Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 11 de Abril al 17 de Abril 2014

Plena humanidad

Plena humanidad

Rodolfo del Ángel del Ángel



El libro del Génesis nos ofrece dos relatos de la creación del hombre y la mujer que son diferentes en sus detalles. No obstante, cuando consideramos ambas narraciones y las colocamos lado a lado nos dan una perspectiva apropiada no solo del origen de todo lo creado, sino del lugar que la criatura humana ocupa en el escenario de la creación de Dios.

El primer relato (Génesis 1) pone de relieve el hecho de que la criatura humana fue colocada como la corona de todo lo que Dios formó. Ese ambiente perfecto de una creación buena y generosa era el espacio para que el ser humano viviera cultivando la creación, disfrutando de sus beneficios y glorificando a Dios en todos sus actos. El relato nos dice que tanto Adán como Eva fueron formados a imagen y semejanza de Dios y no establece ninguna categoría o jerarquía como para pretender que uno de ambos tuviera mayor valor, poder o derecho sobre la otra persona. El mandato de cultivar la creación de Dios, es decir de cuidar de todo lo que Dios hizo y de hacerlo florecer, fue un mandato para ambos. El llamado divino para el hombre y la mujer sin distinción fue el de ser colaboradores en la tarea de cuidar de todos los bienes y bendiciones que Dios les concedió. Cualquier idea, pensamiento, filosofía, aunque pretenda llamarse cristiana, que excluya a la mujer como una colaboradora activa al lado del hombre en todas las tareas culturales en el mundo ignora esta categoría fundamental establecida por Dios desde el principio.

El segundo relato (Génesis 2), refiere la creación del hombre y de la mujer como ocurriendo en dos momentos diferentes: Primero el varón, luego la mujer. El relato está lleno de detalles estilísticos, de figuras del lenguaje que añaden un tono poético a la narración. La mujer es creada de la costilla del varón en tanto que éste ha caído en un profundo sueño. La intención del relato es mostrar como la comunidad humana del varón y la mujer constituyen la plena humanidad. No hay razón para creer que el varón tiene una posición de jerarquía o privilegio sobre la mujer basado en el orden en que fueron creados. Más bien, el relato quiere comunicarnos la idea de que el ser humano solo, sin compañía y comunidad humana, no es un ser pleno. La dimensión social humaniza, la compañía grata de otra persona enriquece nuestra humanidad y la llena de significado. La idea sería que el varón no es sin la mujer, ni la mujer sin el varón ¡La humanidad los incluye a los dos!

Vemos la importancia, entonces, de superar esos viejos prejuicios culturales con los que tantas veces hemos pretendido justificar, incluso con la Biblia misma, de que la sujeción de la mujer implica un valor o una condición supeditada al varón. Los relatos del Génesis nos llevan a considerar al hombre y la mujer en una relación compartida de pertenencia mutua y corresponsabilidad con una tarea común. Esto no desaparece las diferencias de género, más bien las enriquece, porque el hecho de que hombre y mujer se correspondan hace posible la existencia de la comunidad humana a través de relaciones generadoras de vida y bienestar.

 


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