Víctor Manuel Tovar González
Desde hacía diez días antes de brotar la noticia, el Papa sabía que estaba por estallar un nuevo escándalo en el banco del Vaticano y corrió al reparo del entuerto el miércoles antepasado apurando la intervención del Instituto para las Obras de Religión Conocido popularmente como el Banco del Vaticano (IOR) con una comisión de expertos. La semana pasada, el alto prelado vaticano Nunzio Scarano, ya investigado por ejercicios ilegales para reciclar dinero negro (toda una fichita), fue arrestado por la policía tributaria italiana, la Guardia de Finanzas. Con este monseñor, también fueron detenidos el espía de los servicios secretos Giovanni Maria Zito y el intermediario financiero Giovanni Carenzio.
Monseñor Scarano actuaba en su ciudad, la sureña Salerno, en operaciones "non sanctas" que involucran al IOR, el Instituto para las Obras de Religión, también llamado el "banco de Dios". El portavoz, padre Federico Lombardi, dijo ayer que la Santa Sede ofrecía toda su colaboración a la justicia italiana y aclaró que hace un mes monseñor Scarano había sido suspendido en sus funciones.
El alto prelado era el responsable del servicio de contabilidad analítica de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), que es una especie de banco central de la Santa Sede. Administra el inmenso capital inmobiliario del Vaticano y también controla los fondos mobiliarios, que en gran parte (7000 millones de euros) están depositados en el IOR. Al Instituto con sede en el torreón del Papa Nicoló, en el Vaticano, arriban los dineros del mismo pontífice, que recibe donaciones millonarias, de las órdenes religiosas, de cardenales, obispos, sacerdotes y religiosas, de miembros del cuerpo diplomático y otras conciencias que requieren de labado.
Las cosas no están para nada claras en el caso de monseñor Scarano. El alto prelado se había puesto de acuerdo con el 007 italiano Giovanni Zito y le habría ofrecido 400 mil euros para traer en un vuelo -que podría ser de un avión del gobierno italiano- unos 20 millones de euros en contante.
Según el abogado de Monseñor Scarano, el "santo varón" se habría limitado a oficiar de intermediario. Destinatarios del tesoro sus propietarios, tres hermanos empresarios de Salerno, amigos del monseñor del Vaticano (hasta parece la historia de Granier).
No se sabe bien si el dinero llegó a Italia o si el "broker" Giovanni Carenzio retuvo el dinero "negro" que le habían hecho llegar a Suiza los empresarios salernitanos. Tampoco se sabe en estos movimientos cuál fue el papel del IOR.
Monseñor estaba ya bajo la lupa de la justicia italiana por el reciclaje de dinero negro. A Scarano lo llaman en Salerno "monseñor 500" porque ofrecía cambiar billetes de euros de ese monto, muy usados para las transferencias en contante, por cheques circulares por diez mil dólares.
El alto prelado había retirado 560 mil euros de su cuenta en el IOR hace cuatro años, tal vez en billetes de 500 euros. Según él para pagar una hipoteca; y según los jueces italianos, para reciclar dinero sucio. Los fiscales creen que en las cuentas del banco del Vaticano vinculadas a monseñor Scarano hay flujos de entradas y salidas de mucha plata "non sancta".
El caso que involucra al alto prelado confirma que el uso ilícito del IOR para operaciones ilegales no es, como se afirmaba hasta que llegó Francisco y ordenó tomar medidas, "algo del pasado" sino que ha continuado al menos casi hasta ahora.
Los actuales dirigentes del IOR dijeron a la prensa que los tiempos han cambiado y reina la transparencia. El Papa argentino no se siente tranquilo con estos optimismos y el caso Scarano demuestra que ha hecho muy bien en acelerar los tiempos de la investigación a fondo y los cambios radicales en el IOR. El miércoles último, Francisco nombró una comisión de cinco expertos que, en nombre del pontífice, controlarán que no vuele una mosca sin que ellos lo sepan y lo refieran al Papa.
Se prepara una implacable radiografía del IOR, ligado a crímenes como el asesinato en junio de 1982, por parte de la mafia, del presidente del Banco Ambrosiano, Roberto Calvi. Calvi era el socio del presidente del IOR, monseñor Paul Marcinkus. Juntos fundieron al Ambrosiano en un crack de 1400 millones de dólares. El hecho dañó gravemente la imagen de la Iglesia haya por los 80tas. Por eso es difícil pero imprescindible la misión curativa quirúrgica que ordena su Santidad Francisco I.
La alianza de hecho entre el Papa argentino y la justicia italiana ha sido fundamental para destapar la olla podrida que existe dentro del IOR, el Instituto para las Obras de Religión, el banco del Vaticano. La nueva era de colaboración ha permitido el arresto-bomba de monseñor Nunzio Scarano, alto prelado al frente de una organización que a través de movimientos de cuenta ilegales en el IOR reciclaba dinero sucio y otras maniobras. Por primera vez no hubo presiones desde el Vaticano como en tiempos de Juan Pablo II que impidieron a los magistrados averiguar cómo el banco vaticano violaba las leyes italianas amparándose en la extraterritorialidad de la Santa Sede.
La prensa difundió ayer las interceptaciones telefónicas y ambientales que demuestran cómo monseñor Scarano dirigía las maniobras que lo convirtieron en un rico propietario inmobiliario y de valiosas obras de arte, con cuentas bancarias millonarias.
Monseñor Scarano, arrestado el viernes junto con un espía de los servicios secretos y un intermediario financiero, había organizado una alianza con al menos 56 empresarios de Salerno, su ciudad, y en particular con la familia de armadores de naves de Paolo y Cesare D´Amico.
Los D´Amico tenían en cuentas suizas unos 40 millones de euros y Scarone organizó una expedición fallida con el agente secreto Giovanni Zito para que trajera en un avión privado, amparándose en la inmunidad de su cargo en los servicios de inteligencia, veinte millones de euros para su amigo Paolo D´Amico. La idea era hacer "desaparecer" la suma en una de las cuentas en el IOR de monseñor Sacarone.
Pero el intermediadio Givoanni Carenzio se tiró atrás cuando debía consignar la suma millonaria y Scarone debió pagarle igual los 400 mil euros de "honorarios" al espía 007 Zito.
El monseñor, que era jefe de contabilidad analítica de la Administración del Patrimonio de la Santa Sede, se especializaba también en cambiar billetes de 500 euros en contante por cheques circulares de 10 mil euros que le entregaban los empresarios salernitanos e iban a parar a sus cuentas del IOR bajo el rubro "beneficencia".
Durante meses la policía tributaria, la Guardia de Finanzas, armó el cuadro de la acción para reciclar dinero negro de monseñor Scarano escuchando las llamadas telefónicas o con interceptaciones ambientales.
Pero también su actividad ilegal le permitió comprar varios inmuebles. En esta fase aparece a los investigadores una variante inquietante. La Sacra Orden Militar Constantiniano de San Jorge, que se propone "la propagación de la fe católica". La preside el duque Carlo de Borbón de las Dos Sicilias y está llena de gente importante. Por ejemplo, en 2003, un cierto Silvio Berlusconi mas popular como corruptor de menores y su corrupto gobierno que por otra cosa aparece iniciándose en la orden, junto con ministros, gobernadores regionales y, otros personajes. El más importante es Crescenzio Sepe, hoy arzobispo de Nápoles y antes "ministro" del Papa como titular de la congregación de propaganda de la Fé. Durante años, políticos y personajes influyentes compraron casas, apartamentos y palacios a precios de favor de esa congregación.
En pocas horas el nuevo escándalo del escandaloso IOR se ha hecho grande como una montaña.
Se esperan más arrestos y nuevas cabezas de responsables del banco Vaticano que rodarán. El Papa argentino tomó hace unos días, ya sabiendo la que se venía, la decisión de no proteger sinvergüenzas e intervenir prácticamente al IOR nombrando una Comisión Referente de cinco expertos que en su nombre revisarán las cuentas y las operaciones del "banco de Dios". Una decisión valiente del Papa Francisco que abrió las puertas a la justicia italiana. De par en par.
El Papa Francisco ha tomado la ruta de Juan Pablo I, la de redimir a la iglesia, seguro que conoce los riesgos. Juan Pablo I había ordenado destituir al presidente del IOR (Instituto para Obras de Religión, Banco Vaticano) y reformar íntegramente el mismo, para que no se repitan experiencias dolorosas del pasado, que el papa Juan Pablo I sufrió ya de obispo y que de ningún modo quiso que se repitan siendo papa.
Bergoglio apuntó al corazón de ese tejido delictivo, y de los poderes ocultos del Vaticano. La batalla recién comienza.
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