Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 12 de Julio al 18 de Julio de 2013

El agua, la eterna amenaza de Ciudad Valles

El agua, la eterna amenaza de Ciudad Valles

Ciro Torres Rodríguez



*El río Valles, fuente de Vida y de muerte.
*La ausencia de planeación incrementa los riesgos.
*Ni Atlas de Riesgo actualizado tenemos.
*¡Aguas! Cualquier día de estos nos alcanza el diluvio.


El centro urbano de Ciudad Valles, poblado desde tiempos inmemoriales por naturales huastecos, y luego ocupado por conquistadores españoles comandados Nuño Beltrán de Guzmán en el año de 1533 en la orilla del río afluente tributario del Tampaón, de esta manera tiene garantizado el abasto de agua dulce que le da vida, pero paradójicamente es amenaza periódica de devastación y muerte.

Desde principios del Siglo XX cuando comenzaron a poblarse áreas aledañas al centro urbano, no se tomaron providencias para evitar riesgos hidrometeorológicos y se construyeron viviendas e instalaciones domésticas y de equipamiento urbano en partes bajas que han sufrido, desde entonces graves inundaciones.

Se guardan registros históricos donde destacan por el alcance de devastación las inundaciones de 1933, 1951, 1955 y 1976, aunque habrá quienes añadan a este funesto recuento, desastres posteriores, como los del 9 julio de 2008 y el del 2 de julio de 2011.

En la colonia Juárez, sector del lado poniente de la ciudad, a sabiendas de que en temporadas de lluvias y extraordinarias avenidas del río, el nivel fluvial se eleva por encima de sus casas, a mediados del siglo XIX idearon un curioso mecanismo de alarmas, comisionando entre los vecinos a voluntarios que vigilaban durante las noches cuando llovía torrencialmente y avisaban haciendo sonar un cuerno de res que emitía un lúgubre llamado a ponerse a salvo de las furiosas aguas.

Don Eusebio Acosta Zamora quien en su juventud había sido botero, en septiembre de 1955 aceptó la comisión de vigilante para advertir a sus familiares y vecinos, que el río crecía peligrosamente como consecuencia de los torrenciales aguaceros provocados por los huracanes Gladys e Hilda que azotaron la región en menos de una semana.

Huelga citar que las aguas provocaron que cientos de familias abandonaran sus casas para refugiarse en sitios más altos y más seguros, generando una problemática que como siempre resolvía la población en general con acciones solidarias más allá de la convocatoria y participación gubernamental.

En 1976, comenzó a llover desde la primera semana de julio, sin embargo fue hasta la noche del 11 y amanecer del 12 cuando los 200 milímetros de lluvia que cayeron en menos de cuatro horas, provocaron la inundación de las colonias Tetúan, Cuauhtémoc, Hidalgo, Cerillera, Márquez, Estación, así como sectores que comenzaban a poblarse como la fracción La Diana que entonces incluía lo que ahora es el fraccionamiento Praderas del Río al norponiente de la ciudad.

El gobierno municipal de ese entonces, presidido por Leonardo Zúñiga Azuara atendió lo mejor que pudo a los damnificados y, el Cabildo acordó poner fin a la problemática en la zona baja más cercana a la plaza principal, y comisionaron al regidor Rafael Piña González para reubicar a los damnificados en un predio en el norte de la ciudad, creándose la colonia 12 de Julio. Apoyó las acciones de auxilio el Gral. Luis Molina Cervantes, Comandante del 5º. Regimiento de Caballería acantonado en la ciudad.

La medida bien intencionada, pero incompleta dio lugar a un nuevo asentamiento suburbano al que luego se le dotó de servicios, pero que no fue suficiente para arraigar a los damnificados que paulatinamente regresaron a sus anteriores sitios, luego de enajenar los lotes que les donó al gobierno municipal.

Justamente este viernes se cumplen 37 años de un tibio intento por despejar de viviendas las zonas bajas urbanas, para prevenir daños domésticos y riesgos a sus moradores.

Ahora que por falta de planeación urbana, por complacencia o complicidad de las autoridades con ambiciosos y deshonestos fraccionadores, se han taponado cauces pluviales naturales y se han construido desarrollos habitacionales en zonas de inminente riesgo en varios sectores de la periferia de la ciudad, la amenaza hídrica se cierne con mayor envergadura sobre la inerme población, en su mayoría de escasos recursos. ¡Dios nos guarde!

 


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