Víctor Manuel Tovar González
Por su etimología, ideología es el tratado o estudio de las ideas. Empero, desde el punto de vista político, es el conjunto de ideas propias de un grupo político. Así, una doctrina o ideología política representa tres elementos fundamentales: Primero, representa el diagnóstico o análisis crítico del presente y del pasado de una sociedad determinada. Es la preocupación por la situación que enfrenta una sociedad o país, desde una perspectiva histórica. Es la capacidad del hombre o la mujer para analizar y criticar su situación actual, partiendo de las causas originales.
Segundo, representa el programa para un futuro mejor, o sea, los remedios para corregir los problemas que aquejan a una sociedad. Es el proyecto para transformar la situación actual en una ideal o mejor.
Tercero, representa el método de acción mediante el cual se efectúa el proceso entre la situación actual y el futuro deseado. Es la estrategia, la táctica y la acción a través de las cuales se ha de alcanzar la situación ideal o mejor.
En ese sentido, hemos de asumir que todo partido político o movimiento de acción social tienen una ideología que los orienta y que los diferencia de otros partidos o de otros movimientos. De ahí que, si todos tuviéramos la misma ideología, es decir, la misma conciencia de la realidad, no existirían los partidos políticos ni los movimientos sociales, porque todos tendríamos la misma cosmovisión. Pero, como no es así, por esa razón existen los partidos políticos y los movimientos de acción social, como expresión específica para la defensa de grupos o sectores sociales concretos.
Bajo estos criterios, Ud. Cree que nuestros políticos tienen la más vaga idea de lo que significa tener ideología. Y no me voy a referir a los de talla nacional, de esos se ocupan los comentaristas nacionales. Yo me voy a ocupar de nuestros políticos locales, los cuales al igual que los nacionales brincan de un partido a otro sin importar; tesis, doctrina o militancia en algún partido político, importando solo la obtención del poder. Es decir la política dejo de ser una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en de la cual una sociedad libre, compuesta por mujeres y hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común, para convertirse en la cueva de Alibaba, habitada por una pandilla de ladrones.
Ahora bien amigo de EMSAVALLES, si ojea la prensa local de la semana pasada, leerá Ud. que el Prof. César González, amenaza con que de no ser candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se arropará con las siglas y estandartes del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Tal parece que los “Amarillos” no aprendieron nada del caso “Iguala”. Recuerden señores perredistas que en Guerrero cacharon un prófugo del PRI, que una hora antes del registro todavía era Senador del PRI, y que nunca gobernó conforme a los postulados del PRD, sino más bien siempre de acuerdo con su compadre el actual Presidente de la República, y que este gobernador de nombre Ángel Heladio Rivero impuso a otro compadre suyo y también como don Angelito, tránsfuga del PRI un tal Abarca como Presidente Municipal de Iguala con los consabidos resultados.
Yo le recomendaría a Don Guadalupe Arteaga Líder municipal del PRD, que no pierda la vertical. O apoco cree que César González, va a responder a los principios del PRD, o que su verdadero patrón va a dejar de ser Juan José. O que lo corrupto se le va a quitar con solo arroparse en la amarilla bandera perredista.
Urge recomponer el espectro de las militancias partidistas, porque a querer o no de estas organizaciones saldrán nuestros gobernantes. Requerimos partidos, con significado. En que los esfuerzos individuales rindan frutos y aporten a un esfuerzo colectivo por la construcción de un mundo mejor para cada persona, su familia, sus seres queridos, la sociedad, el país y el planeta en general. A personas que entiendan que el sistema, el mercado y la economía son la suma de nuestras acciones, es decir, que su resultado es el reflejo de lo que somos nosotros, por lo que si no partimos por cambiar nosotros como personas, las cosas no van a cambiar.
Por lo mismo, los partidos, deben ser organizaciones que no segreguen ni separen entre buenos y malos, (es decir, entre los sumisos al poder y los que no) que no genera odios ni monstruos ficticios, sino que se preocupe de ser siempre de proposición y nunca de oposición, que entiende que la verdadera revolución es intentar mejorar uno mismo para que otros también lo hagan, es decir, que el cambio parte por ti, pero también los partidos deben reconocer que no todos tienen las herramientas para cambiar o empoderarse hoy mismo, por lo que los partidos, tiene que poner a los niños, a los pobres y a los débiles en el centro de su quehacer político, para que así, todos los agentes más vulnerables que no tienen la fuerza o los recursos para ser escuchados, sean el principal foco de atención de cualquier política que se lleve a cabo.
Porque no puede ser que los beneficios de las políticas públicas recaigan como siempre sobre los que tienen más poder o sobre los que gritan más fuerte, sino que tienen que recaer sobre los que más lo necesitan y en ese sentido, los políticos, tienen que tener un fuerte compromiso con la educación y el desarrollo de los niños, para que desde el primer minuto, los más jóvenes tengan acceso a una educación que forme ciudadanos conscientes, virtuosos y empoderados, que les permita desarrollar al máximo sus talentos (cualesquiera sean éstos) y que los comprometa a cumplir alegremente con sus deberes cívicos, como así también a exigir sus derechos de manera informada, respetuosa, constructiva y participando activamente de la democracia, entendiendo que la expresión y demanda de nuestros deseos debe seguir siempre una vía pacífica y justa, que puede tomar muchas formas, pero que tiene en el voto su máxima expresión.
En ese sentido, tenemos que fomentar y transparentar al máximo la participación democrática, para que sea a través de ella y no a través de mecanismos ilegítimos de presión, la forma en que se tomen las decisiones en el país y así, a través de una participación activa, que busque ser más inclusiva, dándole mayor independencia a las regiones, a las comunidades o a los agentes afectados por cada decisión política, aumente la convocatoria y nos permita sentirnos orgullos y confiados de nuestra política.
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