Simón Vargas Aguilar
El pasado 30 de octubre, fue presentado en Panamá, el primer Informe sobre el Impacto de los desastres en América Latina y el Caribe: Tendencias y estadísticas para 16 países entre 1990 y 2011, el cual fue realizado de manera conjunta por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) y la Corporación OSSO –ONG colombiana dedicada a la investigación de las ciencias de la Tierra y la prevención de desastres–, y cuyo principal objetivo es aportar una visión regional de las pérdidas acumuladas por desastres, a partir de su ocurrencia en la escala local.
Para tal fin, se analizaron las bases de datos de los desastres ocurridos en las últimas dos décadas en Bolivia, Chile, Costa Rica, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela. Mientras que la metodología sistematizó los datos agrupándolos en cuatro variables: vidas humanas perdidas, personas afectadas, viviendas destruidas, y viviendas dañadas. Los más de 83 mil registros de desastres geológicos, hidrometeorológicos y climáticos, fueron clasificados eni ntensivos y extensivos, atendiendo a la terminología de la UNISDR.
En los primeros, las bases de datos contabilizan 25 o más pérdidas humanas y/0 300 o más viviendas destruidas; mientras que en los segundos, los valores de ambas variables son inferiores.
Bajo este esquema, los hallazgos del informe revelaron que menos del 1 por ciento de los registros son intensivos, y más del 99 por ciento son extensivos: entre 1990 y 2011, anualmente ocurrieron 24 registros intensivos y 3 mil 372 extensivos. Cada registro intensivo obtuvo un promedio de 39 fallecimientos, 22 mil damnificados, mil 053 viviendas destruidas, y mil 547 viviendas dañadas; mientras que en el caso de los extensivos, el promedio por registro fue de menos de 1 persona fallecida, mil 291 damnificados, 4 viviendas destruidas y 60 viviendas dañadas.
No obstante, se precisa que “pese al bajo impacto de los registros extensivos, sus impactos acumulados en el período analizado alcanzan el 50 por ciento de los decesos, el 90 por ciento de los damnificados, y el 86 por ciento de las viviendas dañadas”. Llama la atención el hecho de que las manifestaciones intensivas de los riesgos se concentraron en 5 por ciento (395) del total de municipios examinados (7 mil 236), mientras que las manifestaciones extensivas ocurrieron casi en la totalidad de los municipios, sumando 99 por ciento (7 mil 184).
En lo que respecta a la tipología de los desastres intensivos: 62 por ciento fueron generados por fenómenos hidrometeorológicos, y el 38 por ciento restante, por fenómenos geológicos. Sin embargo, los fenómenos hidrometeorológicos causaron el 77 por ciento de las muertes (16 mil 088, de las cuales 79 por ciento ocurrieron en 4 países, incluido el nuestro) y de damnificados (9.2 millones, de los cuales 91 por ciento se concentraron en seis países, incluido México), respectivamente, así como el 63 por ciento de viviendas dañadas (307 mil 591). En el caso de los fenómenos geológicos, el 54 por ciento de las viviendas destruidas (307 mil 591) estuvieron asociadas a éstos.
Sobre los desastres extensivos sedestaca que: 95 por ciento estuvieron vinculados a fenómenos hidrometeorológicos, su impacto alcanzó el 97 por ciento de las pérdidas humanas (20 mil 854); 98 por ciento de damnificados (107 millones); 85 por ciento de viviendas destruidas (325 mil); y 97 por ciento de viviendas dañadas (4.9 millones). En este sentido, el informe subraya que en las manifestaciones extensivas del riesgo, la cantidad de vidas perdidas anualmente por cada 100 mil habitantes se incrementó en 23 por ciento promedio, en tanto que la cifra de damnificados y viviendas dañadas registró alzas cercanas al 200 y 600 por ciento promedio, respectivamente.
Pese a que según el informe, las bases de datos poseen serias deficiencias en cuanto a la valoración económica de las pérdidas económicas directas e indirectas –principalmente en infraestructura pública, y en sectores como el agropecuario, industrial o turístico– el costo mínimo estimado total, sólo en lo que respecta a viviendas destruidas (1.1 millones) y dañadas (6 millones), alcanza 53 mil millones de dólares entre 1990 y 2011.
Finalmente, en el análisis global de los 16 países en cuanto a riesgo intensivo: Perú, Honduras, Jamaica, México, El Salvador y Venezuela registraron la mayor cantidad de personas afectadas; en tanto que Honduras, Nicaragua El Salvador, México y Guatemala, contabilizaron la mayor cantidad de decesos entre 1990 y 2011. En cuanto a riesgos extensivos: los tres países con mayores daños y pérdidas totales en el mismo período fueron México, Colombia y Perú.
Vale la pena subrayar que según el Informe: México es el país con el mayor número de desastres dentro de la clasificación de los veinte con mayor cantidad de viviendas destruidas por manifestaciones intensivas del riesgo. De siete
desastres, cinco fueron desencadenados por huracanes.
Ante este panorama, es evidente la necesidad de tomar en cuenta esfuerzos como éste, a fin de construir e implementar herramientas de recolección de datos que impulsen el diseño de planes y programas para la reducción de los riesgos asociados a los fenómenos naturales. En las próximas décadas, esta problemática continuará agravándose y de no enfocar los esfuerzos en la investigación, el análisis y la recolección de datos para fortalecer la educación y la prevención, el costo económico y social será demasiado alto.
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