Víctor Manuel Tovar González
¿Queremos que baje el precio de la gasolina? ¿Es posible? ¿Le conviene al país en estos momentos? Estas son las preguntas que más nos inquietan a los mexicanos en estos primeros días del año, ante los gasolinazos.
Pero. ¿Por qué sube el precio? Mire Ud. Las cifras, del 4 de enero del 2012. En esas fechas, el importe a abonar para la gasolina Magna sería de $9.92 pesos y el diésel costó $10.18 pesos, mientras que la gasolina Premium, con menor cantidad de plomo, se ubicó en los 10.69 pesos. Para diciembre del 2012, los precios de las gasolinas fueron: Gasolina Magna: $10.81 el litro, Gasolina Premium: $11.37 el litro Diésel: $11.17 el litro, es decir Ud. Amigo lector paga $.89 pesos más por la gasolina magna (la más usada) en Dic. Del 2012 que en enero del mismo año, y no contamos el ultimo gasolinazo de Enero del 2013 porque entonces el incremento de lo que Ud. paga será de $1.00 pesos en solo un año.
El gobierno Federal y muchos analistas están a favor de este incremento, y estos son algunos de sus principales argumentos; la necesidad de un subsidio surge porque México produce únicamente la mitad aproximadamente de la gasolina que consume, y por lo tanto se ve obligado a importar el resto de los Estados Unidos, donde ésta tiene un costo mayor. Hasta ahora, el gobierno ha optado por no cobrar el precio real de la gasolina al consumidor y, por el contrario, subsidiarla. Esto quiere decir que el gobierno cubre la diferencia entre los precios de importación y el precio al público, con los impuestos que recauda.
La política de deslizamientos (incremento en el precio de la gasolina -incrementos ligeros pero periódicos) que el Gobierno Federal ha llevado a cabo, tiene como objetivo aproximar poco a poco el precio que los mexicanos pagamos por un litro del combustible al precio real de importarlo, reduciendo así el monto del subsidio. En los últimos cinco años, en promedio, la gasolina ha sido 11.31% más cara en Estados Unidos que en México, esto genera una carga financiera importante. Tan sólo en el 2011, el subsidio a la gasolina costo a las arcas públicas entre 100 y 130 mil millones de pesos. Esta cifra equivale a cuatro veces el presupuesto de la UNAM, o al presupuesto del Seguro Popular y del Programa Oportunidades juntos estos últimos.
Algunos organismos internacionales como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), FMI (Fondo Monetario Internacional) aprueban dicha medida porque al liberar la carga presupuestal del subsidio a la gasolina se tendría mayor apoyo a otros rubros como lo son salud, educación o transferirlo hacia el apoyo del campo, este tema es muy debatido por las discrepancias que existen con los que están a favor o en contra del llamado gasolinazo, aun sabiendo que las personas más vulnerables son clase media y baja, de tal forma que al disminuir el subsidio hacia los combustibles fósiles por parte del Gobierno Federal impacta en la sociedad, debido a que este subsidio generalmente afecta a los consumidores de bienes y servicios, no tanto al productor, debido a que traslada el costo a los productos que oferta compensando con ello esta erogación adicional en la producción y este incremento en los bienes de consumo, he aquí el quid del asunto, o se mantiene el subsidio y se beneficia al consumo de las clases medias y bajas, o se dispone de más recursos para el gasto social que también está dirigido a los marginales del país.
También apoyan esta política pública, la Secretaría de Hacienda que opina, que este subsidio solo beneficia el poder de compra de algunas familias, pues tan sólo en el país el 30% de la población que gana más y concentra el 53.2% del subsidio, quedando solo tres deciles (Deciles son los diez valores que dividen una serie de datos en diez partes iguales), que obtienen menor recursos y consumen solo 10.9 %, por tanto aunque resulte paradójico quien menos beneficia el subsidio y afecta en mayor proporción son las personas que se sitúan en los últimos tres deciles. Y también a favor del incremento en el precio de los combustibles se manifiestan los ecologistas, quienes consideran que los vehículos automotores son de los sectores más contaminantes en México, generando alrededor de 17% del total de emisiones de bióxido de carbón (CO2). El consumo de gasolina y diésel son la principal fuente de estas emisiones. Bajo estas circunstancias es necesario implantar diversas políticas públicas simultáneamente para frenar las consecuencias del consumo de gasolinas sobre el cambio climático, y laa principal es la de altos precios para inivir el consumo.
Por otra parte, un gran número de mexicanos, mantiene una posición de apoyo al subsidio de los combustibles argumentando entre otras cosas; que en las fronteras castiga más la eliminación de este subsidio debido a que en esta parte de nuestro territorio, se produce en el norte artículos de exportación principalmente y en el sur petróleo y agricultura tradicional, por lo que los productos de consumo diario en su mayoría del D.F. y el Bajío tienen un largo recorrido que hacer cuando son trasladados por vía terrestre, de tal forma que los precios se incrementan en una misma proporción al costo que sufre el combustible, ante ello la sociedad se ve afectada en dicha medida, uno de los frutos que muestra que tiene mayor incremento es el del aguacate aun siendo en temporada el costo de este producto siempre está por arriba de lo que se vende en el interior de la república debido al costo de transporte que tiene que pagarse para poder ser trasladado a nuestra frontera, y existen cientos de ejemplos donde se puede observar el incremento del combustible fósil.
Además de los incrementos que afectan a los consumidores de servicios, también en el incremento de la gasolina impacta en gran medida a los usuarios de transporte particular, que aunque no lo deseen tiene que usarlo, el efecto sucede al no poder desplazarse los padres de familia a las escuelas o lugares donde realizan algunas actividades o encargan a sus hijos, la carencia en infraestructura vial y el desordenamiento en el sistema de transporte es otro efecto negativo que afecta a los usuarios de la ciudad, debido que al ser esta una alternativa para reducir sus costos implica un incremento en sus tiempos al desplazarse del hogar hacia su centro de trabajo u otros lugares.
De tal manera que en una comunidad como Ciudad Valles, donde el ingreso promedio según el reporte de INEGI para enero del 2012 es de 2 salarios mínimos, que en promedio mensual sería un pago de 1,800 pesos, estas personas dejarían de utilizar su automóvil en caso de contar con uno, dado a que su ingreso estaría reduciéndose a un 75% debido al costo del combustible fósil, o como se puede observar que los fines de semana es cuando se incrementa el parque vehicular, siendo una posible causa el ahorrar durante la semana y fin de semana cuando se trasladan las familias prefieren utilizar su automóvil, para llegar a centros comerciales, casas de familiares, parques, etcétera.
Sin duda amas partes del debate tienen sus razones válidas, pero la solución a este falso debate radica en la industria de la refinación, la cual en México en estos momentos enfrenta una coyuntura crítica en la que está en juego la seguridad de suministro de los combustibles automotrices. La profundidad y la amplitud de sus problemas no han sido debidamente reconocidas por los gobiernos y sólo pueden explicarse como resultado de largos años de abandono, de incapacidad manifiesta para identificar y jerarquizar sus causas, y de falta de decisión para actuar sobre los factores determinantes de su desempeño industrial y comercial. Resulta imperativo dar un mayor sentido de urgencia a la resolución de asuntos que ponen en riesgo el abasto de gasolina en México.
Nos urge una gran reforma energética que ponga énfasis en la refinación, para así ya no depender en un 50% de gasolinas importadas, necesitamos construir nuestras propias refinerías, que produzcan energéticos amigables con el ambiente y baratos, para que bajen los precios de los básico, se reduzca la contaminación y aumente el ingreso petrolero. Solo así daremos fin a la polémica de los precios de las gasolinas.
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