Víctor Manuel Tovar González
El Japón, no posee minas, ni petróleo, ni grandes zonas agrícolas, sin embargo son la tercera potencia económica del planeta. ¿En que radica la riqueza del Japón? ...en los japoneses, es decir su capital más valioso no es aquello con que la naturaleza los dotó, sino capital acumulado a lo largo de muchos años.
A principios del siglo XX, Japón sorprendió al mundo cuando en 1905 derrotaron al ejército zarista, pero no como una casualidad, sino con una armada de lo más moderna para su época. Japón irrumpe en el siglo XX como una gran potencia económica, pero algo muy importante, con japoneses ricos, y no me refiero a unos cuantos sino al grueso de su población.
En los días últimos el ejecutivo federal salió a los medios a presumir de la gran reserva acumulada de unos 120 mil millones de Dólares, cantidad que es inimaginable para cualesquiera de nosotros, si esa gran cantidad la tenemos guardada en la reserva se la nación (dije la tenemos porque es de Ud., mía y de todos los mexicanos), es obvio que somos un país rico, ya que el ahorro es la diferencia entre lo que se gasta y lo que se gana, y sí mucho ahorramos entonces somos ricos. El país sí lo es pero no la mayoría de los mexicanos, porque a diferencia del Japón, en México se distribuye muy mal el ingreso; existen pocos ricos, entre ellos el más rico del mundo, una escasa clase media que se reduce más cada año y 50 millones de pobres.
Pero ¿Qué hemos hecho mal? ¿No hemos atendido los reclamos del presidente de efectuar las reformas que él considera necesarias? La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), dio a conocer un informe que establece que en los últimos años en el 75% de los Estados miembros aumentó la brecha entre ricos y pobres. México es el más desigual de todos.
El informe denominado “¿Creciendo en la desigualdad?”, sostiene que el México es el líder en nivel de pobreza y desigualdad de ingreso, a pesar de que en los últimos años dichos porcentajes descendieron (bravo ya somos campeones mundiales en algo).
Precisamente, el informe afirma: “La desigualdad del ingreso de los hogares disminuyó más que en cualquier otro país de la OCDE durante los últimos diez años. Sin embargo, la diferencia de ingresos en México es “1.5 veces superior a la media de países de la OCDE”, en tanto que la pobreza infantil roza el 22,2%.
Además de México, Turquía y Portugal también figuran en la lista como los países más desiguales del total de 30 que integran la organización. Según los datos del informe, en los países desarrollados la brecha entre ricos y pobres se ha suavizado debido a la intervención estatal. En este sentido, el documento sostiene: “Los gobiernos han aumentado el gasto para compensar la tendencia hacia una mayor desigualdad. Ahora gastan más en políticas sociales que en cualquier otro momento de la historia”.
Hay tres variables básicas, que son cruciales para el fenómeno de la convergencia económica. La primera, es el nivel de escolaridad que existe (se entiende porque no podemos formar capital humano como en Japón); la segunda, es la composición más o menos agrícola de la estructura productiva de cada región; y la tercera es la provisión de infraestructura básica que permita superar las barreras geográficas al comercio y con ello mejorar las perspectivas de inserción y desarrollo de las regiones más apartadas. Estas tres variables tienden a reforzar las inequidades existentes antes que ayudar a atenuarlas, el reto es revertir el proceso para estimular la convergencia económica y social entre estados (curiosamente el estado mexicano ha dejado de gastar en estos rubros).
La pobreza y la desigualdad son signos que caracterizan a México. La desigualdad es una consecuencia de la pobreza, toda vez que esta es causada por la ausencia de capacidades básicas: nutrición, salud, educación y vivienda adecuada. Sólo enfrentando el problema de la pobreza se podrá atenuar, el de la desigualdad. La pobreza es falta de capacidades básicas que permitan al individuo aumentar sus niveles de ingreso y consumo.
Es necesario, por una parte, estimular el crecimiento económico apoyando a la micro y pequeña empresa (la que mayor empleo genera) en la obtención de financiamiento para proyectos rentables, así como dotar de infraestructura y equipamiento urbano a las ciudades para que se constituyan en atractivas de empresas y de inversión; dar certidumbre económica es uno de los retos a vencer en el futuro garantizando el progreso de las empresas y por ende, la creación de empleos, a la par que se promueve la capacitación de la población para que se desempeñe eficientemente en actividades productivas y de trabajo; la capacitación por sí misma, es necesaria en la consecución de objetivos que apuntan a la posibilidad de que los jefes de familia obtengan un mayor ingreso y tengan por delante un futuro de mayor certidumbre.
Es necesario, que la factibilidad y pertinencia de los programas de apoyo a la producción sea revisada. Sin duda, la existencia de estos programas es legítima, pero debe analizarse hasta qué punto estos subprogramas pertenecen a un programa de superación de la pobreza basado en la adquisición y fortalecimiento de capacidades básicas. El México actual y futuro requiere y merece individuos capaces que fortalezcan a la sociedad aportando su creatividad y trabajo, y ejerciendo su libertad de opción y de participación en los sistemas económico y político.
Parece cada vez más evidente que las políticas de los gobiernos en México no logran modificar la situación de precariedad, inseguridad y fragilidad en que viven millones de habitantes urbanos y aquellos que aún permanecen en áreas rurales. Se puede afirmar que existen personas atrapadas en una trampa de desigualdad que se relaciona con el sexo, el origen étnico, la clase social y el lugar de nacimiento, cuestiones que determinan las oportunidades para mejorar las capacidades y acceder a recursos e ingresos en el curso de la vida. La idea de que «origen es destino» parece cumplirse en un país que sigue profesando un racismo disfrazado, un machismo reforzado por posiciones conservadoras, un clasismo decimonónico y una corrupción endémica.
Mientras se sigue solazando con nuestro primer lugar.
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