Víctor Manuel Tovar González
Esta vez no voy a tratar temas políticamente incorrectos, como el de decirles porqué es necesario pagar la tenencia de automóviles, o porqué la reforma fiscal satanizada por los sepulcros blanqueados del PAN e impulsada básicamente por el PRD, es positiva para el país. Tampoco comentaremos la antipatriótica y entreguista reforma energética que impulsada por los vendepatrias de los sepulcros blanqueados del PAN, ya se cocina en el Congreso de la Unión. Tampoco comentare sobre el exageradamente opaco y corrupto Ayuntamiento de nuestro municipio.
Hoy por desgracia tenemos que comentar que uno de los corazones más grandes que han habitado nuestro planeta dejo de latir. En la semana que nos antecedió, Nelson Rolihlahla Mandela, conocido en su país, Sudáfrica, como Madiba, nos abandonó, cumpliendo con la ley de la naturaleza. El primer presidente democrático de Sudáfrica, Nelson Mandela, considerado un referente mundial en la lucha por la libertad, falleció el jueves a los 95 años en su casa de Johannesburgo rodeado de su familia. Desde entonces, los elogios al hombre que derrotó el régimen racista apartheid no han dejado de parar, y esperando no volverme reiterativo, considero de elemental justicia para este gigante de la lucha libertaria, unirme desde estas páginas, de manera modesta a el recuerdo de Madiba.
Para comprender la lucha de este gigante, quisiera comenzar con estos datos: en 1990, la población sudafricana era 75.6% negra, 13.2% blanca, 2.6% asiática (de la India en su mayoría) y 8.6% mestizos. Las distintos grupos étnicos de negros (entre ellos Hotentotes y Bushmen) son conocidos como Bantú, los mestizos se nombran “coloreados” y los europeos, o de origen europeo, se dividen en: Afrikaners o Boers, es decir descendientes de holandeses que colonizaron la zona de la costa en el siglo XVII; ingleses o europeos de habla inglesa que llegaron a Sudáfrica como mercaderes, como colonizadores cuando el Cabo de Buena Esperanza se convirtió en parte del Imperio británico (1814), o bien como industriales o mineros para explotar las minas de diamantes y oro; en alemanes y franceses.
En el siglo XIX los bantúes se instalaron entre los europeos en zonas conocidas como “reservas indígenas”, de las que salían como trabajadores agrícolas y mineros. Entre europeos y africanos hubo conflictos constantes por la posesión de la tierra y por la explotación de mano de obra barata que practicaban los europeos sobre los africanos. Los europeos establecieron una relación de amo-siervo entre las razas que perduró durante prácticamente todo el siglo XX.
En 1934, Sudáfrica se independizó de Gran Bretaña y los descendientes de holandeses (Afrikaneers o Boers) tomaron el control de la política. En 1948 subió al poder el conservador partido nacionalista Afrikaner, que expresó su actitud y política como apartheid. El apartheid consistió en promover el desarrollo separado de las diferentes razas, bajo la dirección de la raza blanca, considerada superior.
Para mantener su control, los blancos crearon leyes raciales que tocaban todos los aspectos de la vida social. Asimismo, se llevó a cabo la clasificación racial de los ciudadanos sudafricanos a partir de tres criterios: apariencia, aceptación social y descendencia. Una persona no podía ser considerada “blanca” si sus padres o abuelos no lo eran, así fuese rubio y de ojos azules, si alguno de sus ascendientes heran Bantú se le consideraba coloreado.
Entre los dictámenes que oficializó el régimen “afrikáneres” destacaba la prohibición de las personas negras a ocupar algún cargo público. Así como la negativa de que pudieran votar por algún gobernante. Otra que las personas de raza negra no podían utilizar el transporte público, menos ingresar a zonas asignadas para la población blanca, a menos que tengan una orden de la policía. El objetivo del apartheid era separar las razas en el terreno jurídico (blancos, asiáticos, mestizos o coloured, Bantúes o negros), estableciendo una jerarquía en la que la raza blanca dominaba al resto (Population Registration Act) y en el plano geográfico mediante la creación forzada de territorios reservados: los Bantustanes (Group Areas Act).
En 1959, con el Self Government Act el apartheid alcanzó su plenitud cuando la población negra quedó relegada a pequeños territorios marginales y autónomos y privada de la ciudadanía sudafricana.
En este antinatural, obsceno e inhumano orden social, el hijo de un jefe tribal, en 1940 tuvo que interrumpir sus estudios de ciencias naturales porque se unió a una huelga. Más tarde se haría abogado. En 1944 fundó, junto con Oliver Tambo y Walter Sisulu, la liga juvenil del Congreso Nacional Africano. Un movimiento que a pesar del estado de cosas no predicaba odios, quería una Sudáfrica donde todos sus habitantes fuesen iguales, no querían cambiar el dominio de la minoría blanca por el de la mayoría negra, posición que le acarrearía críticas de los violentos, que querían expulsar a los blancos e instaurar una república negra. Mandela predicaba el fin de la segregación fue de cualesquier signo. El fin del Apartheid, era considerado por Mandela desde todos los puntos.
El gobierno declaró ilegal este movimiento, y en 1960 Mandela pasó a la clandestinidad. Como jefe de la organización ilegal Lanza de la Nación, fue detenido en 1962 y dos años más tarde fue condenado a cadena perpetua por alta traición. A partir de entonces, muchas voces internacionales pidieron su liberación.
Pero la cárcel si bien le privo de libertad a su cuerpo, no así a su gran espíritu, de manera clandestina desde la prisión dirigió una incansable lucha contra los Afrikaners que promovían el apartheid, así como contra los grupo radicales de población negra que predicaban el odio racial pero desde otro ángulo, bajo la premisa de ser la mayoría. Mandela desde la cárcel seguía pregonando una Sudáfrica donde todos cupieran, encabezando una lucha alejada del terrorismo, muy común en otras colonias y excolonias británica.
Madiba, encabezaba una lucha pacífica, similar aunque no igual a la de Gandi el otro gigante de la lucha pacífica libertaria, promovió huelgas para mejorar las condiciones de trabajo de los Bantú y los coloreados, utilizo la resistencia civil, pero jamás actos terroristas que lastimaran a la población.
Su lucha justa y humanista, le acarreo la simpatía de todo el mundo. En 1960 fue excluida de la Commonwealth. En la ONU se planteó la demanda de sanciones. En 1972, Sudáfrica quedó excluida de los Juegos Olímpicos de Munich ante la amenaza de boicot general de los países africanos. Finalmente en 1977, el régimen sudafricano fue oficialmente condenado por la comunidad occidental y sometida a un embargo de armas y material militar, y en 1985, el Consejo de Seguridad de la ONU llamó a los estados miembros a adoptar sanciones económicas.
En 1989 fue elegido presidente de Sudáfrica William de Klerk, un reformista que comenzó a negociar una salida al estado de discriminación racial en Sudáfrica. Como un acto simbólico importante, en 1990 se concedió la libertad a Nelson Mandela, tras 26 años de prisión por oponerse al racismo. Finalmente, el 17 de junio de 1991 se decretó el fin del apartheid. Después de más de 40 años de sostener un sistema racista, el Parlamento sudafricano terminó con todas las leyes segregacionistas a través de una reforma a la Constitución, misma que entró en efecto en 1994. Como parte de esta reforma, se disolvieron las “homelands”.
El proceso culminó con la llegada Nelson Mandela, el mítico militante anti-apartheid que había pasado veintisiete años en la cárcel, a la presidencia de la República de Sudáfrica.
Descanse en paz este hombre que nos deja como legado, que todos los hombres sean negros, mestizos, blancos, amarillos o rojos, somos iguales. Y que las luchas libertarias deben ser por la igualdad, pacíficas y alejadas de los odios, sean estos raciales, por ideologías políticas o religión. ¡Los hombres podemos ser contrarios pero no enemigos!
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