Luis Bárcenas Torres
En la pasada colaboración comentaba mi punto de vista sobre el desolador panorama educativo en los países en desarrollo como el nuestro como consecuencia de no haber sabido incluir, como valor sustantivo de la educación, la formación del carácter.
[B]La otra cara del Constructivismo[/B]
El devenir histórico de los países en desarrollo, ha estado determinado por las políticas, orientaciones y criterios que imponen los organismos internacionales. Ahora, el Banco Mundial y la OCDE, son quienes dictan el rumbo de los países en desarrollo ansiosos de insertarse en el contexto de la globalización internacional.
Nadie puede negar que los procesos de globalización de la economía, y la política están incidiendo en una transculturización que nos deja en desventaja. Actualmente merced a este avasallamiento, los paradigmas de nacionalismo, identidad o nación, por ejemplo, han sucumbido al embate universalista. Hoy, a cambio de productos y servicios de bajo precio, recibimos ideas y modelos educativos hegemónicos que nos mantienen en el área de influencia de los que gobiernan el mundo.
Subyugada a los requerimientos de la globalización, la educación formal en México se ha convertido en una educación utilitarista, presta a proveer de mano de obra barata a una economía de mercado frágil, volátil y dependiente para la que se requieren humanoides provistos de destrezas, habilidades y conocimientos acordes al consumismo desaforado.
Es, sin embargo, obsesión de los gobiernos de los países en desarrollo, mejorar la calidad de la educación pública, adoptando, las más de las veces sin adaptar, modelos educativos que se presentan como “piedras filosofales” de la nueva educación. Una de esas panaceas pedagógicas del progreso es el Constructivismo, concepto que da sustento a la actual práctica docente en nuestro país.
El Constructivismo pedagógico, que parte de la premisa de que “el conocimiento se construye, no se adquiere”, ha dado lugar a la clasificación de los docentes en tradicionalistas y vanguardistas; sin embargo, más allá de las bondades del modelo, allá en los más altos niveles del conocimiento y la investigación el constructivismo pone en duda su eficacia merced a las carencias que se le reconocen.
Clifton Chadwick, investigador de la Universidad de Florida, advierte en la premisa constructivista de que “el conocimiento se construye, no se adquiere”, un enfoque egocéntrico, subjetivista, antivalores y pérdida de la responsabilidad personal, donde la norma legal de justicia y libertad, tiene pocas posibilidades de sobrevivir.
Pero si el constructivismo pedagógico tiene mucho de razonable y aceptable, el constructivismo psicológico resulta francamente insidioso. Uno de los testimonios que da lugar a serias preocupaciones sobre las consecuencias de esta variante lo da Eduardo González Aviña, catedrático de la Universidad de Berkeley.
“A mí me había parecido extraño que en ciertas universidades norteamericanas se prohibiera al catedrático comentar las notas de un estudiante con sus padres, pero esto tiene sentido en un país donde eso también está vedado a los profesores de primaria y secundaria y donde la mamá o papá se inhiben de aplicar medidas correctivas porque previa denuncia de niño castigado, los podría hacer dormir en la cárcel pública.” Incluso, los “teachers” también se inhiben de dar notas reprobatorias porque eso significaría atentar contra el autoestima del educando”.
Estas notas del constructivismo psicológico tiene que ver con una filosofía que privilegia al individuo sobre la sociedad, lo empuja a la realización de su más primarias apetencias, hasta convertirlo en un autista, indiferente a todo lo que no tenga que ver con él mismo. La muestra son las terribles masacres en las escuelas de Estados Unidos y Alemania.
Sin embargo, en nuestro país, el modelito continúa siendo atractivo y seductor para los nuevos educadores porque encaja en el lenguaje políticamente correcto. Bien harían los gobiernos de los países en desarrollo analizar más a fondo las metodologías que proponen con el fin de no arriesgar el futuro de sus educandos.
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