Simón Vargas Aguilar
“Los gobiernos de los estados tienen el compromiso de ‘petrolizar’ la educación superior”.
La reforma energética recientemente promulgada por el presidente Enrique Peña Nieto, ha prometido crecimiento y progreso para México durante los siguientes años, con ello el aumento de empleo. Sin embargo nuestro país no está produciendo el suficiente número de ingenieros, geofísicos y geólogos petroleros ante las coyunturas que se allegan.
Esta situación la reconoce Vinicio Suro Pérez, director del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) quien en entrevista para El Economista aseguró, que el problema radica básicamente en que las universidades no están preparando los perfiles idóneos para operar la industria en cuestión.
Del mismo modo, José Ángel Gómez Cabrera, presidente de la Asociación de Ingenieros Petroleros de México, manifestó que a pesar del acelerado crecimiento en la oferta educativa, éste no es suficiente, ya que los gobiernos de los estados tienen el compromiso de “petrolizar” la educación superior.
Este mismo escenario fue analizado por Lisa Guáqueta, investigadora del Instituto Baker, quien planteó que el Estado mexicano debe abordar dos cuestiones clave con el fin de hacer realidad la promesa de mayores oportunidades de empleo; primero, ¿La actual fuerza laboral del país cuenta con las habilidades necesarias para responder adecuadamente al aumento de la producción?; y segundo, ¿Se están asignando los recursos necesarios para responder ante la demanda a dichas competencias?
En este reporte llamado Reforma Energética, Educación y Oportunidades de Empleo en México, publicado el pasado 29 de agosto, Lisa Guáqueta abundó que claramente se presenta un déficit de formación de fuerza laboral y conforme el sector de energía se expanda esta carencia será todavía mayor, ya que en nuestro país solamente el 9.4% de los trabajadores cuentan con un título de educación superior.
Por tal motivo para que México pueda aprovechar plenamente los beneficios de la reforma energética con referencia al empleo, el Estado debe concentrar los recursos que sean necesarios para producir talento en el menor tiempo posible, puesto que a pesar de que el sector de la energía es uno de los campos mejor pagados, “no logra atraer a un número suficiente de graduados universitarios en ingeniería y ciencia”.
Con respecto a esto último, el reporte en referencia señala que históricamente los estudiantes en nuestro país se han sentido más atraídos por las carreras del área de humanidades, esto a pesar de conocer previamente que el mercado está saturado y las posibilidades de encontrar un empleo son menores, además de que los salarios podrían y son en muchas ocasiones más bajos.
Por ello el estudio en mención recomienda al gobierno y a las empresas a que desarrollen programas de divulgación enfocados en atraer un mayor número de estudiantes a carreras del sector energético. Estos esfuerzos pueden aumentar el conocimiento de las posibles carreras disponibles en el campo de la energía y aparte crear relaciones más fuertes entre la industria y la comunidad.
Si el paquete de reformas estructurales en realidad logra transformar el país de manera positiva, como sin duda todos lo deseamos, y trae mayores oportunidades de empleo, deberíamos estar motivando a los jóvenes a planear con más conciencia su futuro, y a que elijan una carrera que a la larga podría darles mayores beneficios, y no solo a ellos, a la nación en conjunto.
Una de las razones por la cual quizás la deserción escolar en los niveles de educación superior aumentó, además de la falta de recursos para continuar, es la falta de empleos en dicho nivel bien remunerados, lo que podría mandar el mensaje de que la inversión bien podría no valer la pena.
Y es que el informe recién publicado Panorama de la Educación 2014, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reflejó que en nuestra nación el mercado laboral brinda oportunidades considerables a aquellos que no cuentan con una elevada preparación académica, debido a que las condiciones de desempleo en el país afectaron más a las personas con educación superior que al sector poblacional que sólo contaba con bachillerato.
En las consideraciones de la OCDE, lo anterior significa que el mercado laboral es benevolente con las bajas capacidades de la fuerza de trabajo nacional, “un hecho que termina siendo perjudicial para la profesionalización en México, debido a que representa un incentivo negativo para alentar a las personas a concluir su formación”.
Por último, con el fin de comprender los retos que se avecinan y preparar escenarios más adecuados, es importante mejorar la recopilación y disponibilidad de datos y estadísticas sobre la educación y la fuerza laboral, con la finalidad de que la juventud mexicana tome la mejor decisión para su futuro, además de que esta información podría ser de gran utilidad para todos los niveles de gobierno, así como para el desarrollo de sus programas y proyectos educativos.
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