Héctor de Luna Espinosa
Cada vez que enfrentamos algo nuevo es común que experimentemos angustia. Lo desconocido nos causa estrés; hay temores naturales por desconocer el futuro. Estamos comenzando un nuevo año y no tenemos control de lo que vendrá, es incierto; sin embargo, la palabra de Dios nos da instrucciones acerca de lo que debemos hacer.
Filipenses 4, versículo 6 y 7, nos dice: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».
La oración y el afán son mutuamente opuestos, como el agua y el fuego. Imagínate no tener que estar afanoso jamás por nada. Esto parece imposible; todos tenemos preocupaciones en nuestro trabajo, en nuestros hogares, en el colegio. Pero Pablo nos aconseja cambiar nuestras preocupaciones por oraciones. ¿Quieres preocuparte menos? Entonces ora más. En el momento en que empieces a preocuparte, detente y ponte a orar.
La paz de Dios es diferente a la paz del mundo. Jesús dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tengan miedo». El resultado final de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas es una paz profunda y duradera. A diferencia de la paz del mundo, cuya definición suele ser ausencia de conflicto, esta paz es una confiada seguridad en cualquier circunstancia.
Con la paz de Cristo no tenemos por qué temer al presente ni al futuro. Si tu vida está cargada de tensión, permite que el Espíritu Santo te llene de la paz de Cristo. La paz verdadera no se encuentra en el pensamiento positivo, en la ausencia de conflictos o en buenos sentimientos; ella es producto de saber que Dios controla todo. Nuestra ciudadanía en el reino de Cristo está asegurada, nuestro destino está determinado y podemos tener victoria sobre el pecado. Permite que la paz de Dios guarde tu corazón de toda ansiedad.
Concluyo repitiendo una vez más el pasaje inicial, solo que esta vez quiero leerte la nueva traducción viviente. Filipenses 4 6 dice: «No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho».
Dios te dice: no te preocupes por nada; en cambio, ora por todo. Entonces vendrá la paz de Dios y cuidará tu corazón. Así es que no hay de qué temer, pero hay que orar. Dios te bendiga.
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