Fernando Díaz de Leon C.
Los usos y costumbres y toda esa trama que envuelve a los procesos de sucesión y selección interna de los candidatos del PRI a los diferentes cargos de elección popular, siguen íntegros, a salvo, intactos. Permanecen incólumes y arraigados en sus estructuras, pese a los nuevos vientos de renovación que aseguran existen.
La cultura del tapado, ha vuelto a recobrar fuerza con el regreso del tricolor a la presidencia de la República, y toda señal, gesto o mensaje enviado, tiene un profundo significado, lleva como regla no escrita un claro interés y una verdadera intención política,- a veces sana a veces no, pero al final del día, lo que se busca es instalar una tendencia o simplemente la duda.
Muchas veces, quienes le dedican un buen tiempo al análisis político o quienes observan en retrospectiva o prospectiva los escenarios políticos, sienten que la razón asiste porque estiman que sus juicios están llenos de verdad absoluta o por lo menos aproximada de la realidad política.
Lo cierto es, que frecuentemente se equivocan o simple y llanamente se van con la finta de algo o con alguien cuando de hablar se trata de posibles candidatos a la gubernatura del estado. Eso es justamente lo que abre el camino a la especulación, le pone sabor y color y hace más atractivo un proceso que está en puerta.
Valgan estas reflexiones, por las señales que recientemente se han estado enviando para explorar como se encuentra el ánimo de la opinión pública y como es que se percibe a varios de los aspirantes a la candidatura del PRI al gobierno del estado. La presencia de José Ramón Martell,- por ejemplo, en una de las giras oficiales del gobernador del estado Fernando Toranzo Fernández por la Huasteca potosina, pudo alentar o despertar esperanzas en algunos, pero a otros en definitiva los destanteó, a lo mejor solo de eso se trataba y se fueron con la finta.
El mandatario estatal podrá no tener la cualidad de un político completo, pero tampoco es un hombre ingenuo como para no saber que la incorporación de Martell López a esa gira haría mucho ruido y despertaría inquietudes. ¿Por qué lo hizo?,- bueno, porque por principio de cuentas en su condición de jefe político en el estado, es libre para invitar a quien le dé su real y regalada gana, y en segundo porque en el fondo su interés pudo tener solamente como propósito y fin “enviar señales equivocadas”.
Si finalmente ese es el objetivo perseguido, entonces sería prudente que no nos vayamos con la finta por el hecho que varios de los que se han mencionado están siendo constantemente bien placeados. Varios de ellos se han convertido en una especie de rémoras al lado del gobernador, por lo que no descartemos lo siguiente:
Después de la pauta marcada por el líder nacional del PRI, Cesar Camacho,- hoy por hoy, lo mismo vemos a Mario García Valdez acompañando a Toranzo por el interior del estado, que a Cándido Ochoa Rojas, a Fernando Pérez Espinoza y a Juan Manuel Carreras López, presidiendo actos oficiales al lado del mandatario o inaugurando una Feria como la de Ciudad Valles.
Entre estos personajes, o entre los círculos más cercanos a ellos, las especulaciones y argumentos de descalificación surgen todos los días. De Mario García Valdez, se dice,- por ejemplo, “que el tiempo de crecer se le terminó, que no ha despegado y que gradualmente se ha ido desinflando, que no gobierna hacia el interior del municipio,- que serán más las dificultades que enfrentará que las posibilidades que tendrá para la nominación, y que la avenida Muñoz será su peor pesadilla y principal coco”.
De Cándido Ochoa Rojas, se insiste en que su nivel de posicionamiento e influencia no tiene un origen soportado en la inteligencia calculada o planeada, ni tampoco por la cualidad de un político que actúa o se mueve con una estrategia definida. Las virtudes que le conceden, se restringen a su habilidad de sesgar a su favor la información que transmite al gobernador del estado para la toma de algunas decisiones importantes.
De Fernando Pérez Espinoza, se dicen muchas cosas. Podrán o no tener consistencia pero en los círculos locales y en el interior del estado, se da por un hecho de que si no es el candidato del PRI al gobierno del Estado, no pretendería intentar la candidatura a la presidencia municipal, y en todo caso buscaría contender con otras fuerzas políticas,- y que para ello se propone,- aseguran, amarrar una alianza con el importante grupo económico de los Árabes, que divididos o no, han trabado algunas alianzas políticas con varios de los principales actores dentro del PRD.
En cuanto a Juan Manuel Carreras, sus principales adversarios que vieron en él,- desde su instalación misma en la Secretaría de Educación como un contrincante real, afirman tener en su poder videos que lo comprometen con el panismo o con el priismo. Esto, aparte del flaco favor o “sana intención”,- no de la Fundación Colosio, sino de la dirigencia misma del PRI estatal, en colocarlo como figura central en el acto luctuoso en memoria de Luis Donaldo Colosio, precisamente para situar-lo, o como su favorito, o en el centro de la crítica y el golpeteo político dentro de su partido.
Entre todos ellos, y otros de los que se han señalado como posibles candidatos del PRI al gobierno del estado, existe plena conciencia, aceptación y resignación, de que será el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, junto con el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y el dirigente nacional del PRI, Cesar Camacho Quiroz, quienes en el cónclave y ritual priista acostumbrado solo mandarán llamar al gobernador del estado para transmitirle en su momento la decisión para San Luis Potosí.
Evidentemente que la determinación que se tome en el centro,- ya lo habíamos comentado antes, no únicamente estará sustentada en estudios y encuestas serias que habrán de definir quién de todos los que se han venido mencionado desde el año pasado, es el que mejor posicionado se encuentra entre el electorado potosino y en consecuencia ser un candidato competitivo, sino que además deba garantizar buenos y suficientes votos para el proceso federal que a fin de cuentas es lo que le interesa al presidente.
Entre todos estos círculos, permea la sensación de que el actual presidente del PRI, Ángel Castillo Torres, deberá concluir con su mandato en mayo de este año para dar paso a un liderazgo capaz, no solamente de moverse bien en el debate y en los medios de comunicación, sino aterrizar en el piso, con un trabajo de base que permita consolidar una estructura de partido vasta y holgada para llevar a su candidato al triunfo por la gubernatura y las diputaciones federales. Esto lo dicen y agregan el ingrediente, de que la decisión ha sido tomada ya por el propio gobernador Toranzo.
Hasta pronto.
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