Alejandro Zapata Perogordo
La Cámara de Diputados, pese a las quinielas en contrario, hizo su trabajo y cumplió.
En no pocas ocasiones cuando la Cámara baja debía resolver algún asunto, muchos ciudadanos comenzaban a inquietarse, pues entre el laberinto de las discusiones y los enfrentamientos entre los legisladores salían verdaderos bodrios por leyes.
Debo reconocer, ahora que tuvieron el compromiso de la reforma laboral, se atendió con responsabilidad. El demerito y desprestigio que tiene la Cámara de Diputados -ganada a pulso-, hoy podríamos decir que comienza a lavar la cara, al superar el desafío que le fue impuesto.
En efecto, el tema laboral no es un producto de los acuerdos parlamentarios, sino que proviene de la prerrogativa presidencial al hacer uso de la facultad que le concede la constitución de iniciativa preferente.
En particular existían dos retos: el primero, añejo y necesario, pero ya prácticamente impostergable, de modificar la anacrónica legislación del trabajo, para facilitar la creación de empleos.
En consecuencia se ha convertido en una necesidad nacional y por lo tanto es urgente para el país. En tanto que el segundo punto se contrae a aspectos ideológicos, con evidentes resistencias, pues se encuentra el tema de la productividad íntimamente ligado a las políticas económicas.
Superar los desafíos y construir mayorías para sacar adelante la reforma en el plazo de treinta días, no debió ser sencillo, más aun, cuando no ha sido superficial, trae sustancia y eso es lo más trascendente. Sin tocar el fondo de las modificaciones -que son importantes-, lo destacable en este caso, es el mecanismo utilizado por primera ocasión, de "iniciativa preferente", cuya parte central consiste en la determinación de los tiempos, seguramente sin ello seguirían las interminables discusiones.
La cuestión es ¿cómo se logra avanzar?, ya que en el caso concreto se presentaron una serie de variables y se concluyo con éxito.
La ventana de oportunidad entre una administración saliente que podía correr los riesgos y la entrante que está en posibilidad de capitalizar los beneficios, era una tentación que se aprovecho.
La izquierda bajo momentos de reacomodos, entre progresistas moderados y radicales duros, siendo uno de sus temas el sindicalismo, atemperó sus posturas. También los coordinadores parlamentarios, que no son nuevos, más bien personas experimentadas, con oficio y convencidos que le hacían -como es-, un bien a México, dio como resultado la satisfacción del deber cumplido.
Quizás ese sea el camino para obtener un mayor dinamismo en aquellas reformas estructurales que necesitamos y se encuentran pendientes de atender.
El punto central es la evaluación de nuestro sistema político; si bajo las reglas que nos hemos impuesto, funciona nuestra democracia.
Hemos transitado por muchos caminos, llenos de encuentros y desencuentros, sin embargo, cuando existe la voluntad y abrimos las puertas del entendimiento, podemos observar la dimensión que implica caminar hacia un orden social más justo y eficiente.
Solo espero que no haya sido una llamarada de petate, menos aun que piensen estar de acuerdo siempre en todo, simplemente que estén dispuestos a expresar sus ideas y abiertos para escuchar las del adversario -que pueden ser mejores-, que asuman su compromiso a cabalidad y desarrollen su actividad con responsabilidad.
La Cámara hizo lo suyo, enhorabuena para México.
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