César Cedillo
Cada noche, el bullicio cotidiano da espacio a un concepto donde el talento de 3 músicos se conjuga para crear una atmósfera alucinante, mezclando los sonidos de guitarra, bajo y batería definen el ritmo de “El Nido de la lechuza”, santuario dedicado al rock en los terrenos de la feria.
Sobre el escenario Nacho, Benjamín y Topor se apoderan de la noche, en sus manos está conducir las emociones de los asistentes durante las siguientes horas. Con los primeros acordes queda de manifiesto la calidad del trío, hay un ensamble perfecto entre ellos, 15 años tocando juntos les otorga habilidades pocas veces alcanzadas por otras bandas.
Bajo el nombre de “La Trenza”, este trío de amigos es el emblema principal del bar, su catálogo es amplio, tocan lo mismo a los clásicos en inglés que lo más nuevo del rock en español, pero son sus propios temas los que disfrutan interpretar aún más.
Compositor de casi medio centenar de canciones, Nacho Castillo es el vocalista del grupo, espigado y con look de “rockstar”, su voz es el matiz tradicional del espacio donde se anidan los ímpetus musicales de aquellos que gustan del estridente sonido de las guitarras eléctricas, “mi primer contacto con la música fue seguramente cuando era parte del coro de la iglesia, ya en 1978 me integré al grupo Black Power tocando el bajo, pasé por varias bandas hasta consolidarme aquí, donde ejercemos nuestras propias ideas, la intención es crear más que seguir lo realizado por otros, esa es la ideología de “La Trenza”, así se refleja en las canciones que a través de grandes esfuerzos hemos podido dar a conocer”, así se expresó el autor de “Luz interior”.
De aspecto desenfadado, todos catalogan a Benjamín como un virtuoso, con 3 décadas como guitarrista ha derrochado talento en cada proyecto del cual ha formado parte, se inició en la música versátil con grupos como “Mostaza”, “Supermachos” y “Pau Pau” hasta convertirse en inspiración absoluta para la nueva ola de músicos locales, su ejecución del rock merece calificativos de maestro, “estaba en la secundaria cuando descubrí mi gusto por la música y le pedí a un amigo que me enseñara a tocar, con el tiempo me fui perfeccionando en el instrumento, me convertí en seguidor de otros guitarristas hasta crear mi propio estilo, el rock me apasiona cada vez y en “La Trenza” he encontrado el lugar en el cual quiero expresarme como artista”, abundó el experimentado músico vallense.
Con 28 años de Edad, Topor Ortega ha pasado la mitad de su vida entregado a la batería, era apenas un adolescente cuando Nacho Castillo decidió que él sería integrante de La Trenza, su talento innato fue detectado de inmediato, con el tiempo, está convertido en uno de los músicos más reconocidos de la región, “decidí que sería la batería la manera de expresarme, incluso estudié música para ampliar mi panorama, me interesa crear más de interpretar lo que ya existe, mis compañeros y yo nos reunimos para hablar sobre una nueva canción, todos aportamos ideas y al final el resultado le ha gustado a la gente, la música es mi vida”, refirió.
Abocado completamente a la música, en breve abrirá una escuela especializada en instruir a niños y jóvenes en la ejecución de instrumentos, él por supuesto, se encargará de la batería.
La “tocada” continúa en el bar, el calor aumenta al igual que la venta de cerveza, algunos tragos de cortesía llegan a la banda y son aceptados con una sonrisa, hay muchas peticiones musicales por delante y “La trenza” se dispone a complacer a su público, quienes con un poco de alcohol en la sangre enloquecen con los acordes de este trío de amigos que se convierten en una familia al ejecutar rock & roll de gran calidad.
Hay mucho que decir de “La Trenza”, un grupo que al momento de crear se ha encargado de escribir historias sobre Ciudad Valles y la región, una banda innovadora, con propuesta y con una gran cantidad de proyectos bajo el brazo, de hecho el próximo 28 de octubre preparan su 15 aniversario, oportunidad en la que seguramente el rock definirá una jornada alucinante.
La noche para Benjamín, Nacho y Topor apenas empieza, las felicitaciones por su música continúan y se extenderán hasta muy entrada la madrugada, así son las noche en el Nido, lugar donde se alojan algo más que emociones, sitio en el que se hace culto a la música y en donde “La Trenza” es el apóstol principal.
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