Conoce lo que esta experiencia puede crear en los niños: independencia, conciencia ambiental, recuerdos inolvidables y muchas cosas más.
Para los padres, en muchas ocasiones, es difícil ver que sus hijos han crecido, que no son más esos bebés a los que debía de alimentárseles cada cuatro horas y tomarles de la mano para que mantuvieran el equilibrio en sus primeros pasos. Cada día se hacen más grandes y experimentan nuevos retos, a los que los papás deben dejar que se enfrenten, sabiendo que se les ha dado la mejor educación y permitiendo que tomen sus propias decisiones.
Dejarlos ir a un campamento de verano puede ser esa prueba de fuego, no tanto para testear las capacidades de sus hijos, si no de los padres; de darles esa oportunidad de aprender infinidad de cosas y compartir momentos inolvidables con niños de su edad.
La mayoría de los campamentos de verano se realizan en montañas o pies de lagos o ríos, grandes extensiones de áreas verdes y lejos de ciudades grandes. Así, los niños pueden aprender a convivir con la naturaleza, cuidarla, conocer más de ella: ver, admirar y respetar insectos y animales como pájaros, peces, ardillas y todo ese hábitat. Asimismo podrán conocer la importancia de cada elemento que allí se encuentra.
También el dormir en una casa de campaña o en cabañas, les ayudará a valorar lo que tienen en casa y las comodidades de las que pueden disfrutar: una cama, cobijas calientitas, luz eléctrica, etc. Un experiencia que les ayudará a disfrutar más todas esas comodidades que pasan por alto al estar acostumbrados a ellas.
Otra de las ventajas que tiene el que los niños asistan a campamentos de verano es que en ellos se organizan actividades que desarrollan su capacidad mental y física, se ejercitan corriendo, practicando algún deporte, escalando, nadando, etc., y son capaces de resolver acertijos, encontrar la mejor solución a incógnitas que se les presentan en el campamento. El desarrollo de la inteligencia musical siempre está presente en cánticos o al tocar un instrumento para esos tradicionales momentos de contar historias, quemar bombones y salchichas en la fogata.
Además de todo eso, los niños aprenden lo esencial de trabajar en equipo para conseguir las metas y ganar los retos, que a pesar de esas ganas y esfuerzo por ser los mejores deben actuar siempre con lealtad y honestidad, poniendo como prioridad el compañerismo. De esta forma aprenden a encontrar alternativas y aprenden a negociar y resolver desacuerdos. Todo esto los ayudará a ser más independientes, resolver sus propios problemas, tomar decisiones y saber las consecuencias de éstas.
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