Alejandro Zapata Perogordo
Ahora que termina su periodo, el Presidente Calderón comienza la nostálgica tarea de hacer maletas. Esa labor de manera obligada viene acompañada de recuerdos: anécdotas, situaciones especiales, crisis, momentos difíciles, decisiones históricas, esfuerzos interminables, en fin un cúmulo de vivencias que vienen a la memoria.
Estamos en el momento del corte de caja; ¿al finalizar su mandato, como queda el país?, ¿avanzamos o retrocedimos?, son cuestionamientos obligados, incluyendo ¿cómo se hicieron las cosas y que opina la gente?
Hace unos días, la Iglesia Católica calificaba su desempeño como de "luces y sombras", en tanto que elogiaba los logros de su administración en materia económica y la cobertura universal en salud con el programa "seguro popular". También destacan la libertad de expresión que ahora tenemos. En contrapartida critican y ponen en evidencia fallas en la estrategia del combate al crimen organizado, particularmente por las violaciones a los derechos humanos y la falta de atención a las víctimas de los delitos.
Bueno es natural que se hagan las correspondientes evaluaciones en relación al desempeño del Presidente Calderón. Ahora que han culminado las elecciones, podemos presumir que este tema se hace con serenidad y objetividad. La calificación vía encuestas de opinión pública es buena y sale bien librado, la gente habla y se refiere bien de él, en términos generales están satisfechos de su gestión y lo ven con simpatía. Probablemente -entre otras cosas-, es porque se trata de un hombre de familia, clase media, con valores tradicionales, sencillo, quizás un poco obcecado, pero de carne y hueso, alguien con quien las familias mexicanas pueden fácilmente identificarse.
Adicionalmente comprendió su investidura, el papel que le tocaba jugar, pues la institución presidencial se debe respetar y cuidar para no menoscabarla, por esa razón existen protocolos, es la representación y el ejercicio de la soberanía nacional. El presidente Calderón se ha conducido con decoro, se manejo con entereza para enfrentar los retos y problemas, con humildad para procurar entenderlos y valor para desafiarlos y resolverlos.
Las circunstancias y condiciones políticas, los acontecimientos internos y externos, los mismos vaivenes, nunca presentaron facilidades en la toma de decisiones, que le vamos a hacer, así es esto, cuando no hay procesos electorales aparecen pandemia como la influenza o crisis financieras mundiales que alcanzan a pegarnos, en fin, siempre existe algo que atora las cosas, pero en términos generales supo sortear los retos con inteligencia. Inclusive en esta actividad se hacen y se pierden entrañables amigos, como es el caso de Juan Camilo Mouriño y de José Francisco Blake, quienes eran buenos y confiables colaboradores.
"Obras son amores, no buenas razones", decía el Maquio, y por ese rumbo las cosas se hicieron bien, se privilegio la infraestructura, hospitales, puentes, carreteras, presas, vivienda y demás, haciendo equipo con gobernadores y alcaldes a quienes se les incremento sustancialmente los apoyos federales.
El mayor problema se ha presentado en diferentes vertientes, aunque todo se concentra en la lucha contra la delincuencia organizada, que se ha convertido en la más cruenta de la historia y quien llegue con toda seguridad deberá continuarla. Este combate va pegado con una gran corrupción, con la fragilidad que ello ocasiona en las corporaciones policiales, su infiltración, la impunidad y los delitos de gran impacto social. Es un flagelo al que se tuvo que enfrentar sin dilación alguna.
Este tema ha traído consigo grandes debates, diferencias y desencuentros, aquí el sistema se ha visto sometido a fuertes presiones y en buena parte del país se ha perdido la tranquilidad.
El balance es positivo, sin embargo cabe agregar que ha sido un sexenio de grandes reformas: la de derechos humanos, la de Amparo, la penal, la política, en materia de combate a la corrupción, de transparencia y rendición de cuentas, de seguridad, en economía, en seguridad social y muchas más. En este apartado no se constriñe únicamente al Poder Ejecutivo, pues la participación del Poder Legislativo fue preponderante, no obstante lo anterior, sería injusto regatear la importante voluntad del Presidente para impulsar las reformas, mantener los equilibrios y privilegiar el diálogo.
En el epílogo de esta administración, podemos afirmar que el Presidente Calderón cumplió como hombre de estado, con responsabilidad y oficio, sale airoso, seguramente se le va a extrañar. Ahora deja el calzado grande, le toca a otro ponerse esos zapatos, esperemos sean de su medida.
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