Víctor Manuel Tovar González
Desde antiguo, los ejes fluviales han ofrecido a los grupos sociales unas condiciones apropiadas para el establecimiento de focos de civilización. Cualquier mapa histórico del país o del mundo, de épocas pasadas o recientes, ilustra la potencialidad de los ejes fluviales. La agricultura hidráulica, la hidroelectricidad, la posibilidad de comunicaciones o de transporte han sido siempre opciones para el desarrollo en las diferentes culturas.
Los seres humanos se han concentrado siempre en las proximidades de los cursos de agua lo que provoca que los sistemas de agua dulce sean los primeros hábitats en degradarse. Usamos el agua, consumimos las especies animales, utilizamos los cauces para desplazarnos y como colectores de sus desechos.
Una de las mayores amenazas para la vida del hombre en la Tierra es la deforestación. Esta actividad que implica “desnudar el planeta de sus bosques” y de otros ecosistemas como de su suelo, tiene como resultado un efecto similar al de quemar la piel de un ser humano. ¿Por qué decimos esto? Sin lugar a dudas, los bosques ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones del tiempo y en el clima. Asimismo, abastecen a las comunidades rurales de diversos productos, como la madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes orgánicos.
Una de las funciones más importantes de los árboles es su capacidad para la evapo-transpiración de volúmenes enormes de agua a través de sus hojas. Este proceso comienza cuando el agua, por efecto del calor del sol, se evapora (pasa del estado líquido al gaseoso) y se incorpora a la atmósfera como vapor de agua. A medida que asciende y por disminución de la temperatura, el vapor de agua se condensa (se convierte en pequeñas gotas) formando las nubes. El agua condensada en las nubes cae finalmente en forma de lluvia sobre los continentes, permitiendo así el crecimiento de los árboles y de sus raíces, como también el de otros organismos vivos.
Por otro lado, una vez que sus hojas caen estas se pudren en el suelo, determinando, su enriquecimiento; ya que los nutrientes son reciclados rápidamente por las bacterias del terreno, cerrándose así un ciclo. Es decir entonces, que si se eliminan los árboles, la lluvia cesará, pues ambos factores se encuentran estrechamente relacionados. Sin la lluvia, la tierra comenzará a morir, produciéndose una fuerte erosión y la zona de bosque se convertirá finalmente en un desierto.
Sin lugar a dudas podemos citar ejemplos del fenómeno que se vino explicando, sin tener que recurrir a lejanos lugares. El conflicto entre Aquismón y Valles, por el uso de las aguas del manantial de Santa Anita, es un conflicto de degradación ambiental, por un lado una mal entendida reforma agraria pobló excesivamente la serranía de Aquismón, incrementando la demanda de agua. Y por otro la tala inmoderada de la selva, que ha eliminado los receptáculos de agua, se ha permitido también la siembra de caña de azúcar en suelos impropios, así como la apertura de potreros en plena serranía. En este panorama, lo único que podemos esperar es que los manantiales de agua desaparezcan con la selva, y con el escaso suelo la vegetación.
La deforestación, como todo proceso tiene sus causas fundamentales. Entre ellas pueden citarse: el cambio del uso del suelo y del agua para actividades ganaderas y agrícolas, los incendios y enfermedades forestales o la tala incontrolada de árboles. En la actualidad, la deforestación de los bosques tropicales en nuestra Huasteca, constituye una auténtica amenaza. Si analizamos estadísticamente tasas de deforestación en las distintas áreas ecológicamente importantes de nuestra región, se puede concluir que, en los últimos años, este proceso ha resultado mucho más intenso especialmente en las montañas, curiosamente donde los ecosistemas son más frágiles.
En la actualidad ya no perdemos el bosque nativo, porque en la Huasteca sólo quedan recuerdos, especialmente los bosques tropicales tanto en Xilitla, Tamazunchale y Aquismón. Si nos detenemos en Aquismón, se ha producido una importante disminución de la selva en la zona de Tanchachin, Otates y Camarones. Una de las principales causas de la deforestación es la que se produce para realizar cultivos de rosa, tumba y quema. También se tala el bosque, se aprovecha la madera y luego las tierras se destinan a la ganadería y al monocultivo de Caña de azúcar.
Sin lugar a dudas estas actividades generan serios problemas, ¿por qué? Porque no sólo afecta al medio ambiente, sino genera problemas sociales, afectando sobre todo a los mantos acuíferos y a los suelos, explotando los bosques con una intensidad y velocidad que no permite la regeneración de estos bastiones ecológicos.
La incidencia de la población sobre el abatimiento de los bosques reviste caracteres de especial gravedad en el caso de la Huasteca, donde los campesinos a partir como ya dijimos de una mal entendida reforma agraria y colonización, ha venido a trastocar el equilibrio ambiental mantenido por los pueblos aborígenes que utilizaron de los mismos durante milenios, sin que su estado de conservación resultara afectado sustancialmente. El establecimiento de nuevos colonos en estas zonas se ve favorecido por la existencia de programas gubernamentales, que conceden títulos de propiedad a los campesinos que convierten un terreno baldío en terreno productivo. Con frecuencia, los colonos talan no sólo la parcela de terreno que les ha sido asignada, sino una superficie mucho mayor. Por otro lado, el acceso a la región de estas nuevas poblaciones se ha visto favorecido por la presencia de carreteras, construidas para facilitar el desarrollo regional
Así pues, en casos como el apuntado, la solución a los problemas que afectan los bosques pasa por un desarrollo sostenible de los recursos y una fuerte voluntad política de poner fin a la tala indiscriminada. Además, es preciso el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos aborígenes que han demostrado estar comprometidos con la conservación de los bosques, y evitar la migración de los campesinos hacia estas zonas. Esta última condición precisa de una redistribución equitativa de las tierras agrícolas, de tal forma que la supervivencia y la calidad de vida del campesinado queden aseguradas y sea innecesaria la migración y la consiguiente deforestación.
Si no somos capaces de una política de conservación de la selva, este sólo será el primero de un sin número de conflictos que los huastecos veremos por el agua. Y por desgracia estos serán cada vez más violentos.
Pero recuerde…Ud. Tiene la mejor opinión
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