Domingo, 08 de Febrero de 2026
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Semana del 27 de Enero al 02 de Febrero de 2012

La Tarahumara ¡Hambruna eterna!

La Tarahumara ¡Hambruna eterna!

Víctor Manuel Tovar González



Es del dominio público que la semana pasada una noticia cruzó el firmamento mediático y sacudió por entero a la sociedad mexicana. Sí, ese sacudimiento cuyo origen, es el supuesto suicidio colectivo de indígenas Rara-muri (Tarahumaras) que originó el esta-llido noticioso, fue cierta o no, eso queda en el terreno de la discusión y la duda, pero lo cierto es que el epicentro de esta conmoción una vez más es la Sierra Tarahumara.

La Región de la Sierra Tarahumara del estado norteño De Chihuahua, es una región intercultural o interétnica en la que habitan originalmente los pue-blos tarahumaras (rara•muri), tepehuanos (Ûdami), Pimas (oíoba) y guarijÌos (warojÌos). La Tarahumara esta constituida por la Sierra Madre Occidental y es la región forestal más grande de México.

Abarca diecisiete municipios aun cuando no hay acuerdo al respecto comparten una compleja rea-lidad que se entreteje a partir de lo que sucede en términos de la explotación de los recursos naturales, de las relaciones que dan cuenta de la pluralidad cultural y de los conflictos interétnicos, de las características Sociodemográficas de la población y de las profundas diferencias en lo económico. Además, se desarrollan en la actualidad megaproyectos que abarcan actividades económicas en lo forestal, la minería y el turismo.

Al tomar como tema a la tarahumara cualquiera piensa que vamos a hablar sólo de las las majestuosas barrancas del cobre, de su riqueza forestal (5,000,000 de hectáreas de bosque de pino, solo para que compare, Finlandia tiene poco más o menos la misma extensión de bosque y exporta madera y papel, nosotros importamos ), y su recientemente descubierta aurea riqueza toda en poder de compañías canadienses por obra y gracia de los gobiernos neo-liberales que aquejan a la patria.

Pero la tarahumara es más que eso, la tarahumara encierra en su recóndito escenario y en su inigualable esplendor de joya de la naturaleza mexicana, una realidad que debe ser discutida con pasión porque en ella no hay puntos medios, la tarahumara encierra lo excelso de su riqueza y lo trágico en su realidad, la tarahumara es por decirlo de algún modo el pén-dulo de siglos para México, la bonanza y el abandono, se ha vivido en sus minas de oro la abundancia y el vacío en la distribución de la riqueza, la exuberancia de su bosque y la lacerante erosión, la tarahumara es ese claroscuro que todos hemos observado alguna vez cuando vemos la dignidad del indio erguido en su lugar de origen y lacónico y evasivo en una ciudad, que no le mostró con las reglas de juego que de él reclama.

Es necesario hablar de la tarahumara, como de ese claroscuro que nos da la realidad, más allá de folclore el inmovilismo al que se quiere sujetar al indio como un símbolo que se niega en lo real aun, cuando se exalta en lo ideal.

Esta reflexión que podrá parecer simplista, en realidad hoy en cada ciudad de Chihuahua en la que un Rara-muri con su familia ha emigrado, muchos gritan “son flojos”, “no trabajan”, otros dicen; “no son capaces ni de hablar”, “son seres que no se incorporan a lo moder-no” exclaman los más, pero la pregunta es ¿han tenido ellos la oportunidad de aprender a luchar con las armas que la sociedad urbana les exige?.

Es evidente que no; es real que desde siglos atrás vienen perdiendo esa batalla, ¿la razón? ellos tienen reglas diferentes, ellos son mexicanos, cierto, son chihuahuenses también pero son diferentes, porque en su ser Rara-miri están dadas realidades ancestrales, cultura, tradición, hábitos pero sobre todo explotación todas esas cosas que se guardan como patrón genético, como testimonio milenario de generaciones que les precedieron, ellos son indios y no por eso son inferiores, sólo son diferentes, en consecuencia deben ser entendidos y atendidos con el respeto que merece su singularidad.

Hablar del Rara-muri sin hablar del bosque sería incompleto, él es quien se supone posee estas extensiones de riqueza, pero sólo en lo escénico, porque cuando el pino cae y se torna madera cubicada salen otros dueños, los arrendadores, los caciques, los madereros que en un continuo peregrinar a través de los camiones de transporte de madera llamados troceros, están acabando con el más grande macizo de bosque ya que entre la Sierra Tarahumara y la de Tepehuanes se concentra un tercio de la riqueza maderera de México.

El bosque es además de ma-dera un espacio que favorece la existencia de la vida silvestre, la fauna tan rica en otro tiempo poseedora de especies como el lobo mexicano, el oso gris (extinto) y negro, el puma les está viendo extinguirse, suerte similar pueden correr otras especies como las águilas reales símbolo de la mexicanidad, los venados y guajolotes silvestres que en parvadas enormes proveían junto con los ardillo-nes hasta hace no mucho el alimento de los Rara-muri. Aquí cabe la pregunta ¿Cómo queremos que los Rara-muri no se extingan? (su número no excede las 100,000 personas) si antes de ellos, su hábitat se está acabando, porque la suerte de bosque será la suerte del rara-muri y con ambos vendrá el problema del agua.

Quizás el vital liquido sea el detonante de la tan esperada respuesta de respeto que exi-ge la Sierra Tarahumara, ¿La razón?, fácil, en ella va la sobrevivencia de muchos, la mayoría, habitantes de lugares tan distantes que bien pueden estar en ciudades del Sureste de Texas o en el próspero Valle del Fuerte, en Sinaloa, el Yaqui en Sonora cuyas riquezas probadas en recurso agrícolas que generan anualmente se miden en cientos de millones de dólares que deben en mucho su prosperidad al agua que guarda en sus entrañas el bosque de la tarahumara.
Hoy después de un deterioro forestal en un ritmo tal que ahora, los grupos humanos, la fauna y el bosque se hallan en crisis, y nosotros con ellos y me refiero a la crisis del no hacer del dejar pasar y del esperar que algo suceda, viendo como año con año desde hace ya va-rios gobiernos se juega las vencidas entre el gobierno federal y estatal unos diciendo que no hay crisis ni sequía que ameri-te la erogación los 10,000 mi-llones de pesos presupuestados por el congreso, otros desde el plano estatal usando y aun abusando de noticias alarmistas para ganar fondos que muchas veces ni siquiera cumplen la función de servir a los destinatarios.

La hambruna de hoy en la Tarahumara no es nueva, data desde la época colonial cuando los Rara-muri fueron conquistados y despojados de su te-rritorio, por parte de culturas dominantes de Europa que con un rostro despiadado de exterminio y colonización hizo que los indígenas se remontasen a la montaña y el barranco como Regiones del Refugio.

Si bien la revolución les devolvió la tierra, no los educo, ni les proporciono créditos y tecnología para la explotación forestal. Quizá amigo lector, Ud. Ha observado en los noticieros la entrega de ayuda humanitaria y ha visto a los Rara-muri a la orilla de extensos bosques de pino, pero de ellos es la tierra no su usufructo.

En su gira por Centro-América la semana pasada, El C. Presidente de la República, anuncio con bombo y platillo la donación de 54 millones de Dólares en ayuda humanitaria para los hermanos de Haití, ¿y los Rara-muri, no son su primera necesidad?

Toca hoy a todos los mexicanos dar una respuesta que vaya más allá de las despensas y las cobijas, exijamos que se respetasen a sus animales, se respetasen sus bosques y se respeten sus ríos.

Exijamos el fin de la explotación de los Rara-muri, que se les de el usufructo de sus bosques y de sus minas, entonces, solo entonces, el frío, el hambre y la sed Rará-muri se saciaría.

La solución es integral y estructural y exige ya no misericordia (aunque en el corto plazo urge) expresada en dádivas, sino voluntad política, justicia, educación y salud, es por ahí donde hay que dar la batalla, que enfatizo no es electoral señores políticos de cualesquier partido, así sean ustedes fede-rales estatales o municipales.

La batalla es contra los enemigos de siempre explotación, hambre, ignorancia corrupción y miseria. Contra ellas es la lucha.

 


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