Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 20 de Diciembre al 26 de Diciembre 2013

El día que el narco explotó

El día que el narco explotó

Juan Veledíaz/www.estadomayor.com



¿Cómo se formó la delincuencia organizada con ese poder y capacidad de violencia que tiene en jaque al país?

Un intento de respuesta se desglosa a lo largo de más de 400 páginas del libro “Historia del narcotráfico en México”, escrito por el ex director del Cisen (Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional) Guillermo Valdés Castellanos. En esta obra el titular del área de inteligencia civil en el gobierno de Felipe Calderón, considera que para explicar lo que ocurrió en el gobierno del panista, en cuanto a violencia e inseguridad, es indispensable tener claro cómo llegó el país a tener este “grado de criminalidad, en términos cuantitativos (cantidad de organizaciones y personas involucradas, número de municipios y estados donde está presente, la infraestructura logística y el armamento de que dispone, etc.) y cualitativos (el grado de sofisticación de sus organizaciones, la diversidad de sus actividades criminales, la fuerza de sus capacidades corruptoras y de sus estrategias mediáticas, la complejidad de sus relaciones con diversos sectores sociales y las redes de negocios con otras organizaciones fuera de México)”.

Hay un tercer factor que el autor considera “decisivo en el fortalecimiento de las organizaciones criminales”, y se centra en la debilidad y proclividad a la corrupción de las instituciones de seguridad y justicia. Con este panorama, la realidad del crimen organizado desbordó la capacidad de respuesta en los ámbitos municipal y estatal en amplias regiones del país, donde las autoridades se han convertido, según el ex funcionario, en “partes activas y defensoras de la delincuencia organizada”.

En diciembre del año 2006, escribe, “se tenían suficientes indicios, en el gobierno federal y en los estatales, de que la inseguridad y el narcotráfico estaban adquiriendo dimensiones muy peligrosas”. El panorama que el autor traza no es nada que desde tiempo atrás no se conociera. Llama la atención ese vacío que surge al leer el libro sobre la real dimensión que alcanzó con Vicente Fox la narcopolítica, y que con Calderón hizo crisis en estados como Tamaulipas y Michoacán. Valdés Castellanos no profundiza.

El libro arranca con un registro de trabajos previos, como la obra del sociólogo sinaloense Luis Astorga, y sus aportaciones en sus diferentes investigaciones sobre el fenómeno del tráfico de drogas. Más que referir sobre la vida y avatares de personajes, Valdés Castellanos hace un recuento de cómo la dimensión económica y empresarial del narcotráfico no se explica sin la anuencia y protección política que tuvo desde sus inicios a principios del siglo pasado.

Son tres los momentos clave que el autor fija a lo largo del siglo XX. Primero con el predominio del opio y la heroína, segundo con la mariguana como droga de mayor demanda en la década de los sesenta y los setenta en el mercado estadounidense. Y tercero, en los ochenta con el auge de la cocaína, cuando las autoridades estadounidenses cierran la ruta del Caribe para el trasiego de droga con lo que México pasa a convertirse en la ruta “natural” para ingresar la producción del alcaloide que viene de Colombia. En 1985 tras el asesinato un año atrás del periodista Manuel Buendía, suceso relacionado con la información que tenía sobre el nivel de involucramiento de políticos, militares y jefes de las fuerzas de seguridad del gobierno en el narcotráfico, se decreta la desaparición de la DFS (la Dirección Federal de Seguridad, la antigua policía política del régimen), corporación que funcionó como “ventanilla” del gobierno con los capos de la droga.

A finales de los años ochenta, con la captura y encarcelamiento de Miguel Ángel Félix Gallardo, el capo de capos hasta esos años del negocio de tráfico de drogas, se da una reconfiguración de la organización que encabezó. El país se divide en la región Pacífico, Centro y el Golfo. Salvo ésta última, operada de años atrás por el viejo cacique Juan N. Guerra, el resto recaerá en los antiguos lugartenientes de Félix Gallardo quienes no tardarán en comenzar a pelear por ciudades como Tijuana y Guadalajara. Llama la atención que en su libro el ex jefe del espionaje civil, reconoce que en el caso de la región del Golfo con Tamaulipas como epicentro, la información fue escasa y solo hasta que el cacique Juan N. Guerra se hace más “visible” para el centro del país es cuando las miradas voltean a aquella parte de la república. Pasó por alto la figura de Emilio Martínez Manatou, secretario de la poderosa oficina de la presidencia con Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), quien fue gobernador de Tamaulipas (1981-1987), y quien desde la década de los sesenta “movió los hilos” del naciente negocio del tráfico de droga por esa parte del país, según el libro “El Pastel. Ochenta años del narcotráfico en México”, editado en Estados Unidos y escrito por un veterano reportero de policía de la ciudad de México, José Luis García Cabrera..

Valdés Castellanos apunta que el surgimiento de Amado Carrillo Fuentes en los años noventa, como el capo que aglutina a las fuerzas de la antigua cofradía de sinaloenses vinculados desde décadas atrás al negocio, le da la connotación de casi monopolio del trasiego de droga a esta organización hacia los Estados Unidos. Es en esta parte de la historia donde primero con la Policía Judicial Federal, y después con militares de diferente rango, las fuerzas de seguridad se involucran de manera más abierta en labores de protección y apoyo a la organización que encabezó el llamado “Señor de los Cielos”.

La muerte de Carillo Fuentes en 1997, la reconfiguración de las bandas en el Golfo tras la captura de su líder Juan García Ábrego en 1996, le darán otra connotación al negocio del tráfico de drogas donde la violencia comienza a posicionarse como moneda de uso común para dirimir diferencias y ajustar cuentas en diversas partes del país.

La fuga de Joaquín El Chapo Guzmán en enero del 2001, a mes y medio de darse por primera vez la alternancia política en la presidencia de la república, marcó la era de los dos sexenios gobernados por panistas. Es con Calderón a partir de finales del 2006, que la “formación del volcán” que se gestaba, hizo erupción en el año 2008, el mismo en el que se registró la mayor fragmentación en la mafia sinaloense, ocurrida tras la captura de Alfredo Beltrán Leyva, hermano de Arturo, primo político del Chapo quien ayudó en los preparativos de la fuga y quien despuntaba como uno de los barones importantes en el negocio durante el gobierno de Vicente Fox.

En el escenario previo al desbordamiento de la violencia, hubo otros factores, según Valdés Castellanos, como el levantamiento de la prohibición de la venta de armas de grueso calibre en Estados Unidos, el surgimiento del paramilitarismo como brazo armado al servicio de la organización del Golfo, y el quiebre en el sistema de procuración de justicia.

Valdés Castellanos, ex director del Cisen, explica éste y otros factores en entrevista.

Pregunta: Esto arranca de principios del siglo, y aquí hay varias tesis, la estructura de protección al negocio del tráfico de drogas viene básicamente desde el poder local, el poder regional. Me llama la atención algo, menciona a varios militares en principio, en el caso de Sinaloa ¿usted considera con base en su investigación que el negocio surge a partir de la disputa entre dos generales, uno de ellos que fue asesinado en Mazatlán (el coronel Rodolfo T. Loaiza), y otro que quedó con la gubernatura (el general Pablo Macías Valenzuela, amigo cercano de don Pedro Avilés Pérez, “el León de la Sierra”, mentor de Ernesto Fonseca “don Neto” y de Miguel Ángel Félix Gallardo).

Respuesta: Es un episodio más de los múltiples que hay del involucramiento de autoridades locales, eso ya es una etapa como 15 años después de que inició el asunto. Lo que está documentado y fundamentalmente de ahí tomo las fuentes, fundamentalmente de Astorga, cómo el narcotráfico en sus primeras décadas estuvo involucrado a los poderes estatales a los gobernadores, y en muchos de casos los gobernadores eran generales que habían participado en la Revolución. Y en ese sentido el narco tiene su primera etapa caracterizada por ser empresas muy vinculadas al poder político estatal.

—Cuando Felipe Calderón llega a la presidencia el diagnóstico es que esto se ha roto, se salió de control?—

El control que tenía el Estado sobre el negocio del narco se rompe con la ruptura del pacto a raíz del asesinato de Enrique Camarena, que provoca por un lado que encarcelen al liderazgo de la gran corporación del narcotráfico que eran Miguel Angel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca, don Neto, Rafael Caro Quintero, etc. Y la desaparición de la DFS que era la dependencia del gobierno que actuaba como mediadora, y como controladora de esto, a partir de entonces se rompe ese pacto y se fragmentan las organizaciones y las organizaciones empiezan a establecer el control en sus territorios y sometiendo a los poderes locales, estatales, a las organizaciones, entonces este digamos, este… este estado de… no existencia… de… un orden, de un control sobre este problema viene de los noventas, que se fue agravando entre noventas y 2006, en donde ya eran claro los síntomas en algunos estados de que las organizaciones del crimen organizado habían avanzado hacia el control de partes del Estado mismo, de ayuntamientos, no solo de policías municipales, sino estatales, de ministerios públicos, de ayuntamientos. Y eso era lo que se encontró cuando llegó Calderón al poder. Un proceso de cooptación, de captura del Estado.

—Por qué hacer una historia del narcotráfico, por qué esta historia, usted que fue director del área de inteligencia civil?—

Porque yo creo que es la manera en cómo podemos entender por qué el narco se hizo tan poderos y tan violento, si no recuperamos esta evolución histórica y de los factores que hicieron posible el crecimiento, el fortalecimiento, el enriquecimiento y la militarización del crimen organizado no podemos entender la violencia que está sufriendo México. Por eso la historia, porque lo que pasó a partir del 2008 es haga de cuenta la erupción de un volcán, y había que explicar cómo se formó el volcán. Esa es la razón de esta historia.

—Cual fue la base de ese volcán, por qué hizo en ese tamaño la erupción?—

Pues porque se permitió que creciera el crimen organizado, que crecieran las organizaciones del narcotráfico que se hicieran muy poderosas, que se apropiaran de las policías, se les permitió que se armaran hasta los dientes, y que prácticamente no encontraran ningún limite a su actuación, esa es la causa de la erupción del volcán.

—Cuando usted llega al Cisen ¿cuál es el diagnóstico que recibe respecto al fenómeno del tráfico de drogas?—

Pues lo que tenemos es esta expansión territorial, esta fragmentación de organizaciones y estos fenómenos de diversificación criminal en algunas regiones hacia la extorsión, el secuestro y este proceso de ir capturando algunos ayuntamientos. Recuérdese que Lázaro Cárdenas cuando era gobernador de Michoacán le pidió al presidente Calderón el apoyo de la federación para controlar el que la Familia, que era entonces la organización, fuera apoderándose de los municipios michoacanos. Ese es el diagnóstico que teníamos de un crecimiento y un fortalecimiento en muchísimos estados de la república del crimen organizado.

—En el libro usted hace el deslinde que este no es un trabajo para justificar el sexenio de Felipe Calderón ¿era necesario hacer esta observación?—

Lo que pasa es que el debate ha estado muy politizado y muy partidizado, y la tesis que yo planteo fundamentalmente es que si queremos resolver el problema de la violencia, lo primero que tenemos que hacer es entenderlo, y para entenderlo hay que olvidarnos un poco de la disputa política y partidista del tema. Y yo no quería entrar al debate si el gobierno de Calderón es mejor que este o que el otro, sino simplemente lo que necesitamos es entender el tema más allá de colores del partido en el poder.

 


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