Domingo, 08 de Febrero de 2026
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SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 07 de Marzo al 13 de Marzo 2014

¿Eres una persona rica?

¿Eres una persona rica?

José Manuel Arredondo



A poco no pensamos muchas veces ¿Qué haría si me ganara la lotería? Y las respuestas van desde el clásico… “Yo compraría esto a aquello”, “Yo pagaría aquella cosa”, etc.

El dinero, en sí, no es malo. La economía mueve el mundo y nos proporciona recursos necesarios para vivir. Pero los seres humanos debemos considerar cómo valoramos el dinero y qué lugar ocupa en nuestra vida. ¿Lo situamos por encima de todo? ¿Gira nuestra existencia entorno a él?

Es un reto saber en su justa medida el mundo que ocupa el dinero en nuestra vida, en la economía y en la propiedad. Todo cuanto tenemos, desde la misma existencia, la familia, nuestro hogar, los medios de que disponemos, incluso nuestro patrimonio, todo es un regalo y como todo regalo, se recibe con los brazos abiertos. Tenemos todas y todos talentos para desarrollar nuestra economía y para incrementar nuestras fuentes de ingresos. Tenemos la inteligencia para alcanzar la prosperidad. No podríamos construir casas, hospitales, escuelas, iglesias, sin dinero. Pero es importante tener sensibilidad a la hora de invertirlo.

Hoy tenemos un crecimiento económico descontrolado, vemos empresas que explotan a sus trabajadores para obtener mayores beneficios, especialmente si éstos son pobres y viven en condiciones ilegales, asfixiándolos y amenazándolos con el despido si no se someten a sus condiciones. El dinero fruto de la explotación es pernicioso.

En nuestra vida y en nuestra sociedad existe una patología y no me refiero a la cuestión física, me refiero a la patología del dinero

Existe una patología social muy grave: la enorme dependencia del dinero. Para muchas personas, todas las facetas de su vida giran en torno a las ganancias, al poseer, al consumir, y todo se supedita a los ingresos económicos.

¿Tener es lícito? Claro que sí. Todos necesitamos vivir, y unos pueden tener más que otros, incluso ser ricos. Disfrutar de una buena posición económica no es malo en absoluto. Pero lo importante es que ese dinero, sea poco o mucho, esté ganado con honestidad y podamos compartirlo, siendo solidarios con los demás, especialmente con los que no tienen.

Se gastan enormes fortunas en obras inmensas y lujosas, para que disfruten unos cuantos millonarios. Se levantan rascacielos y se construyen islas artificiales cuyo costo es incalculable. Con sólo una pequeña parte de esos dispendios, se podría acabar con el hambre de varias partes de nuestro estado, país e incluso el mundo entero. Esto nos demuestra que en el mundo hay recursos suficientes para todos, ¡claro que los hay! El problema es que falta una conciencia solidaria. Las personas pensamos sólo en nosotras mismas o mejor dicho, en nosotros mismos, en nuestro lucro, ignorando las necesidades de los demás. Tendemos a marginar a los que nos incomodan y no queremos angustiarnos pensando en su situación. Sólo nos preocupa nuestro confort.

Cuando nos duele compartir y dar algo de lo que es nuestro, es el momento de pensar que nuestra riqueza sólo tiene sentido cuando gira en torno a las personas, a su bienestar, y también a la voluntad de ese ser superior, y no al contrario.

Tenemos capacidades para obtener dinero, al menos, como agradecimiento, deberíamos destinarle una parte de nuestras ganancias, a la gente que menos tiene. No es posible que con todo lo que tenemos y disfrutamos, no seamos capaces de desprendernos de algo que tenemos. Si nuestro corazón se conmueve, también debe notarse en nuestra aportación para causas, al servicio de los más necesitados. Si no es así, tal vez es porque estamos secos y endurecidos.

Hemos recibido muchos regalos a lo largo de nuestra vida y esto supone una gran responsabilidad: ¿qué hacemos para potenciar esas riquezas? ¿Cómo la utilizamos?

Podemos cambiar el mundo. No permanezcamos sentados, impasibles. Hemos de salir a predicar con el ejemplo, a anunciar, cada cual a su modo, que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la sociedad. Un ciudadano coherente se compromete con la sociedad y sus necesidades.

Seamos benevolentes con aquellos que menos tienen y potenciemos nuestra mayor riqueza, que no es el dinero, no, sino algo infinitamente más grande: saber que tenemos la gran capacidad de sentir y amar, pues bien, ama muchísimo. Este es el gran tesoro que nos da fuerza para levantarnos cada día para trabajar, sufrir, amar, luchar… Nuestra gran riqueza se encuentra en el corazón de cada persona que desea un mundo mejor.

Estupendo día y una gran semana.

 


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