Luis Bárcenas Torres
Fueron publicados los resultados de la prueba Enlace 2011 y nuevamente, como siempre, se desatarán las acusaciones contra el magisterio, su sindicato y la dirigente del mismo Elba Esther Gordillo. Aunque el Secretario de Educación Alonso Lujambio, ya bajado del caballo electoral, ha declarado que se avanzó, el logro centesimal no impedirá los reclamos y los antes mencionados serán los judas que arderán en cada nota de prensa y charla de café.
Sin embargo, nunca como ahora, creo yo, serán más injustas las acusaciones contra los maestros. Víctimas de un concepto educativo que los ha remitido a un secundario papel de facilitadores del aprendizaje, despojados por padres de familia y la misma Secretaría de Educación de autoridad para corregir, y por si fuera poco, expuestos a la espiral delincuencial que ya los vio como blanco, los maestros son siempre los grandes sacrificados por opiniones con escaso sustento.
Hay sin embargo, una declaración, la del Doctor Narro, Rector de la UNAM, quien interrogado para que emitiera su opinión sobre esos resultados dijo: “Algo grave debe pasar en educación” y si, algo grave debe estar pasando para que las medidas correctivas no hayan podido impulsar el despegue que nos distancie del rezago.
La opinión del Rector de nuestra máxima casa de estudios, lejos de ser una piedra con destinatario, es una invitación a una reflexión, a un análisis más allá del contexto escolar. Es una invitación, creo yo, a reconocer a la educación como un proceso social y como tal, afectada por su circunstancia.
Me decía un maestro que en su escuela un cuarenta por ciento de sus alumnos provenía de familias desintegradas o disfuncionales; otro, que estaban recibiendo alumnos desplazados por la guerra o que habían perdido a algún familiar por la misma. Un maestro de Tamuín me comentaba que ellos pagaban el diesel del autobús que recogía a los alumnos con tal de que fueran a la escuela, porque de lo contrario la iban a cerrar. Algunas trabajadoras sociales de las escuelas organizan colectas de ropa y zapatos para darles a los más necesitados.
Como consecuencia del desempleo, muchos padres de familia han tenido que emigrar al país del norte, dejando a los hijos, en el mejor de los casos, al cuidado de la esposa, o cuando se van los dos, al cuidado de la abuelita o tíos. Muchos de estos muchachos, ante la falta de autoridad, afecto y guía paternos, desatienden sus deberes escolares y, en no pocas veces, son atraídos por delincuentes hacia un mundo de perdición y muerte. Si no lo creen pregunten en Tepito o Cd. Juárez, por ejemplo.
Entonces, el maestro preparado para desarrollar competencias y orientar la búsqueda del conocimiento, destina buena parte de su tiempo a motivar a los desmotivados, animar a los desanimados, a ser paño de lágrimas y confidente, a ser padre y sacerdote.
Todo esto sigue sin considerarse en los diagnósticos. Podremos correr a todos los maestros y traer a maestros de Harvard, disolver el sindicato y meter a la cárcel a su dirigente y nada cambiará. La estabilidad emocional que genera una familia bien integrada, la salud y la alimentación adecuadas, vivir sin el sobresalto de la inseguridad, favorecen indudablemente los resultados escolares y en esto, todos estamos comprometidos.
Ciertamente hay maestros irresponsables, como hay médicos irresponsables, ingenieros irresponsables, policías irresponsables, gobernantes irresponsables, comunicadores irresponsable; pero sé que los más son personas fuertemente comprometidas con su oficio, maestros que dan mucho más por lo que les pagan, profesionales no desprovistos de sentimientos a quienes también les mueve la pobreza extrema de algunos de sus alumnos.
Hay un pueblo en África en la que se afirma que “Para educar un niño hace falta la tribu entera”. Si, algo grave debe estar pasando, para pensar que los resultados de Enlace son resultados de unos pocos.
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