Simón Vargas Aguilar
La educación en nuestro país continúa siendo –y muy probablemente continuará siéndolo en el futuro– una de las principales asignaturas pendientes de la agenda nacional, y es que la deficiente calidad de nuestro sistema educativo, así como el estancamiento que experimenta, obstaculiza el desarrollo económico y social, y cancela las perspectivas de futuro de un gran número de mexicanos.
Así lo confirman tanto el Informe de Progreso Educativo 2013, realizado por el Instituto de Innovación Educativa del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), como los resultados de la prueba PISA 2012 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ambos dados a conocer recientemente.
Los principales resultados del Informe de Progreso Educativo 2013, el cual sintetiza en un solo indicador la información sobre cobertura, calidad y logro de los niveles de primaria, secundaria, y educación media superior, y que además ofrece un análisis de los factores asociados al progreso educativo, revelan que a nivel nacional se registra un índice de progreso educativo (IPE) de 6.9 (en una escala de 0 a 10), el cual sólo se ha incrementado en 0.4 puntos entre el 2008 y el 2013. “A la tasa de crecimiento actual, tomará más de una década llegar a un valor de 8.0”, precisa el informe.
En cuanto a los niveles educativos en el contexto nacional, en primaria el IPE alcanza una calificación de 7.6, en parte, gracias a las valoraciones positivas en cuanto a cobertura (9.6) y logro (9.2) –porcentaje de alumnos que asiste a la escuela en el nivel que corresponde a su edad–, sin embargo, su calificación en cuanto a calidad es deficiente (4.2). En secundaria, el IPE es menor (6.8), y esta baja puntuación se da por una combinación de menor cobertura (9.5) y logro (9.1) y mucha menor calidad (1.9); mientras que en la educación media superior el IPE es de 6.3: en los indicadores cobertura y logro registra valoraciones menores a las alcanzadas en los niveles previos: 7.0 y 8.3, respectivamente, mientras que si bien la puntuación de calidad es mayor que la de la secundaria, ésta no supera a la de la primaria y registra sólo 3.9 puntos.
A nivel estatal, las cinco entidades con mayor IPE fueron: Baja California (7.59); Sonora (7.53); el Distrito Federal (7.43); Baja California Sur (7.33) y Tabasco (7.32), en tanto que las cinco con menor IPE fueron: Oaxaca (6.27); Michoacán (6.48); Guerrero (6.57); San Luis Potosí (6.71) y Veracruz (6.74). Cabe señalar que en el 2008, Nuevo León, que se ubicaba entre las cinco entidades con mayor IPE, cayó del 5º al 15º sitio y su lugar fue ocupado por Tabasco; mientras que Puebla y Chiapas, entidades consideradas entre las cinco con menor IPE en ese mismo año, pasaron de los puestos 28º y 32º al 27º y 22º, respectivamente.
Llama la atención que en el caso de Michoacán y Oaxaca, las entidades con menor IPE a nivel nacional, considerando su tasa de crecimiento promedio anual en los últimos seis años, les tomaría 10 y 28 años, respectivamente, alcanzar la calificación actual de Baja California (7.59), y alrededor de 35 años, alcanzar una calificación de ocho, de acuerdo con estimaciones de los investigadores.
En lo que respecta a los factores asociados al progreso educativo, los resultados obtenidos señalan que éste es mayor cuando existen: mayores recursos tecnológicos en las escuelas; más docentes con posgrado; más directores y directoras con al menos estudios de licenciatura; mayor capacidad instalada para atender la demanda en los sistemas educativos; y menores niveles de pobreza. No obstante, se hace énfasis en el hecho de que “los docentes cuenten con mayores salarios, o que los Estados y la Federación destinen un mayor nivel de gasto por alumno, no necesariamente se asocia a un mayor progreso educativo”.
Por otra parte, el informe señala que existen factores personales y familiares que afectan el rendimiento académico, el logro y la asistencia escolar, pero que éstos dos últimos son mayores cuando los hogares cuentan con acceso a internet y a energía eléctrica; el jefe del hogar es hombre y éste cuenta con un empleo; y cuando los hogares cuentan con mayores ingresos. En contraparte, se menciona que existe un logro menor cuando los hogares se ubican en zonas rurales, y cuando los alumnos pertenecen a grupos indígenas y sus familias cuentan con un menor nivel de ingresos.
En tanto, los resultados de la prueba PISA 2012 de la OCDE revelan que “el rezago de los estudiantes mexicanos es de dos años de escolaridad” y que nuestro país tiene “el peor desempeño en matemáticas, lectura y ciencias” de todos los países miembros del organismo, por lo cual nos tomará más de 25 años alcanzar el promedio en matemáticas y más de 65 años en lectura. México se ubica en el lugar 53º y si bien supera a una docena de países que realizaron la prueba, entre los que destacan Uruguay, Brasil, Colombia e Indonesia, éstos no pertenecen a la OCDE.
En matemáticas, nuestros estudiantes obtuvieron 413 puntos y se ubicaron lejos del promedio (494) y sólo el 0.6 por ciento de éstos se ubicó en el grupo de los alumnos con los mejores resultados; en lectura, obtuvieron 424 puntos, y en ciencias 415 puntos, mientras que el promedio en ambas competencias fue de 496 y 501 puntos, respectivamente. La OCDE destaca que las dificultades y la ansiedad que les producen las matemáticas a nuestros estudiantes, alcanzan los niveles más altos de todos los países miembros, y que ésta situación los priva de “la posibilidad de emprender carreras profesionales relacionadas con la materia”.
Aunado a ello, la falta de compromiso con la escuela –el 40 por ciento declaró haber tenido retardos y 22 por ciento que faltó a clases sin autorización en las dos semanas previas a la prueba– son factores que inciden en la obtención de los magros resultados, según el organismo.
En este contexto, México tiene frente a sí uno de los desafíos más grandes de su historia: elevar la calidad de la educación, no a través de acuerdos políticos que tienen fecha de caducidad y que pocas veces han arrojado resultados tangibles, o de reformas de tipo administrativo que ignoran por completo la verdadera razón de fondo. Es imprescindible considerar y analizar los parámetros que presentan ambos esfuerzos a fin de realizar una adecuada identificación de las áreas de oportunidad, una correcta planeación y el establecimiento de metas concretas que posibiliten establecer las condiciones necesarias para generar un progreso educativo real.
Los planes y programas educativos, así como la currícula necesitan ser modificadas y adecuadas a nuestra realidad y necesidades, y es urgente capacitar a los maestros considerando las nuevas tendencias y metodologías de enseñanza. Nuestros niños y jóvenes no pueden seguir esperando, hagámoslo por ellos.
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