Perla Irineo Hernández
Cuando Graham Bell inventó el teléfono, poco pensó que su aportación al universo podría generar terror en la sociedad, y es que esto sale a colación porque en los últimos días, la población ha vivido momentos de psicosis por causa de un bromista.
"si en 10 minutos no desalojas, detonaremos una bomba", ese es el mensaje inicial del bromista, una persona que Sigmund Freud analizaría con deleite, pero con atención por el mensaje que difunde, aunque para algunos podría ser un argumento de una película hollywoodense con alto presupuesto.... Para los vallenses representa el temor de morir, la diferencia entre vivir o dejar de hacerlo.
Las bromas de mal gusto, las de amenazas de bomba, solo eran posibles verlas en televisión, sin embargo los protagonistas fueron alumnos, oficinistas, amas de casa y lo más lamentable niños, que no disfrutarán de su inocencia por temor a morir a manos de un psicótico.
Primero fue la delegación regional de la Secretaría de Finanzas, después siguió la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, una guardería y lo más lamentable, el bromista atentó contra el derecho a la salud, sembrando el terror en el Hospital de zona 6 del Instituto Mexicano del Seguro Social, no se tentó el corazón con los enfermos, el dolor de su familia, la esperanza de vida... nada, solo satisfacer su ego enfermizo.
El miedo genera diversas reacciones, algunos estudiantes al conocer el motivo del desalojo manifestaron su inconformidad por la broma, algunos hasta solicitaron al bromista que llamara a cierta hora para no tener clase; en cambio en los padres de los menores de la guardería, atemorizados corrieron a buscar a sus hijos; la desesperación y el terror se apodero de los rostros de los oficinistas, así como la adrenalina de los cuerpos de auxilio, pero la encrucijada de desconectar a un padre, una madre de la vida artificial que los servicios de salud aplican también se hizo patente.
Llama la atención que el cuerpo de Bomberos de la localidad, prontos y rápidos, en cumplimiento de su espíritu de servicio acudió al llamado de auxilio, asimismo los policías de diversas corporaciones de protección social, sin embargo todos ellos carecen de equipo antibombas, se imagina usted, ¿qué hubiera pasado si el artefacto ficticio hubiera explotado? Los héroes se convertirían en auténticos kamikazes y todo por la culpa de un imitador terrorista.
A unas semanas de haber surgido este humor negro, poco se sabe del autor o los autores locales, no así de los bromistas que viven en el Distrito Federal, donde las autoridades se regodean de su captura en horas, pero de poco sirve porque surgen imitadores que siguen haciendo bromas.
El terror telefónico genera muchas interrogantes, ¿en verdad estamos preparados para enfrentarnos a esta realidad?, ¿sabemos qué hacer en caso de un atentando con bomba?, ¿los servicios de salud locales tienen la capacidad de atender una emergencia de tal magnitud?, ¿hasta donde las autoridades han investigado?... el tiempo sólo lo dirá mientras suena el teléfono.
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