José Manuel Arredondo Ramírez
En estas fechas en que la navidad llega a su fin y da paso a la Epifanía del Señor o mejor conocida de manera popular como el día de “Los Reyes Magos”, nuestra sociedad nuevamente hace hasta lo imposible por comprar algún detalle que le permita manifestar su afecto o cariño a cada uno de los pequeños de la casa.
Recordemos un poco como son nuestras “partidas de rosca”, ¿qué pasa por nuestra mente en ese momento? ¿Apoco no deseamos que no nos salga el “muñequito” o el “monito” como le decimos, pues seguramente tendremos que pagar los tamales?.
Si comparamos este pequeño ejemplo anterior, ¿qué tanto se parece a nuestras vidas en donde no queremos que nos pase algo y nos pasa? Deseamos tanto y nos sucede lo contrario, deseamos encontrar ese trabajo perfecto, en donde tengamos que hacer el mínimo esfuerzo y que nos paguen bien, pero es un trabajo tedioso, mal pagado y con los peores compañeros de trabajo. Deseamos que ese ser querido tenga salud y siempre esté a nuestro lado y vemos que enferma más y al final parte de este mundo. Deseamos sacarnos esa lotería, que será el “remedio” a todos nuestros males y seguro seremos más felices. Deseamos ese coche del “año” o ya ni tan del año, pero al menos que sea de modelo reciente, pero no salimos del autobús urbano o de nuestra “carcachita”. Deseamos tener a ese hombre o mujer perfectos a nuestro lado y vemos que la realidad es muy diferente. Deseamos tener a esos hijos “modelos” o inventamos que los tenemos, pero honestamente no lo son, pues nos dan dolores de cabeza todos los días. Deseamos tener una “figura” escultural, pero al vernos al espejo estamos como “chorizo mal amarrado”. Deseamos, deseamos, deseamos… y seguimos deseando infinidad de cosas y de situaciones.
La mayoría de nuestra vida, pareciera que se convierte en deseos, deseos por aquí y por allá, en los cumpleaños, cuando apagamos las velitas del pastel; pedimos deseos. En las fiestas de año nuevo, repartimos buenos deseos, si nos damos cuenta, nuestra vida se resume en DESEOS.
Pues bien, este día de la celebración no de la “Rosca de Reyes”, sino más bien de la “Epifanía del Señor”, en donde esos Reyes Magos venidos de Oriente y al seguir esa estrella que los guía hasta donde está el niño Jesús, te invito y me invito a seguir el ejemplo de esos Reyes, que ofrecen lo mejor de ellos mismos. Ofrezcamos lo mejor de nosotros, eso más valioso que tenemos y seguramente no es oro, incienso o mirra, pero si buenas actitudes, buenos modales, buenos sentimientos, en una palabra personas integras comprometidas con la vocación a la cual cada uno fue llamado y que nadie más podrá hacer y cumplir en esta vida.
Por eso, que mejor que en un día tan especial, no por el regalo o las roscas de pan, sino más bien, por ese ejemplo que debemos seguir y dejar a un lado a los “Herodes” que simbolizan la apatía, corrupción, desánimo, envidia, pereza, comodidad, egoísmo, gula, avaricia, ira, soberbia, y que no nos permiten ser más humanos y sensibles a la realidad que experimentamos en nuestros días con los más próximos.
Así pues, que no sea un día como cualquier otro, en donde repartimos solo buenos deseos o deseamos cosas casi imposibles, que nuestro firme proyecto y propósito en este año sea el de una mejor sociedad y una mejor familia, para tener así mejores ciudadanos y personas comprometidas con el bien común.
Estupenda semana y que sea un año 2014 lleno de cosas buenas.
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