Martha Orta Rodríguez
Uno de las más ignominiosos tipos de maltrato infantil, es el abuso sexual. Los niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas de este tipo de maltrato, sobreviven a esta amarga experiencia con mucho dolor y miedo. El dolor es obvio, pero el miedo surge de las amenazas que el agresor le infiere, y que le señala cosas como; “nadie te va a creer”, o “si dices… le hare daño a tu hermano, mama, tía, papa, etc.” Pueden argumentar también que es una demostración de cariño e incluso les hacen creer que dirán que ellos lo provocaron. Así mismo, suele quedar en ellos la sensación de estar sucios.
Si bien es cierto, las medidas deben ir encaminadas a la prevención del delito; como principal objetivo. También es cierto, que debemos tener estrategias; para que, si detectamos que nuestros niños, niñas o adolescentes son víctimas de violencia sexual, sepamos qué hacer y qué no hacer. Teniendo en cuenta, que ya han sido lastimados en su integridad física, emocional y sexual.
Se considera abuso sexual infantil a toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder. Es un problema que se puede presentar en todos los niveles sociales y económicos, y puede suceder tanto dentro del núcleo familiar como fuera del mismo, aunque lamentablemente lo más frecuente es que sea dentro del núcleo familiar precisamente.. Es un proceso el cual no necesariamente implica relaciones sexuales con penetración. Es suficiente que existan tocamientos e incluso exhibición del adulto o forzar al menor a exhibirse para que sea considerado abuso sexual.
El abuso sexual casi siempre se presenta en varias etapas.
Primeramente, el abusador manipula al niño a través de muestras de afecto, cariño especial y regalos.
Cuando ha ganado la confianza del menor se empieza a vivir una transición a incluir actos de índole sexual. Estos actos casi siempre son exhibicionismo y voyeurismo, es decir, el abusador permite ser visto y le pide al niño que le deje verlo, con intenciones eróticas. Lo siguiente que puede presentarse son caricias y tocamientos, incluso masturbación. El abuso sexual se completa con el acto sexual en si mismo.
Para llegar a este punto la confianza ganada por parte del abusador hacia el niño, niña o adolescente pasa a volverse coerción y chantaje. Ahora el niño se ve forzado a mantener silencio por el miedo infundido por el abusador que además se sustenta por una profunda sensación de culpa y remordimiento en el menor. Lo que deja en el infante o adolescente la sensación de que fue el mismo quien lo causo y tiene la culpa de ello.
El tabú social que aun existe en temas de sexualidad fomenta esta etapa de ocultamiento y complicidad. Las familias prefieren mantenerlo en secreto.
De las primeras consecuencias que podemos notar se encuentran los cambios de humor repentinos, problemas de sueño, pesadillas, hiperactividad, aislamiento, problemas para recibir y mostrar afecto, fobias, y en general conductas autodestructivas.
Si se tiene la sospecha, por mínima que esta sea, no hay que ignorarla. Créale, escúchelo, confíe en él.
Por esa razón, es importante el considerar como abordarlos para no incrementar el daño ni el dolor.
1. Hay que limitarse únicamente escucharles, sin hacer una sola pregunta ni juicio, pero si al final repetirles lo que nos están diciendo. Por ejemplo: “Me dices que fuiste agredido por tu tío, que fue algo que te hizo sentir mal, que te da coraje y vergüenza y me dices que temías que no te iba a creer”
2. Evita llorar o manifestar al máximo enojo, porque puede llegar a percibir la idea de que estas enojado con él o ella.
3. Si expresa que se siente culpable, hazle saber que el único culpable de todo es el agresor o agresora y que buscarás que sea castigado
4. Si te expresa que tiene miedo de que el agresor (a) le pueda hacer daño a él (ella) o a alguien de la familia, hazle saber que tu lo (la) protegerás y que esa persona no puede hacerte daño porque tu estarás ahí para apoyarlo
5. Si notas cierta renuencia a hablar sobre el asunto, no lo presiones y busca la ayuda profesional
6. En cuanto sepas quién fue el agresor, DENUNCIALO de inmediato. Acude a la Procuraduría General del Estado, a la Procuraduría de la Defensa del menor, la mujer y la familia, al DIF municipal o al Centro de Atención a las Victimas del Delito
7. Demuéstrale amor, pero no llegues a la sobreprotección ni la exageración, es decir, que no sea muy diferente a como antes se lo expresabas, ya que esto puede aumentar en él o ella la idea de ser más víctima de lo que es
8. Refuerza siempre la idea de que él o ella no son responsables de nada de lo que le pasó.
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