Viernes, 19 de Junio de 2026
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La verdad detrás de las promesas

La verdad detrás de las promesas

Héctor de Luna Espinosa



Hoy quiero empezar con una verdad que todos conocemos muy bien: a los seres humanos nos cuesta mucho cumplir nuestra palabra. Todos hemos estado en ambos lados de la moneda: hemos roto promesas y nos han roto promesas. A veces fallamos por olvido, otras por falta de recursos y, muchas veces, simplemente porque la vida se complica y las circunstancias cambian. Es parte de nuestra naturaleza imperfecta.

En la Biblia, en el libro de Eclesiastés, capítulo 5, versículos 4 y 5, encontramos una advertencia muy honesta sobre esto. Dice así: "Cuando a Dios hagas promesa, no tardes en cumplirla, porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas".

Este pasaje nos recuerda la seriedad de nuestras palabras. A veces, en momentos de desesperación, de emoción o de miedo, somos muy rápidos para decir: "Dios, si me sacas de este problema, te prometo que cambiaré", o "te prometo que haré esto o aquello". Prometemos a la ligera, pero el texto es directo: para Dios, las palabras tienen peso y es mejor ser honestos y callar antes que ofrecer un compromiso que no vamos a sostener.

La buena noticia es que, aunque nosotros fallamos, la historia no termina ahí. Existe un contraste maravilloso: nosotros cambiamos de opinión, pero Dios no; nosotros nos quedamos sin fuerzas, pero él no. La Biblia nos asegura que Dios opera de una manera completamente diferente a la nuestra. En el libro de Números, capítulo 23, versículo 19, se explica con mucha claridad esto: "Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?".

Para los que tienen dudas, Dios siempre cumple. Él no miente, no se arrepiente de sus planes y no se ve limitado por el tiempo ni por las circunstancias. Si él lo dijo, se va a cumplir. De hecho, al final del libro de Josué, en el capítulo 21, versículo 45, se hace un recuento de todo lo que el pueblo de Israel vivió y el autor escribe: "No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió".

Ahora, tal vez te preguntes cuáles son esas promesas en las que hoy puedo esperar y confiar. Permíteme compartirte tres de ellas.

Primero, Dios te promete su presencia constante. En el libro de Josué, capítulo uno, versículo 9, él te dice: "No temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas". Así es que no estás solo.

Segundo lugar, Dios te promete paz en medio de la tormenta. En el evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 27, Jesús nos asegura: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo". Así es que él te da una paz que no depende de que las cosas a tu alrededor estén bien o no.

Y, en tercer lugar, Dios te promete fuerza y restauración. En Isaías, capítulo 40, versículo 29, nos dice: "Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas". Así es que, cuando tú ya no puedas más, su fidelidad está presente y te levanta.

Si hoy te sientes decepcionado porque alguien te falló, o si te sientes culpable porque tú le fallaste a alguien, o incluso a Dios, quiero invitarte a quitar la mirada de la debilidad humana. No podemos basar nuestra paz en las promesas de las personas. Nuestra verdadera seguridad está en descansar en la fidelidad de un Dios que nunca llega tarde y que no se olvida de lo que ha dicho.

Te invito a cerrar este momento con una oración.

Bendito Dios, hoy nos acercamos a ti reconociendo nuestra fragilidad. Te pedimos perdón por las veces que hemos hablado a la ligera y no hemos cumplido nuestra palabra. Gracias porque, a pesar de nuestras fallas, tu fidelidad permanece intacta. Hoy decidimos descansar en tus promesas. Oramos por cada persona que escucha este mensaje. Sana los corazones heridos por promesas rotas, llena de paz los pensamientos con tu presencia y renueva las fuerzas de quien hoy se siente cansado. Confiamos en que tú tienes el control y que lo que has dicho para nuestras vidas lo cumplirás. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.

 


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