Viernes, 27 de Noviembre de 2020
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Opinión

Los corridos revolucionarios, un símbolo de México

Por Gustavo I. Robledo Guillén

Nos enseñaron en la escuela la labor que hacían los famosos juglares, que iban de pueblo en pueblo las hazañas de los caballeros medievales, y fue así como conocimos tantos relatos que en el medievo cientos de soldados hicieron por las luchas aquellas armadas religiosas.

En México, desde el punto de vista cultural, se musicalizó, se dio vida poética a los personajes, a nuestros héroes, a nuestras heroínas, aquellos que llevaban a cabo acciones militares o políticas; a veces siendo una cosa seria a veces una cosa de burla, pero siempre le hemos dado vida a través de la música y la poesía.

La época revolucionaria es un parteaguas en la música en México, la aparición de esos relatos épicos musicalizados, de los personajes que según los historiadores, no pasan de 100 los corridos registrados de la Revolución Mexicana. El corrido como ritmo tiene un origen que va de la mano con aquella importación de instrumentos que se tuvieron en nuestro país cuando hubo grandes migraciones europeas, sobre todo europeas del norte, que trajeron las famosas polkas, que utilizaban un acordeón, un tololoche y la redova, que a final de cuentas es lo que le da gracia y ritmo a la música norteña, y los corridos se apoyaron en estos ritmos.

El corrido “El Cuartelazo” interpretado por las hermanas Mendoza, con un increíble tono de voz; además de ser unos acordes sencillos, y la letra es bellísima, tanto por su sencilla ritma, pero éticamente hermosa por la historia que cuentan, esos son los corridos revolucionarios, que dejaron plasmados el martirio de Francisco I. Madero, la valentía de los “Dorados” de Francisco Villa, la lucha por la tierra y libertad de Emiliano Zapata, reprobar y dejar remarcada la traición de Victoriano Huerta, la labor de Venustiano Carranza.

Uno que es símbolo de la música mexicana es el que protagoniza una mujer que de entrada nunca supimos quién era, o de verdad existió, y ya después las crónicas nos han permitido aprender que sí fue real tanto su nombre como su historia, la “Adelita”, la mujer que el sargento idolatraba, y precisamente dice la leyenda, que pasó a ser historia, que en 1913 Adela Velarde Pérez sube a un tren de enfermería en Chihuahua, muy joven, para unirse al Ejército Constitucionalista, dicen las crónicas una mujer risueña y bonita.

El sargento Antonio Gil del Río fue su primer contacto con la fuerza militar que iba rumbo a la lucha, que Venustiano Carranza estaba encabezando, y al sargento Antonio Gil se le atribuye haber escrito este relato, y en 1941 ya terminado el movimiento revolucionario, Adela Velarde Pérez recibe una condecoración al mérito revolucionario y en 1961 una pensión vitalicia hasta que muere en 1971, en Texas EEUU.

La “Adelita” dentro de esa magia musical de los corridos revolucionarios tiene un símbolo especial, porque las imágenes que podemos ver a través de las viejas imágenes no sólo reflejan a la famosa “bola”, sino también la entrega de las mujeres que van en los ferrocarriles o que atendían a los heridos en la guerra.

En México los corridos lograron que pudiéramos conocer todas esas hazañas, todas esas muertes, esas trágicas circunstancias, esos actos de valentía de los maderistas, villistas, carrancistas, fue un movimiento que duró 10 años, pero a final de cuentas los corridos son eternos.


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