Domingo, 08 de Febrero de 2026
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DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 25 de Abril al 01 de Mayo de 2014

México-Colombiano

México-Colombiano

Víctor Manuel Tovar Glz.



El 17 de Abril del 2014 terminan los cien años de soledad de los Buendía. Los Buendía pueden descansar en paz porque murió la primera criatura procreada en el amor verdadero. Don, este ¡sí! Un verdadero Don, Gabriel García Márquez, el más mexicano de los colombianos o el más hispano-americano del siglo XX, y del XXI, nos ha dicho hasta luego. Macondo; el pueblo que fue testigo de la felicidad, de la tristeza, de la fortuna y de la desdicha en donde dignamente, durante más de cien años, vivieron los Buendía. Hoy calla, llora y solloza por la muerte de su creador.

La prosa de Don Gabriel García Márquez (Gabo) exhibe una gran variedad y riqueza estilísticas. La maestría del Gabotanto en la naturalidad con que cambia de registro de estilo y de expresión al transitar de la trama principal de la novela a las de los relatos de sus reportajes periodísticos o a sus cuentos, como en el manejo de todos los estilos y formas de lenguaje, eso sí, siempre sometidos, no importa qué historia se cuente, al código de buen estilo, caracterizado por la sencillez o aparente naturalidad, uso apropiado del lenguaje, elegancia y claridad conceptual.

En el realismo mágico corriente literaria cultivada por el Gabo, confluyen la influencia del psicoanálisis y del surrealismo europeo, que hacen hincapié en los sueños, el inconsciente y el irracionalismo, y la influencia de las culturas indígenas precolombinas con su tradición de leyendas y mitos en los que se producen hechos fantásticos. Este movimiento surge tras una época imperada por el realismo, regionalismo, indigenismo y literatura de protesta, aunque en las obras de realismo mágico aún perviven ciertas características de estas tendencias anteriores. Por ejemplo, se halla denuncia del imperialismo norteamericano en Cien años de soledad (1967), novela de Gabriel García Márquez, pues aquí nos encontramos con la auténtica y reconocida crónica de la historia contemporánea colombiana a través de las vicisitudes de un conjunto de seres típicos instalados en situaciones típicas.

Cien años de soledad es la obra cumbre del realismo mágico que abarca todos los géneros del arte, pero también es la cumbre de la literatura hispano –Americana del siglo XX, en la que abundan episodios de sin igual belleza como éste:

[...]”Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas habían empezado cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella estaba trasparentada por una palidez intensa.

--¿Te sientes mal? --le preguntó.

Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima. --Al contrario --dijo--, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, casi ciega ya, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Los forasteros, por supuesto, pensaron que Remedios, la bella, había sucumbido por fin a su irrevocable destino de abeja reina, y que su familia trataba de salvar la honra con la patraña de la levitación. Fernanda, mordida por la envidia, terminó por aceptar el prodigio, y durante mucho tiempo siguió rogando a Dios que le devolviera las sábanas”.

En la su literatura, Gabo eleva a la lengua española a alturas solo alcanzadas por Cervantes, el Realismo Mágico es un género en el que el autor combina elementos fantásticos y fabulosos con el mundo real, creando un equilibrio entre una atmósfera mágica y la cotidianidad, quebrantando las fronteras entre lo real y lo irreal, ubicando cada uno de estos en el lugar del otro.

Diferenciándose del uso tradicional de los elementos fantásticos en la literatura, en “Cien años de soledad” Gabo presenta lo real como maravilloso y viceversa, planteando como un suceso común, tanto para el lector como para los personajes de la obra, escenas y hechos fabulosos, mientras que brinda a su vez un carácter fantástico e irreal a actos de la vida común.

En Crónica de una muerte anunciada, en lo personal la obra de García Márquez que más disfruto, el Gabo muestra una acentuada preocupación estilística y el interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común. Su finalidad no es la de suscitar emociones sino más bien expresarlas y es, sobre todas las cosas, una actitud frente a la realidad.Gabriel García Márquez fue un hombre polifacético, periodista, novelista y poeta.

Nuestro México, que recibió a exiliados argentinos, españoles o chilenos en tiempos dictatoriales, se convirtió también en el hogar del nobel México-colombiano Gabriel García Márquez fallecido este jueves santo, quien llegó al país hace más de medio siglo y lo convirtió en cuna de su novela más universal, “Cien años de soledad” (1967).

En aquella época México era “el país soñado al que todos queríamos llegar, el punto de referencia en América Latina al que todos mirábamos desde el sur como el sitio asombroso y bello”, comentó al destacar que para él fue un “refugio creador, un país cuya gente y cultura son una fuente de inspiración”. Aquí realice la lectura de “Pedro Páramo” (1955), la gran novela de Juan Rulfo, a quien considero el padre del realismo mágico, y mi maestro, años antes de que encontrar el hilo que me condujo a “Cien años de soledad. Fue también en 1965 en el sur de México cuando sintió la inspiración definitiva para escribir la novela que relata la historia de la familia Buendía ambientada en el pueblo imaginario de Macondo, donde como se sabe, narra con mágico realismo las desventuras que las compañías bananeras provocaron en su querida Colombia, así como las dichas y alegrías de su pueblo. Todo escrito desde México, la “otra patria distinta” como solía llamarla Gabriel García Márquez a México.

El Gabo llegó a México D.F. en tren a la antigua estación de Buenavista en 1961 después de vivir en Nueva York, con su esposa Mercedes Barcha, su hijo mayor Rodrigo con menos de dos años y con 20 dólares en el bolsillo. Venia solo por ocho días a visitar a su amigo Álvaro Mutis, y la visita se tornó en residencia. Aunque alternó entre varios países, desde entonces convirtió a la ciudad de México en su lugar de residencia principal.Aquí han crecido mis hijos, mi hijo menor es mexicano, aquí nacieron todos mis demás hijos, ¡mis libros!, aquí he sembrado mis árboles”, dijo Gabo al ser condecorado por el gobierno mexicano con la orden del Águila Azteca en octubre de 1982, el año en el que le otorgaron el Nobel de Literatura.

Hoy somos los mexicanos junto a los colombianos quienes estamos de duelo por el fallecimiento de un gran escritor que no nació en nuestro suelo, pero lo escogió y quiso más que algunos otros que hemos tenido la fortuna de nacer en este país. Por petición del propio Gabo, sus cenizas se esparcirán una parte en México y otra en Colombia.

Descanse en paz el gran México- Colombiano

 


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