Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 29 de Noviembre al 05 de Diciembre 2013

¿Enviados o establecidos?

¿Enviados o establecidos?

Rodolfo del Ángel del Ángel



Como cristianos tenemos la tendencia a vivir una fe cómoda. Incluso hoy en día hay ofrecimientos religiosos que afirman ser cristianos pero que, sin duda, Cristo mismo no hubiera reconocido más bien habría condenado como falsos evangelios. Un ejemplo de ello es la idea, ahora tan común, de que la fe es algo así como una inversión económica que produce altos dividendos; si tú le das a Dios tu dinero él te lo devuelve multiplicado. La iglesia no es la bolsa de valores, ni Dios es un Dios de transacciones económicas. Él ya nos bendijo con la mayor y más inmerecida bendición que hubiéramos podido jamás recibir: nos dio a su propio Hijo para nuestra salvación. En todo caso somos deudores insolventes de una salvación que hemos recibido por gracia, pues de otra manera no hubiera sido posible obtener la vida eterna. Así es que ser cristiano es implica reconocer humildemente que sin merecer nada todo lo hemos recibido y que, por lo tanto, teniendo Dios un derecho absoluto sobre nuestra vida por habernos creado a su imagen y semejanza y, luego, por habernos rescatado de la muerte eterna, de la condena y la esclavitud que el pecado produce, no podemos hacer otra cosa que vivir en gratitud a él y esperar de su mano generosa toda bendición. A Dios no lo condicionan nuestras dádivas, ni le obligan nuestros sacrificios ni nuestra pretendida generosidad. Él bendice porque él quiere, y si somos hijos suyos ya nos bendijo por medio de su Hijo. A partir de esa realidad hay una exigencia constante para nuestra vida que debiera ser cumplida con el mayor agrado porque su amor nos conmueve y nos mueve. El evangelio de Cristo es el evangelio de la dádiva, de la generosidad sin límite, del servicio. Es el evangelio que proclama lo que Dios ha hecho en Cristo para salvación de todas las personas.

En este sentido, hay una demanda constante de que la iglesia comunique al mundo de manera inmediata la Buena Noticia. ¿Qué es la predicación sino el gozoso anuncio de las grandes cosas que Dios ha hecho en nuestra vida? Hay un mandato, por supuesto, pero cuando alguien ha experimentado la gracia perdonadora y restauradora de Cristo, experimenta un gozo incontenible de contar a otros lo que el Señor Jesús ha hecho en su vida. En este sentido cada cristiano es un testigo, es un anunciador, un evangelista que tienen la gran tarea de compartir la fe. En este sentido, también, la dinámica de la vida cristiana nos llama a la movilidad, a salir de los espacios limitados, de nuestro encierro, para ir por todas partes predicando el evangelio. Debemos hacerlo tal como el endemoniado que fue liberado por Jesús y luego se fue por todas las ciudades de la comarca para hablar de las grandes cosas que Dios había hecho con él. De la misma manera como lo hizo la Samaritana que corriendo regresó a su aldea para decir a todas sus vecinas que había hallado al Mesías.

La mayoría de nosotros no expresamos este gozo, nos hemos reservado el mensaje, hemos ce rrado nuestros ojos a la miseria humana y la necesidad que nos rodea. Nuestros templos muchas veces han sido nuestros cómodos espacios en lo que nos hemos establecido confortablemente olvidando que el mandato de Cristo es ir. Dondequiera que leemos en el evangelio apreciamos claramente la intención de Jesús. Él dice: “Va yan y hagan discípulos. . .” (Mateo 28:20). Al decir esto nos exige salir de nuestro centro y responder con alegría a la tarea. Pongamos en sintonía nuestro corazón con el corazón de Cristo que desea que su pueblo de manera gozosa, dispuesta y servicial abandone sus espacios de seguridad y privilegio, tal como él lo hizo, para anunciar al mundo su deseo de que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.

 


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