Lunes, 24 de Febrero de 2020
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 24 de Enero al 30 de Enero de 2020

Nuestro trabajo y el de Dios

Nuestro trabajo y el de Dios

Rodolfo del Ángel del Ángel


Sólo hay un amor que permanece y es perfecto; ese es el amor de Dios; es un amor que espera paciente, y paciente trabaja en nuestra vida. No abandona la ingrata tarea de moldearnos, y es que ¡somos difíciles! Tratamos de resistir el trabajo de su gracia, nos empeñamos en echar a perder lo que el de manera tan dedicada ha hecho en nuestra vida ¡Somos barro que se revela, que se niega a ser formado por la manos admirables de Dios! Sin embargo, él no renuncia, insiste. Vuelve a tomar el barro sucio y sin forma de nuestra existencia y vuelve a comenzar una y otra vez.

¿No es verdad que nosotros somos muy diferentes? Nosotros renunciamos, abandonamos muy pronto la tarea de tratar de influir positivamente en aquellos sobre los cuales somos responsables. Pienso en el maestro que se rehúsa a tratar de enseñar al alumno difícil que parece no tener ningún interés en aprender, pienso en el padre o la madre que desespera en la tarea de educar y formar al hijo que es de carácter difícil y rebelde, pienso en el pastor (y vaya que eso me incluye) que no desea insistir más en cuidar de la oveja que es de difícil trato ¡tendemos a renunciar muy pronto a la tarea! Claro, no es asunto de ignorar los límites necesarios, o de no ejercer autoridad, o de justificar conductas inaceptables. Recordemos que el amor de Dios es también disciplina, instrucción, formación del carácter. A veces Dios moldea el barro, pero también con frecuencia cincela la piedra dura para darle forma y el proceso, sin duda, puede ser doloroso. A lo que me refiero es que Dios no abandona la tarea, no pierde la fe en su criatura, insiste y trabaja hasta lograr un resultado.

Si, claro, habrá casos en los que aún el trabajo más paciente que podamos realizar como maestros, padres o pastores no verá de manera inmediata ningún resultado alentador. No obstante, no debemos renunciar a llevar a cabo la tarea que nos corresponde, porque nosotros podemos ser la diferencia en la vida de quien Dios ha puesto en nuestra manos por un tiempo, nuestra influencia puede ser la causa para que la balanza se incline hacia el bien en el futuro de esa persona.

Cada persona es una especie de apuesta al futuro, nosotros hoy invertimos tiempo, cuidado, educación y mantenemos la fe y la esperanza de que, a fin de cuentas, todo ello tendrá un resultado que haga valer la pena el esfuerzo.

Si, es verdad que a veces tenemos más razones para desalentarnos que para sentirnos animados a seguir educando, no obstante, recordemos que Dios trabaja y sigue trabajando en nuestra vida con insistencia y con amor , y ello no solo es un modelo de cómo debiéramos nosotros trabajar en la vida de aquellos quienes han sido confiados a nuestro cuidado, sino que también nos recuerda que él, en su gracia, hará que todo acto de amor, y todo esfuerzo por moldear a otros para que sean mejores persona sea bendecido con su ayuda.

Dios se agrada que imitemos su disposición amorosa y paciente de trabajar en las vidas de otras personas para que puedan ser mejores hijos, mejores aprendices, mejores discípulos.

Pidámosle a él que nos conceda más paciencia, más habilidad e inteligencia para hacer la tarea que nos toca en la formación de otras vidas. Sin duda vale la pena el esfuerzo ¡Estamos gestando una nueva generación y con ello un nuevo mundo! Vaya oportunidad, vaya responsabilidad.

 


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