Alejandro Zapata Perogordo
Son varias las ocasiones que hemos tenido que dialogar (y a veces discutir) con algunos políticos que están a favor de la reelección para que funcionarios, que supuestamente han hecho un buen trabajo en sus municipios y que “se hayan ganado tan merecido honor”.
Y la verdad es que sus argumentos como que no convencen. Ellos afirman que la reelección de un presidente municipal, por ejemplo, que trabajó bien en su municipio y no es reelecto, viene a ser un desperdicio, “porque su capacidad está más que comprobada”.
Otros exponen diferentes hechos y hay quien me ha llegado a señalar que el mo-vimiento que encabezó don Francisco I. Madero fue por la no reelección en el caso del Presidente de la República, “pero que funcionarios de ni-vel más bajo no tenían vela en el entierro”, o sea que sí estaban facultados para reelegirse. Por lo que a nosotros respecta, tal exposición de motivos nos parece infantil.
Y aunque no se puede decir que hay reelección, con la ley electoral vigente usted puede ser alcalde 3 años, “descansar” de su fatigosa tarea en donde se sacrificó por el pueblo otros 3 años y en el siguiente periodo presentar nuevamente su candidatura y si es chicle y pega, sus dotes de “redentor popular” tendrán 3 años más como premio. Esto, si bien no es una reelección, sí sería “volver al glorioso pasado y disfrutar nuevamente del paraíso”, con el aval de la ciudadanía.
Una vez hecho esto con los presidentes municipales, no tardaría en que el mismo privilegio quisiera que se extendie-ra a diputados, locales, federales y senadores. Así, que por su gran desempeño, tendríamos que soportar un periodo más que estuvieran prendidos a la ubre presupuestal, muchos de ellos con inutilidad más que manifiesta.
Ahora que, si no tenemos reelección, muchos se las ingenian para “heredar” sus puestos a hijos, sobrinos, nietos o lo que se les ocurre, con tal de que el poder no cambie de manos y quede entre familia.
Podríamos dar no uno, sino varios ejemplos de situaciones de este tipo, pero ni vale la pena, porque usted las conoce de sobra. Por eso, en lo que a nosotros respecta, no estamos a favor ni de la “reelección” de monaguillos en las parroquias de nuestra arquidiócesis.
SUELDAZO Y BONOS
Tema aparte, aunque no desligado de lo anterior, son los sueldos y prestaciones de escándalo que reciben nuestros diputados locales. Aunque las voces discordantes para censurarlos parecieron desde hace mucho, al parecer a sus dirigentes partidistas les ha dado un poco de vergüenza y se han comprometido a que tales “prestaciones” desaparezcan. Y es que nuestros diputados, en su afán no de elaborar leyes en beneficio de la ciudadanía, sino de hacerse notar, también consideran que la gestoría y solución de problemas populares está dentro de su ámbito. Lo bueno sería, como afirman algunas personas, que lo hicie-ran con sus propios recursos.
Por supuesto que esto no les sale muy caro, pues basta con que compren unas dos decenas de balones de hule de mala calidad y otras decenas de láminas para cubrir los tejabanes de comunidades empobrecidas para salir de paso. Para ellos lo importante es tomarse la foto y que ésta sea publicada en los medios de comunicación.
Con eso cubren el expediente y la conciencia, faltaría agregarles un poquito de vergüenza. No es posible, de acuerdo a las informaciones que se han publicado, que el dirigente del Partido del Trabajo repita de nuevo en el cargo. Y no lo es porque tengamos nada contra el señor, sino que durante el anterior periodo que tuvo como legislador en el Congreso del Estado no presentó una sola iniciativa de ley.
Pero mientras los diputados se llenan las bolsas, a los trabajadores que perciben el salario mínimo se les incrementa éste en dos miserables pesos al año, con lo que ni siquiera ajustan para trasladarse en camión urbano ida y vuelta a sus trabajos. Aunque no se ha tomado conciencia plena de esta situación por parte de los electores, no estaría mal que lo recordaran el primero de julio, para emitir el sufragio por quienes sí trabajan y no los que simplemente medran con el dinero público. Tal vez usted señale que realizar eso es como tratar de encontrar una aguja en un pajar. Por fortuna, sí hay gente que puede responder a la ciudadanía. Lo difícil es dar con ellos...
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