no hubo días de descanso pese a los clásicos achaques, incluso el día que su hijo decidió venir al mundo, ella estaba trabajando y fue ahí en donde se le rompió la fuente.

"Aquí me la pase todo mi embarazo, aquí precisamente fue un jueves cuando me vine a trabajar y aquí fue donde se me reventó la fuente embarazada, aquí en pleno trabajo, yo me sentía mal, pero de pronto empecé a sudar, entonces tuve que cerrar mi silla y un compañero me acompaño, me subí al camión y llegue a mi casa, pero no aguantaba, prácticamente daba a luz en este lugar donde trabajo, todo por el esfuerzo de agacharme, todo mi esfuerzo fue aquí", manifestó.

Aunque hasta el día de hoy no se ha contagiado de Covid-19 durante su embarazo se contagió de hepatitis tipo B lo cual hizo más difícil su trabajo.

A María Elizabeth la abandono el padre de su hijo una vez que se enteró que serían papás, por ello tuvo que poner todo su esfuerzo en trabajar y llevar los alimentos a su hogar pues tras el confinamiento, son semanas en las que solo se obtiene 60 pesos.

"La gente ahorita se bolea solo para eventos indispensables, pero si te fijas la gente que ves aquí no viene a bolearse, no hay dinero, por eso solo se bolean solo cuando es muy necesario", señaló.

Aunque le gusta su labor, asegura que hoy es un oficio muy castigado pues no hay trabajo y las autoridades no han ayudado a este sector a salir adelante.

"Las autoridades solo nos ayudaron al principio, pero ahorita nos dicen que no hay", señaló.

Afirmó que, aunque hay días malos, de momento no pasa por su mente dejar el oficio que muchos consideran humilde pero que para ella se convierte en su principal fuente de empleo.

"Yo pago agua, luz, comida de mis hijos, el lugar, todo", manifestó.

La discriminación hacia la mujer bolera, es otro reto para María Elizabeth quien asegura que muchos potosinos prefieren bolear sus zapatos en la silla de un hombre al creer que por ser del sexo femenino no tiene la posibilidad de hacer bien su trabajo.

"Yo cobro 20 pesos, pero la gente a veces no llega porque prefieren irse a otro lugar al ver que soy mujer", señaló.

Elizabeth aparte de ser reparadora y lustradora de calzado, es madre, y por si eso fuera poco, es también psicóloga, pues al hablar con la gente a veces hasta un consejo les da.

"Siempre hay que recibir a los clientes con buena cara, debemos ser sonrientes y amables", señaló.

La actividad del bolero es algo que ha perdurado se estima que tan solo en las cercanías a palacio municipal y plaza de armas, existen más de 20 boleros que diariamente buscan lustrar el calzado de los potosinos y proporcionarles un servicio adecuado.

 


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