Simón Vargas Aguilar
En el informe El estado mundial de la infancia 2014, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) hace hincapié en las desigualdades que persisten en la niñez, a pesar de los avances obtenidos en los últimos años, así como en la necesidad de contar con estadísticas fiables que “hacen posible salvar y mejorar las vidas de millones de niños”. Al respecto, Tessa Wardlaw, encargada de la sección de Datos y Análisis de UNICEF, señala que “sólo a través de información estadística podremos hacer progresos si sabemos cuáles son los niños más desatendidos, dónde están sin ir a la escuela, dónde hay enfermedades descontroladas o en qué lugares faltan las medidas sanitarias más básicas”.
Por ello, UNICEF urge a que los Estados incrementen el esfuerzo y la innovación para identificar y solucionar las carencias que impiden disfrutar de sus derechos a los niños. Actualmente, en el mundo hay cerca de 2 mil 200 millones de infantes, lo cual representa el 36 por ciento de la población.
Sin embargo, no toda la población infantil tiene acceso a las mismas oportunidades ya que depende de la riqueza de sus países, de su género, de su pertenencia a una familia de clase alta o una de clase baja, de la zona donde viven, así como de la riqueza o pobreza de sus barrios y lugares de residencia. Esto a pesar, de que la Convención sobre los Derechos del Niño establece: la no discriminación; el interés superior del niño; el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo; y el respeto por las opiniones del niño.
Pero, la realidad es que 1 de cada 4 niños vive en situación de pobreza extrema, en el seno de familias que ganan menos de un dólar al día.
De los 18 mil niños que cada día fallecen en el mundo, un porcentaje desproporcionado lo hace en lugares que no cuentan con suficientes servicios a causa de la pobreza; aunado a que los niños más pobres del mundo tienen 2.7 veces menos posibilidades que los ricos de contar con la presencia de un profesional calificado al nacer.
Asimismo, el 15 por ciento de los niños ejercen trabajos que les impiden su derecho a la protección de la explotación económica e infringe el de jugar y aprender.
Mientras que el 11 por ciento de las niñas son obligadas a casarse antes de los 15 años, lo cual repercute en su derecho a la salud, educación y protección. Además, UNICEF señala que el derecho a no sufrir castigos crueles y degradantes es violado cuando el niño está sujeto a una disciplina violenta en la familia o en la escuela.
En México, la población infantil representa el 37 por ciento de la población; aproximadamente 40 millones de habitantes; de los cuáles -según Isabel Maria Crowley, representante en México de UNICEF- 23 millones viven en pobreza, de los cuáles 13 millones enfrentan condiciones de pobreza absoluta, lo cual impide que los niños y adolescentes puedan desarrollarse.
En concordancia, la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) indica que “ante la falta de articulación de programas gubernamentales de atención a la primera infancia, México podría estar alentando la pobreza y la desigualdad”, ya que “las estrategias gubernamentales se caracterizan por ser aisladas, paternalistas y con capacidades limitadas para atender a la infancia”.
Y es que, sumado a la pobreza, otro de los principales desafíos es controlar el aumento del sobrepeso y la obesidad en la población infantil, ya que de acuerdo con UNICEF, México mantiene la tasa más alta de desnutrición infantil entre las naciones de la OCDE.
En el rubro de educación; datos censales de 2010 del INEGI señalan que 45 por ciento de los niños de 3 a 5 años cuentan con algún grado de preescolar y únicamente el 3.6 por ciento del grupo comprendido entre los 8 a 14 años no ha desarrollado la habilidad de la lectoescritura. Al interior del país esto es un problema estructural ya que 62.4 por ciento de los niños de 8 a 14 años que no cuentan con la habilidad lectoescritura residen en los municipios de muy alta, alta y mediana marginación.
Además, UNICEF señala que “entre las violaciones más generalizadas a los derechos de la infancia están las condiciones de vida inadecuadas: carecer de una vivienda decente y segura, así como de sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento”.
En nuestro país, la carencia por espacio en la vivienda es la más común (30.9 por ciento de los niños habita en un lugar con hacinamiento de 2.5 o más personas), seguida por quienes residen en viviendas con piso de tierra (7.1 por ciento); en viviendas con techos de lámina o cartón (3.1 por ciento), y quienes viven en lugar hecho de palma, asbesto o carrizo (1.8).
Ante este complejo panorama, el Estado y la sociedad civil tenemos la tarea de invertir en la infancia y en la protección de sus derechos; debemos construir políticas públicas bajo un enfoque integral y progresivo que las posicionen en la agenda nacional, ya que nuestros niños son la base del futuro, “la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices” (Albert Einstein).
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