Domingo, 08 de Febrero de 2026
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SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 02 de Marzo al 08 de Marzo de 2012

La polarización electoral

La polarización electoral

Víctor Manuel Tovar González



En los pasados días el ambiente político nacional se vió encrispado por las declaraciones que vertió el presidente de la República ante un grupo de ejecutivos de Banamex. Poco abonó al mejoramiento del ambiente de por si ya muy enrarecido esas declaraciones, en las cuales según una encuesta de la presidencia de la República, la candidata de su partido sólo se encontraba ya a sólo cuatro puntos del puntero de la carre-ra presidencial.

Se le olvidaron al señor presidente, dos cosas: primero; que él es el Jefe del estado mexicano y segundo que hace solamente seis años su antecesor, estuvo a punto de incendiar el país, como ahora lo hace Felipe Calderón. Hay que recordar que de no haber sido prudente la actuación del entonces candidato derrotado, la multitud que se reunió en el Zócalo capitalino, y en aquel entonces unos calcularon en dos millones de almas, otros en un millón, o la cifra que más le guste, habría fácilmente generado un verdadero caos político, generado precisamente de que Vicente Fox actuó más como jefe de su partido que como Jefe del estado mexicano.

La ruta a la jornada electoral del próximo 1 de julio, luego de la designación de los candidatos que representarán a los distintos partidos en la contienda presidencial, ha comenzado a volverse muy sinuosa, habida cuenta la serie de desencuentros políticos entre dirigentes partidistas, y autoridades del gobierno federal, incluido como comentamos en el principio el propio titular del Ejecutivo, al que los opositores hacen reclamos de pretender intervenir en el proceso electoral utilizando a las instituciones, primordialmente a las de justicia, en contra de los adversarios políticos, así como con el cambio de autoridades en instituciones que tienen que ver con el buen desarrollo y transparencia del proceso electoral, amen de las intervenciones personales del ejecutivo.

En México, el sistema presidencial, que algunos denominan de ejecutivo fuerte, tiene su fundamento, entre otros artículos de nuestra carta magna en el 80 y 89. El prime-ro establece que: “se deposita el ejercicio del supremo poder ejecutivo de la Unión en un solo individuo, que se denominará Presidente de los Estados Unidos Mexicanos”. En el segundo por su parte, se consignan las obligaciones y responsabilidades del presidente, independientemente de que algunos otros artículos le encomienden otras responsabilidades, las que en conjunto le otorgan al presidente de la República, el carácter de jefe del Estado, de gobierno y jefe máximo de Las fuerzas armadas.

En una democracia según Rousseau, y nosotros lo somos, “el Jefe del Estado debe garantizar la estabilidad institucional, pero además debe proteger los derechos y libertades de los ciudadanos a los cuales debe su cargo institucional”.

Según este planteamiento, el Presidente en una república, “debe trabajar con coraje y astucia para que la lucha política no deteriore las instituciones democráticas” y, por tanto, debe de velar por la estricta independencia judicial o de los derechos de cada ciudadano a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la igualdad ante la ley.

La persona que ejerce la Jefatura de un Estado debe ser la primera garantía de la dispersión pluralista del poder; como única alternativa viable institucionalmente para que, actuando con independencia de los políticos, diversas fuen-tes de poder actúen como contrapesos que minimicen el ámbito de decisión pública y proporcionen máximas condiciones de libertad para la competencia electoral.

Por otro lado, si realiza bien su trabajo, un buen Jefe de Estado debe moderar el funcionamiento de las instituciones y la correcta aplicación de la Constitución, ya que se le permiten ciertos privilegios a cambio de ejercer su cargo con la inteligencia y el coraje necesarios para proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos y el funcionamiento democrático de las instituciones, conforme al espíritu y el texto de la Constitución, con el noble objetivo de garantizar la convivencia pacífica durante el mayor número de generaciones posibles.

Sólo se consigue una sociedad extensa, compleja y abierta, cuando las instituciones respetan los derechos individuales por encima del poder político, ya que son derechos inmanentes a la naturaleza del hombre libre y, por tanto, inalienables por el poder político y previos a cualquier Constitución. Esto significa que un Jefe del Estado debe siempre reclamar que se ejerza una protección efectiva de los derechos civiles (el votar es uno de los fundamentales) de todos y cada uno de los ciudadanos que viven en una nación y, debe exigir que exista una sujeción a la Constitución del funcionamiento de todas las Instituciones.

Precisamente, por ser uno de los pilares centrales que sostiene la Constitución, el Jefe del Estado tiene responsabilidad máxima y debe evitar que degeneren las instituciones en contra de los derechos y libertades de los ciudadanos (por lo tanto no intervenir en el proceso electoral) .

Pero ahora yo pregunto: ¿el Gobierno Federal aspira a una república en democracia o en demagogia? Para contestar esta pregunta se plantearían muchas más primero...

¿El Ejecutivo en general Go-bierna por el bien colectivo sin mirar el particular y el de su partido?, ¿toma las decisiones en función de la voluntad popular que lo eligieron o de sus intereses partidistas?, ¿se garantiza desde el gobierno una pluralidad libre?, ¿tiene el pueblo la información suficiente como para elegir los mejores?, ¿garantiza el ejecutivo con su actuación la estabilidad institucional?, ¿garantiza el jefe del estado mexicano la li-bertad de los ciudadanos en el próximo proceso electoral? Si por último se concluye que vivimos en demagogia, quedaría una última pregunta... ¿tiene el pueblo lo que se merece?
El ejecutivo de manera por demás grosera y obscena, trato de imponer presidente de su partido sin lograrlo, luego quiso imponer a su partido candidato presidencial fracasando nuevamente, y ahora quiere imponernos a todos los mexicanos a la candidata de su partido, por eso inventó una encuesta apócrifa donde según él su candidata casi ya es la puntera. Nos preguntamos, ¿no es desvió de recursos hacer encuestas de popularidad desde los Pinos?, ¿no habrá quien le diga al presidente que juega con fuego?

Los mexicanos queremos una elección pacífica y civilizada, en donde se hace indispen-sable que se establezcan los instrumentos complementarios de operación y monitoreo, para que el presidente de la República, los gobernadores, los presidentes municipales y todos los integrantes de sus equipos de gobierno, respeten sin regateo y sin simulaciones, las normas constitucionales y legales que ordenan el uso imparcial de los recursos públicos y la suspensión de la propaganda gubernamental durante las campañas.

Queremos el fin de la intervención abusiva de los gobiernos en las campañas, situación que, ofende no sólo en su modalidad de coacción del voto y presión sobre los electores, sino también en la forma de peculado o desvío de recursos que es el caso que nos ocupa. No queremos un país con una democracia simulada bajo el control de poderes reales y fácticos, que legalicen el fraude electoral, en la medida en que nadie castigue el mal uso de los recursos públicos, y la falta de cumplimiento de las obligaciones de los gobernantes, de la manipulación electoral de los gobierno corruptos, un proceso electoral limpio será tarea por cumplir.

El presidente, perdió durante su gestión la gobernabilidad de una buena parte del territorio nacional y la estabilidad social, lo único que puede entregar el próximo primero de Diciem-bre es estabilidad política, pero esta tomando el rumbo equivocado. Debe volverse el jefe del estado y olvidarse de quien gana las elecciones, solo le debe de importar que el triunfador lo haga de manera democrática. Debe recordar que él es garante de la elección democrática, y que lo único que lo salvará de la picota histórica será entregar el próximo pri-mero de Diciembre la banda presidencial al que los mexicanos elijamos libremente.

 


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