Sábado, 28 de Noviembre de 2020
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 24 de Abril al 30 de Abril de 2020

¿Eres prisionero?

¿Eres prisionero?

Rodolfo del Ángel del Ángel



Unos de los pasajes más intensos del evangelio por su dramatismo es la liberación que Jesús realizó en un hombre habitado por una legión de demonios (Marcos 5:1-20) Este hombre se encontraba sumido en la mas demencial locura, enajenado completamente de los demás y de sí mismo. Andaba desnudo, vivía entre los sepulcros, tenía tal fuerza que despedazaba las cadenas y los grilletes con los que intentaban sujetarle.

Nos dice el texto que de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en lo sepulcros hiriéndose con piedras. El encuentro de Jesús con este hombre no es circunstancial. Estoy seguro que ninguno de nosotros querría acercarse a un hombre así. ¿No es verdad que personas que bien podrían ser los endemoniados de hoy andan por nuestras calles, enfermos mentales y enloquecidos por el alcohol y las drogas? La actitud de Jesús nos resulta incomprensible y desafiante. Atraviesa con los suyos a la otra orilla del mar, para desembarcar en la tierra de los gerasenos, justo donde habitaba el endemoniado. Aquel hombre había sido excluido de la comunidad, de la convivencia de las personas.

Entendemos la razón, sin embargo, llama la atención el hecho de que le había negado la humanidad, se le asociaba con los que no tienen existencia, y con los poseídos. Quienes le conocían había dejado de ver en él algún vestigio de humanidad. Contrariamente Jesús viene para encontrarse no con el loco, el endemoniado, sino con la persona que necesita ser rescatada, que necesita que se le devuelva la humanidad. Detrás de todas esa miseria atemorizante y estrafalaria todavía había una persona y Jesús viene para liberarlo. Los vecinos de la región se sorprenden y atemorizan al ver al ahora ex-endemoniado, vestido, sentado y en su juicio cabal. En nuestros conceptos hay persona que no merecen la pena, en el corazón amoroso de Jesús, nadie pierde su dignidad. Rescatar a uno es rescatar a toda una humanidad extraviada.

Hay varias lecturas que podemos dar a esta narración. Una de ellas es no perder al ser humano concreto detrás de la fachada. Nosotros establecemos categorías: quienes pueden salvarse y quienes no. Para el Señor Jesús no hay casos perdidos. Él esta siempre dispuesto a salvar la distancia, a venir al encuentro de quien vive en las más abrumadora y deshumanizante condición para traer liberación. Tal parece que el Señor Jesús se goza en buscar a quienes menos son buscados, incluso, a aquellos que ya hemos dado por perdidos y están fuera de nuestra vista y de nuestro interés. Jesús nos llama también a salvar la distancia, a ir al encuentro de los que viven prisioneros del dolor, de la desesperanza, agobiados por los demonios que condenan a la miseria, el desamparo, al olvido, a vivir en el abismo de la soledad y la locura.

En realidad, todos tenemos algo de este personaje. Todos hemos luchado con nuestros propios demonios: el miedo, la soledad, el rechazo, el orgullo, el egoísmo, y nuestros propios impulsos que nos llevan a la muerte, o para decirlo de una manera más propia, a estar muertos en vida. El Señor Jesús con su infinito poder y amor, ha venido a ti, para darte verdadera libertad. Ahora no queda más que hacer aquello que Jesús le ordenó a este hombre que había liberado que hiciera: “…Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho el Señor contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. (Marcos 5:19)

 


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