Víctor Manuel Tovar Glz.
No cabe duda. Soplan vientos de fronda electorales en nuestro México que empujan las barcas de los partidos políticos hacia puertos de triunfo en las urnas de intermedias elecciones. Esa es la razón que explica él por qué el Jefe de Gobierno de la Capital mexicana, anuncia que encargará un estudio al prestigiadísimo Instituto de Investigaciones económicas de la UNAM, y a los no menos prestigiados Centro de investigación y docencia económica (CIDE) y Escuela superior de Economía del Politécnico, para analizar las formas y tiempos en que deberán realizarse incrementos a los mini salarios en el D.F. Esta medida aunque nos parece a todas luces lectoral, no deja de ser congruente, ya que el Dr. Miguel Mancera es un hombre de izquierda, y fue precisamente uno de los más brillantes revolucionarios, el Gral. Francisco J. Mújica, de indudable militancia de izquierda quien impulso que esta medida se plasmara en la constitución.
Pero los que no se midieron fueron los sepulcros blanquiazules, quienes atreves de su presidente nacional el Sr. Gustavo Madero anunciaron que ellos exigen un aumento a los salarios mínimos.
Si no fuese por el tema electorero, sería impensable que los sepulcros blanquiazules, aliados eternos de las causas más reaccionarias, y aplaudidores en su tiempo de los famosos pactos por México, en los que los empresarios retrógrados del país (no la clase empresarial pujante y dinámica) aliados del gobierno y los sindicatos blancos y charros, negociaban la depauperación de los trabajadores.
Fue a raíz de la crisis económica de los setentas, que surgido con más fuerza que nunca la posición neoliberal que reivindica salir de la crisis gracias a un esfuerzo en la moderación salarial, que era la meta de los famosos pactos por México.
Dicen los economistas neoliberales, gurús de los políticos blanquiazules, que los graves problemas que tenían, y tienen en sus economías nuestro país y otras naciones periféricas se deben a que sus ciudadanos disfrutan de unos salarios demasiado elevados. Según estos economistas lo que estos países tendrían que hacer sería impedir que los salarios suban o que incluso bajaran, porque de ese modo aumentaría la competitividad del país y se saldría de la crisis. Por esa razón todos los debates de economistas neoliberales y politicastros de la misma ralea están repletos de referencias al ajado concepto de la competitividad.
En la esquina tricolor y sus aliados verdes y panaleros, entran en el citado debate, argumentando que un incremento en los mini- salarios, aumentarían la inflación, evaporando con ello el poder adquisitivo, y refuerzan sus argumentos recordándonos lo que paso en tiempos de la Presidencia de Don José López Portillo, donde la política de incrementar salarios por decreto nos llevó a inflaciones del 200%. Independientemente de que este debate salga a la luz en tiempos electorales, vale la pena enfrascarnos en los vericuetos del tema, ya que de ellos pueden salir medidas que de verdad nos permitan evitar la crisis creando más empleo y disfrutando de mayor bienestar. Todo lo contrario, nos llevarían directos a otras medidas cada vez de peores consecuencias.
Nosotros para plantear nuestras ideas, podemos empezar planteando qué es realmente la competitividad de un país.Técnicamente hablando, la competitividad se define como la capacidad que tiene un determinado país para vender sus propios productos en los mercados internacionales en oposición a la capacidad de otros países competidores.
Así, si México consigue vender sus productos a un precio de 10 dólares la unidad mientras que el resto de países venden el mismo producto a 5 dólares, decimos que México es menos competitivo que el resto de países. Como es menos competitivo exportará menos productos, ya que los consumidores preferirán comprar los productos que cuestan 5 dólares a los que cuestan 10.
En un sentido microeconómico esas empresas mexicanas que no pueden vender sus productos (porque los de la competencia lo hacen con menores precios) correrán el riesgo de quiebra y, por tanto, procederán al despido de trabajadores y destrucción de empleo. En un sentido macroeconómico y debido a que las exportaciones forman parte del Producto Interno Bruto (PIB) se argumenta también que menos exportaciones suponen un menor crecimiento económico que llevará consigo menos empleo.
Explicado así, se puede observar que el elemento diferenciador está en el precio de venta de los productos.
La solución planteada por los neoliberales no deja lugar a equívocos: es necesario que los productos se vendan más baratos y para eso es imprescindible que los costos de producirlos se reduzcan, por lo cual el salario que es el más importante de esos costos tiene que rebajarse.
El salario es muy cierto, a nivel microeconómico es un costo pero a nivel macroeconómico es también un componente fundamental de la demanda, es decir, de la capacidad de consumo de una economía. Si los salarios bajan para todos los trabajadores, entonces la capacidad de consumo global también será mucho menor y los empresarios tendrán menos posibilidades de vender todos los productos que producen.
Esa paradoja explica un hecho bien conocido por la historia económica. Cuando una economía entra en crisis, se producen despidos y, por tanto, también se reduce la capacidad de consumo global porque muchos de los trabajadores que disponían de salarios dejan de tenerlos. Con menor capacidad de consumo las empresas venderán menos y, como venderán menos, tendrán que despedir trabajadores o bajar salarios para mantenerse a flote. Como cualquiera de esas dos opciones también produce un nuevo descenso de la capacidad de consumo... se produce un círculo vicioso de despidos y caída del consumo que durará hasta que la economía pueda reactivarse mediante mecanismos externos como la actuación del Estado o fenómenos como las guerras que provocan una movilización masiva de los recursos.
Durante la Gran Depresión de la década de 1930 del siglo pasado se pudo comprobar cómo ese círculo vicioso amenazó con destruir definitivamente la economía mundial, y los economistas no liberales aprendieron muy bien la lección.
Por esa razón, por ejemplo, promovieron planes de estímulo público que tenían como objetivo proporcionar de forma masiva empleo a los trabajadores a fin de que sus sueldos sirvieran para comprar los productos de las empresas que estaban sin poder vender.Además se establecieron medidas de la misma filosofía, como aumentar el salario mínimo o establecer prestaciones por desempleo, las cuales no sólo reducen los problemas sociales sino que además mitigan los efectos perjudiciales de la caída del consumo, ya que aunque los trabajadores pierden el salario siguen recibiendo dinero del Estado que volverá a la economía por el lado del consumo.
Por todo ello, promover la rebaja salarial en una economía (y máxime en época de crisis) es empobrecer no sólo a los propios trabajadores sino también a la economía en su conjunto y por supuesto a sus propias empresas. Rebajas en los salarios acompañadas de la supresión de medidas de prestaciones sociales y de una reducción generalizada del gasto público sólo pueden llevar a un estancamiento de la crisis, pues la economía carecerá del impulso necesario para superarla. Y, de hecho, eso es lo que está ocurriendo desde que los gobiernos, siguiendo la presión de los bancos y de las grandes empresas interesadas sólo en cobrar sus deudas y asegurarse su poder de mercado, acordaron por desgracia suprimir los programas de gasto y apoyo a la actividad económica.
Y termino con esta explicativa frase de alguien que si sabe de esto Don Carlos Slim. “No es importante el PIB (Producto Interno Bruto), no es importante si el PIB crece 2, 1 o menos 1, de hecho no creo que el crecimiento del PIB sea ni significativo en estas condiciones y que seguramente será muy malo (…) lo que hay que cuidar es la masa del empleo, y sobre todo el nivel salarial”. Y no es frase de los dientes para afuera, pregunten a los trabajadores de Telmex si son mal pagados.
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