Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 14 de Junio al 20 de Junio de 2013

En paz me acostaré

En paz me acostaré

Rodolfo del Ángel del Ángel



No hay imagen que comunique con mayor elocuencia, sencillez y ternura lo que significa seguridad que un bebé descansando plácidamente acunado en los brazos de su madre ¿Qué le puede preocupar a esa criatura tan amorosamente guardada y protegida? Para el no hay pasado, no hay afanes del mañana que puedan ensombrecer su bienestar y holgura. No hay duda, los brazos de mamá son el lugar más seguro del mundo.

No obstante, la ley de la vida es que crezcamos, que aprendamos a pararnos en nuestros propios pies y hagamos frente a la vida con sus oportunidades, alegrías, desafíos, y responsabilidades. Crecer es también aprender a no preocuparse, a no permitir que el afán por lo que pasó, por lo que está ocurriendo y por lo que todavía no sucede llene nuestra mente de ideas negativas y arrebaten la paz de nuestro espíritu.

¡Hace tanto que no conocemos el bienestar! Nos han golpeado dificultades, vivimos en un estado de constante alerta ¡Como quisiéramos a veces, retornar a ese lugar seguro en los brazos de nuestra madre, para olvidarnos del dolor, la preocupación y los temores!

Claro, no podemos volver el tiempo. Pero, hay algo que ciertamente he descubierto en mi caminar con Dios en estos últimos años. Dios nos ama con la fuerza de un padre, y con la ternura de una madre. Me agrada pensar en Dios como una madre que me acurruca en sus brazos, susurra a mi oído una canción de cuna, me alimenta y calma mis afanes.

No, no se trata de huir de la vida, sino de aprender a encontrar paz en los momentos difíciles, a tener la confianza y la certeza de que hay una presencia constante en mi vida en la cual puedo encontrar bienestar, seguridad y sustento. Esa presencia que me ayuda a sentir que no estoy perdido y recuperar esa sensación de calma y confianza.

Si, cuando el bienestar ha huido de mí, cuando en mi pensamiento se instalan nuevamente los negros nubarrones de la incertidumbre y mi corazón se duelen, puedo encontrar en Dios ese refugio constante que con infinita ternura me hace saber que todo está bien porque estoy acunado en sus brazos eternos de amor. Es entonces que, sencillamente me entrego al reposo con una oración de confianza en mis labios: "En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado." (Salmo 4:8).

 


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