Domingo, 08 de Febrero de 2026
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Semana del 30 de Noviembre al 06 de Diciembre 2012

De balanzas, equilibrios, pesos y contrapesos

De balanzas, equilibrios, pesos y contrapesos

Juan Pablo Escobar Martínez



Por definición constitucional, nuestro país es una "Republica representativa, democrática, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su regimen interior; pero unidos en una federacion..."; en el Artículo 30 de la Constitución de 1917, se reafirmaron las características de lo que los mexicanos entendemos como nuestro país.

Ahora bien, desde 1857 cuando la visión federalista se impuso finalmente a los centralistas, se consolidó el esquema de una unión de estados soberanos, que voluntariamente decidieron integrarse en un país, ésto es, una federación que se modeló prácticamente en los Estados Unidos de América, con poderes y niveles de gobierno diseñados como un sistema de equilibrios, en el cual ninguna persona o institución avasallaría a los demás,para garantizar el pleno respeto a los derechos de las partes constituyentes de la unión y de los ciudadanos.

En lo escrito, el ideal fue grandioso; sin embargo, desde su misma concepción, el federalismo y la autonomía de poderes se convirtieron en letra muerta y en las convulsiones de nacimiento y crecimiento de México, el respeto a los preceptos constitucionales nunca fueron ni prioridad y cuando lo llegaron a ser, no hubo quien pudiera, de manera exitosa, defenderlos ante el avasallamiento y los embates de una Presidencia de la República que concentró el 99 % del poder efectivo y real.

Esa situación, probablemente como una característica de idiosincrasia nacional, que comenzó tras la derrota de Maximiliano y ante la consolidación institucional de un país ya en toda la extensión de la palabra, se acentuó con el periodo del porfiriato y se remarcó tras la Revolución Mexicana, donde los generales y caudillos aceptaron someterse al Presidente en turno, mientras se garantizará que dicho gobernante no intentaría perpetuarse en el poder y a todos les tocara aunque fuera una migajita, si no una rebanadita, del poder.

Así, se tuvieron a diputados federales y senadores; ministros de la corte, gobernadores, (y a nivel local se replicaba el esquema, llegando hasta el nivel municipal), que actuaban como personeros, mandaderos, sirvientes o en el mejor de los casos, como funcionarios del Ejecutivo. Las decisiones relevantes para el país siempre se tomaron desde Los Pinos y se acataban sin chistar... la voluntad del Presidente era inatacable e inmutable.

Pero la dictadura y la opresión, la falta de participación y los grandes errores cometidos en la conducción de nuestro país, llevarona de manera inevitable al resquebrajamiento del sistema, lo cual aprovecharon los ciudadanos para de manera inexorable ir introduciendo reformas e instituciones dirigidas hacia la validación de la verdadera soberanía del pueblo. Así, poco a poco, el Congreso se soltó la correa y de allí, generó la posibilidad real de establecer la autonomía en la práctica del Poder Judicial, además de formular la manera de redistribuir y proveer a los Estados de los recursos necesarios para no estar `estrangulados´ y a la merced del Gobierno Federal.

Fue hasta ese momento, prácticamente entre 1993 y el 2000, cuando con el trabajo principalmente de la Cámara de Diputados Federal con mayoría de la oposición al PRI, que despertaron los dos esquemas fundamentales que según nuestras Constituciones de 1857 y 1917 debieron haber regido en México: el Federalismo de una unión libre de Estados; y la separación de los tres poderes que conforman el sistema funcional de gobierno, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

Si quisieramos utilizar una metáfora de lo que queremos que nuestro sistema público sea, imaginemos un edificio en forma de piramide de tres niveles (los Municipios como base en el primer piso, los Estados en medio; y la Federación arriba, sustentada en los otros dos `pisos´); este edificio, se construye en tres columnas fuertes y solidas, del mismo grosor y dispuestas en un triángulo equilátero (el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial). Ese esquema hace que tan indispensable sea el Presidente, como los Municipios; o el Legislativo con un poder Judicial y los propios Estados y si falta uno o no es del tamaño correcto, el desbalance no será aceptable, por lo que se requiere corregir a tiempo para no afectar al edificio.

No podemos decir que nuestro sistema de equilibrio y contrapesos ya sea perfecto; no, dista mucho de ello, pero cada avance en la dirección de la balanza ideal, es un paso correcto que vamos dando para lograr el México que soñamos.

 


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