Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 24 de Enero al 30 de Enero de 2014

Nuestro mayor tesoro

Nuestro mayor tesoro

Rodolfo del Ángel del Ángel



Conozco la historia de un hombre originario del pueblo donde nací. Vivió como un paria, siempre pobre y hambriento, sosteniéndose precariamente de la caridad pública y de la generosidad de sus vecinos. Murió sin que nadie se diera cuenta. No fue hasta que su cuerpo entró en descomposición que los vecinos se vieron obligados a investigar lo que sucedía. Cuando entraron a aquella casucha miserable se llevaron una gran sorpresa: por toda la casa, en frascos de diversos tamaños, había una gran cantidad de dinero en monedas y billetes de todas las denominaciones, ¡Prácticamente, una fortuna! Este hombre, teniendo una gran riqueza a la mano, había vivido una vida miserable.

Desde luego esta historia tiene varias lecturas, pero, lo que más llama la atención, sin duda, es la actitud irracional de este hombre de autocondenarse a una vida inhumana y de pobreza pudiendo vivir de una manera diferente.

¿Cuál es su mayor tesoro en este mundo? La mayoría de nosotros no tenemos una gran cantidad de dinero atesorada, si así fuera nuestros apuros económicos estarían ya resueltos, sin embargo, podemos trasladar esta historia a nuestra condición espiritual. Es verdad que, frecuentemente, nuestra vida cristiana carece de riqueza. Vivimos como parias en términos de fe. Los problemas nos agobian y nos arrebatan el contentamiento, nuestra confianza desfallece frente a las tentaciones y luchas espirituales, estamos vacíos por dentro de tal manera que no tenemos la capacidad ni el gozo de compartir las ricas bendiciones de la salvación con otros que desfallecen espiritualmente, seguimos manifestando actitudes de inmadurez porque debiendo ya de gustar los manjares más deliciosas y sustanciales de la enseñanza cristiana, aún tenemos que contentarnos con las migajas de quienes no han madurado en su carácter cristiano. Lo más terrible de esto es que tenemos un gran tesoro a la mano de inmenso valor: La Biblia. Cuando hablamos del valor de las Escrituras toda otra cosa valiosa en este mundo palidece frente al inestimable tesoro que ellas representan. El salmista dice: que la ley de Dios (su Palabra) es más valiosa que todo oro refinado y más dulce que la miel que destila del panal (Salmo 19:10) ¿Valoramos de esta manera la Biblia y la importancia esencial que ellas tienen para los cristianos?

Dios nos ha dado en su Palabra un medio de valor infinito para nuestro enriquecimiento espiritual. En ella encontramos el evangelio de su gracia, sus promesas, los ejemplos que nos inspiran, las enseñanzas que nos edifican, la luz que ilumina nuestro caminar espiritual. En ellas encontramos a Cristo y a la verdad que él encarna. Una verdad que libera, que reconcilia, que redime, que transforma nuestra vida desde la interioridad misma del corazón. Gracias a Dios porque esa Palabra está accesible, la tenemos en nuestro idioma, al alcance de nuestras manos. Leámosla con seriedad, alimentémonos de ella de manera cotidiana, creamos lo que allí se nos revela, vivamos sus principios, compartamos su mensaje, pues de esta manera seremos enriquecidos y prosperados de manera espiritual extraordinariamente. Sería una gran tragedia que viviéramos y muriéramos en la pobreza y la derrota espiritual teniendo a la mano semejante riqueza, ¿no cree usted?

 


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