Héctor de Luna Espinosa
¿Te has preguntado qué hizo Jesús después de haber resucitado? No ascendió inmediatamente al cielo. Después de su resurrección, hay parte de la historia que solemos pasar por alto, ya que celebramos la tumba vacía, pero inmediatamente avanzamos hasta la ascensión. Sin embargo, los 40 días entre la resurrección y la ascensión no fueron en absoluto silenciosos. Jesús fue activo, intencional y pastoral.
¿Qué estaba haciendo? La respuesta no es solo histórica, sino personal. Esos 40 días no fueron de relleno; fueron intencionales y nos revelan algo sobre el corazón de nuestro Salvador y cómo Él guía a su pueblo incluso hoy.
Analicemos cinco razones por las que Jesús permaneció en la tierra durante 40 días después de la resurrección.
Número uno: demostró que realmente estaba vivo. En un mundo de incrédulos, e incluso de discípulos que dudaban, Jesús dejó claro que había resucitado de verdad. Se presentó ante ellos, habló con ellos, les mostró sus cicatrices y hasta comió con ellos. Se apareció primero a las mujeres en el sepulcro, luego a Pedro, después a los dos discípulos en el camino a Emaús, luego a los diez discípulos que estaban a puerta cerrada, después a Tomás y, finalmente, a más de 500 personas a la vez. Pablo lo describió de la siguiente manera en 1 Corintios 15:5-8: "y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí".
En segundo lugar, Jesús afirmó la verdad de la Palabra de Dios. Por ejemplo, a los caminantes a Emaús les abrió las Escrituras. En medio de su confusión, les afirmó en Lucas 24:26-27: "¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria?". Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían. Cristo resucitado no solo apareció; Él enseñó, interpretó las Escrituras y demostró que Dios cumple su Palabra.
En tercer lugar, también fortaleció la fe de sus seguidores. Los discípulos estaban confundidos y tenían miedo, y Jesús aparecía en habitaciones cerradas, caminaba por los caminos, compartía las comidas con ellos. Se presentaba en su confusión no para condenar, sino para consolar. ¿Recuerdan a Tomás? Él no estaba presente cuando Jesús se había aparecido, y luego dijo: "Si no lo veo, no creeré". ¿Qué hizo Jesús? Regresó, le mostró a Tomás sus manos y su costado, y Tomás respondió con adoración: "Señor mío y Dios mío".
En cuarto lugar, Jesús movilizó a sus discípulos para la misión. El Cristo resucitado no solo fortaleció a sus seguidores, sino que les encomendó una misión: la gran comisión. Mateo 28:18-20 nos dice: "Y Jesús se acercó y les habló, diciendo: ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén’". Antes de ascender, se aseguró de que conocieran su misión: hacer discípulos, predicar el evangelio, bautizar a los creyentes, enseñarles obediencia y saber que estaría con ellos hasta el final.
Y por último, número cinco: Jesús nos preparó para su regreso. Finalmente, Jesús se quedó 40 días para darles a sus discípulos un adelanto de lo que estaba por venir. En Hechos capítulo 1 dice que, mientras aún miraban hacia arriba su ascensión, aparecen dos ángeles y dicen: "Este Jesús vendrá de la misma manera en que lo han visto ir al cielo". Esto no fue una despedida; fue un "hasta que vuelva".
Los 40 días entre la resurrección y la ascensión nos recuerdan que Jesús aún no ha terminado la historia. No ha concluido; la misión sigue vigente, y el Rey que resucitó regresará algún día.
En conclusión, Jesús se quedó para demostrar que estaba vivo, para confirmar las Escrituras, para profundizar la fe de sus seguidores, para movilizar a los discípulos para la misión y para prepararnos para su regreso. Y sigue haciendo lo mismo hoy en día: Él nos acompaña en nuestras dudas, nos abre su Palabra, nos llama a su misión y nos recuerda que nuestra esperanza sigue viva, y que Él, nuestro Rey, regresará.
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