Héctor de Luna Espinosa
Goliat era un guerrero gigantesco, medía casi 3 m, atemorizaba a los israelitas y exigía un combate cuerpo a cuerpo para decidir qué pueblo sería esclavo del otro.
David llegó al campamento para llevar provisiones a sus hermanos y escuchó las burlas del gigante. Indignado porque Goliat desafiaba al Dios viviente, se ofreció a pelear. Cabe mencionar que el hombre se impresiona por las apariencias, no ve el corazón. Dios es diferente, él no juzga por la apariencia ni por la inteligencia. Sin embargo, el Rey Saúl no había aprendido eso, así que miró a David y le dijo: no tienes la estatura para eso, eres solo un niño, mira ese gigante.
Les leo lo que dice el primer libro de Samuel, capítulo 17, versículos 32 y 33:
"Y dijo David a Saúl: no desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. Dijo Saúl a David: no podrás tú ir contra aquel filisteo para pelear con él, porque tú eres muchacho y él un hombre de guerra desde su juventud".
Me lo imagino, David pensaba: ¿cuál gigante? El único gigante en mi vida es Dios, ese de allá es un enano. A Dios no le impresionan las apariencias, él mira el corazón. Dios es omnipotente y, si está de mi lado, lo derrotaremos. Mi Dios no puede perder.
El Rey Saúl intentó que David usara su armadura, pero al ver que le quedaba grande y pesada, se la quitó. David tomó su callado, 5 piedras lisas y su honda.
Luego, Goliat se burló al ver a un muchacho desarmado, pero David le respondió que él peleaba en el nombre del Señor de los ejércitos de Israel. Entonces David lanzó una piedra con su honda, la cual se incrustó en la frente de Goliat, derribándolo. Acto seguido, lo decapitó con la propia espada del gigante, provocando la huida del ejército filisteo.
Así fue como el joven David, confiando plenamente en Dios, aceptó el reto ignorando el miedo de los soldados y derrotó al gigante usando solo su honda, una piedra y el nombre del Señor.
Te pregunto: ¿hay gigantes que te tengan paralizado a causa del temor? Piensa que Dios es más grande que cualquier gigante. Refúgiate en el Dios de lo imposible, tómate de sus promesas.
Concluye leyendo lo que él te dice en Isaías 41, los versículos 10 al 13:
"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo. Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. Buscarás a los que tienen contienda contigo y no los hallarás; serán como nada y como cosa que no es aquellos que te hacen la guerra.
Porque yo soy el Señor tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: no temas, yo te ayudo".
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