Domingo, 08 de Febrero de 2026
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Semana del 15 de Julio al 21 de Julio de 2011

Vivir en la obscuridad

Vivir en la obscuridad

Marcelo Ernesto Tovar Zanella



Hace 7 años, Jorge Álvarez García mejor conocido como “Chelelo”, nunca imaginó que las consecuencias de llevar una vida de irresponsabilidad lo condenarían a vivir en un mundo de sombras.

Su vida de ingobernabilidad y su acercamiento con el alcohol y las drogas, la creencia de que a él no le pasaría nada y que sus actos jamás tendrían consecuencias, lo llevaron a que una mañana de jueves el mundo se apagara para el, “Trabajaba en un negocio cuidado carros, estaba yo platicando con una señora y de repente comencé a sentir muy caliente en mis sienes y detrás de la cabeza, le pregunté a esa persona ¿ya se metió el Sol? Y me respondió –no, sí está el solazo muy fuerte-, en ese momento ya no veía nada”.

En aquel entonces “Chelelo” tenía un perro, al que había recogido de la calle y le había dado alimento, con una franela que traía, lo lazó del cuello y así con ayuda del canino logró llegar hasta un taller mecánico en donde lo dejaban pernoctar, “el taller estaba entre la mitad de Tampico y Ciudad Madero, cuando llegué le dije al dueño lo que me pasaba, me dijo que pasara ahí la noche. Durante algo de tiempo él me acercaba un taco y me ayudaba a encontrar el baño, pero como yo no veía no sabía donde estaba la puerta y no salía, así duré un mes ahí encerrado”.

Con la ayuda de algunos buenos samaritanos, los vecinos lograron juntar una cantidad de dinero para llevarlo al Hospital Canseco, lugar donde le prometerían recuperar la vista sólo si seguía un tratamiento y ponía fin a su vicio. No obstante el miedo y la falta de fuerza de voluntad lo hizo refugiarse nuevamente en el alcohol, “tenia miedo, ahí en taller donde dormía yo me robaba las botellas de tiner y las inhalaba, pero después pensé en que así como estaba, nadie se haría cargo de mi así que decidí buscar a mi papá, quien trabajaba de chofer de autobuses, cuando lo localicé y le platiqué todo me dijo que me ayudaría con la condición de que dejara el vicio”.

Tal parecía que las palabras de su padre hicieron mella en su orgullo y no atendiendo a ellas, durante un año se mantuvo así, con su problema de visión y su vicio. Fue hasta que llegó un compañero de parrandas y de jerga que lo invitó a acercarse a aun grupo de ayuda, su amigo tenia ya 2 años sin beber y sin drogarse y estaba tratando de rehacer su vida, “mi amigo me insistía, pero yo me rehusaba ha hacerle caso; tanto que me seguía drogando; en una ocasión que yo estaba bajo la influencia del alcohol al tratar de salir del taller donde me quedaba, me brinque una barda y me encaje en la mano la punta de una de las protecciones; pero de lo drogado que estaba sólo me enrede una camisa en la mano y me regrese al taller a dormir”.

Su vicio no le permitía ver la gravedad de su lesión, fue hasta el siguiente día que salio del taller con rumbo del negocio donde cuidada coches, “llegué a donde trabajaba y me acerque a un coche y les dije –les cuido el carro-, pero los ocupantes me contestaron –y que vas a cuidar si somos patrulleros-, entonces los policías se percataron de mi lesión y de inmediato me prestaron auxilio y me llevaron al Hospital Canseco, me cosieron y lavaron la herida; pero aunque me ofrecieron de comer yo lo que quería era seguir tomando”.

Todo indicaba que no aprendía de sus errores, incluso después de salir del nosocomio, camino por la avenida Hidalgo hasta llegar al Hospital del ISSSTE donde se puso a pedir limosna, juntó lo suficiente para comprar una botella de solvente y se retiró del lugar, pero justo antes de llegar a donde dormía se encontró con un viejo amigo, “mi compañero me vió y me regaló una camisa, se percató de mi vicio y me lo retiró trató por última vez de hacerme entrar en razón pero yo estaba muy cerrado ha hacer caso, después muchos de los que me ayudaban comenzaron a cerrarme las puertas, comencé a temer que quien me daba alojo también me arrojada a la calle”.

Pasaron días y era evidente que la higiene personal de “Chelelo” se iba mermando, su peso era muy bajo comparado con su estatura, la suerte se le terminada, lo acusaron de robo pese a que no podía ver, casi fue atropellado y las oportunidades se le estaba terminando. Sin embargo había una última oportunidad para salir del vicio y poder tener una vida normal.

 


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