Redunda en la restricción de sus libertades y en el ejercicio de sus derechos
Las cifras reveladas por el INEGI en el 2008, no distan mucho de las actuales
Los índices de desigualdad en cuanto a oportunidades, además de la violencia ejercida contra las mujeres, no han variado mucho en los últimos cincos años, basta con echarle un vistazo a las cifras actuales y compararlas con las que se reportaban en 2008, difundidas por el INEGI en la publicación "Las mujeres en San Luis Potosí. Estadísticas sobre desigualdad de género y violencia contra las mujeres", pues de acuerdo a ese minucioso estudio, las féminas han tenido un trato asimétrico que redunda en la restricción de sus libertades y en el ejercicio de sus derechos.
Las cifras recopiladas en aquel entonces no han variado mucho, y para muestra hay que precisar datos, como la tasa de alfabetización que era de 88.9% para las mujeres y de 92.1% para los hombres; la tasa de matriculación (de primaria a licenciatura) era para las mujeres de 64.8% y para hombres es de 66.2%, pero la diferencia más marcada era en cuanto a ingresos por el trabajo, pues las mujeres ganaban en promedio 3,858 dólares, mientras que los hombres 10,175 lo que significaba que ellas ganaban alrededor del 38% de lo que ganaban los hombres. En conjunto, estos indicadores sintetizados en el Índice de Desarrollo relativo al Género (IDG) colocaban a la entidad en el lugar número 20 en el país, apenas por arriba de Tabasco y Guanajuato.
Por otra parte, uno de cada cinco hogares era comandado por una mujer, y en los últimos cinco años la jefatura femenina había aumentado de 19% a 21.5%; además, 2.9% de las mujeres estaban separadas y 0.7% divorciadas. Por cada cien matrimonios había 13.8 divorcios en las áreas urbanas. Del porcentaje de divorcios solicitados por las mujeres de la entidad, el 85.2% correspondían a abandono de hogar.
En cuanto a la educación básica, la tasa de asistencia a la escuela era entre la población de 6 a 12 años para las niñas de 97.2% y para los niños de 97.0%; en educación media y superior el porcentaje de mujeres fue de 51.9% y de 50.8% de hombres. Entre la población adulta, los rezagos educativos eran más marcados para las mujeres: 11.0% de las mujeres de 15 años y más era analfabeta, mientras que la cifra correspondiente para los hombres era de 8.7%. Alrededor de 13.6% de las mujeres de 15 años y más reportó haber sido víctima de algún tipo de violencia por razones de género, en el ámbito educativo.
En participación económica la tasa femenina era de 39.2%, de entre los 20 y los 59 años; la tasa de desocupación era de 2.3% para las mujeres y de 2.5% para los hombres. Las mujeres seguían realizando la mayor parte del trabajo no remunerado, tanto para el mercado, como el de las actividades domésticas. El 13.4% de la población ocupada femenina no recibía ingresos por su trabajo, en contraste con 7.9% de los hombres.
Las asimetrías en el mercado de trabajo también solían revelarse en la discriminación salarial: las mujeres profesionistas ocupadas en actividades para el mercado ganaban en promedio 54.4 pesos por hora mientras que los hombres ganan 64.6 pesos por hora, además las mujeres que participan en la actividad económica tenían una sobre jornada de trabajo total promedio de 14.0 horas más que la masculina.
En el ámbito de la participación política en los municipios era sumamente escasa: apenas 5.2% de las presidencias eran ocupadas por mujeres; alrededor de 34.9% de las mujeres eran regidoras y 12.5% síndicas. El Congreso era constituido por un 25.9% de mujeres diputadas.
En cuanto a la violencia, el porcentaje de mujeres de 15 años y más, casadas o unidas, que sufrió al menos un incidente de violencia por parte de su pareja fue de 36.4%; la violencia conyugal era más alta en las zonas urbanas (40.7%) que en las zonas rurales (28.7%); la violencia emocional contra las mujeres se presentó en un 29.3%, la económica fue de 20.6%, la física de 9.0% y la sexual de 4.6%. La violencia física era más elevada en el ámbito urbano (9.4%) que en el rural (8.2%); por su parte la violencia sexual era similar en los dos zonas (4.6% y 4.5%).
Del total de mujeres de 15 años y más que declaró sufrir violencia, el 93.1% padeció algún tipo de intimidación en el ámbito de su comunidad y 40.6% padeció abuso sexual. Las mujeres separadas o divorciadas declaraban mayor incidencia de violencia ejercida por sus parejas: 86.4% fue víctima de actos violentos; 60.5% padecían violencia física y 29.5% violencia sexual, cifras más elevadas que las que declaraban las mujeres unidas.
La misma encuesta mostraba que 38.8% de las mujeres divorciadas y separadas que sufrían violencia por parte de su pareja durante su relación, continuaron padeciéndola después de la ruptura conyugal; 17.7% de estas mujeres señaló haber sido víctima de violencia física, y 5.3% de violencia sexual aún cuando se habían separado.
Estas cifras no son muy distantes de las que se registran en la actualidad, como lo han reiterado en infinidad de ocasiones las instancias gubernamentales estatales y municipales dedicas a la atención de la mujer.
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