Domingo, 08 de Febrero de 2026
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Semana del 05 de Julio al 11 de Julio de 2013

Brasil: "El pueblo despertó"

Brasil: "El pueblo despertó"

Simón Vargas Aguilar



En la última década, Brasil -cuyo futbol se ha erigido como una fuente de infinito orgullo y elemento unificador en un contexto de desigualdad histórica, y el cual les daba el consuelo de ser "los mejores del mundo", aún en tiempos de regímenes autoritarios o crisis económicas- comenzó a experimentar un proceso de metamorfosis, gracias a la llegada al poder de la izquierda representada por Luiz Inácio Lula da Silva en el 2003.

Durante su gestión, y gracias a un ambicioso proyecto de nación, se logró elevar la productividad, se incentivó el libre comercio, se controló la inflación, el desempleo mantuvo niveles muy bajos, el PIB creció a un ritmo sostenido de alrededor de 7 por ciento anual, pero quizás lo más destacado fue la reducción de la pobreza a través del programa de transferencias de ingresos condicionados "Bolsa Familia", que posibilitó que 40 millones de brasileños pasaran a formar parte de una nueva clase media que comenzó a gozar de un salario digno, acceso al crédito, así como a la educación y a la salud.

Sin embargo, en el 2011, con la llegada de Dilma Rousseff a la presidencia, el escenario se modificó: el crecimiento del PIB ha sido más bien magro, la moneda se ha debilitado frente al dólar, y la inflación se ha incrementado, alcanzando niveles que impactan negativamente el bolsillo de los brasileños, a pesar de ser esta última producto del progreso social y económico del país.

En este contexto, y ante los frecuentes casos de corrupción -basta recordar el caso del Mensalão-; el costo de la organización de la XX Copa del Mundo -el cual se estima será mayor al de las 3 últimas ediciones combinadas y representaría poco más de la mitad del gasto total de todos los torneos realizados desde 1930- y los Juegos Olímpicos; las deficiencias en el sistema educativo -el analfabetismo alcanza al 21 por ciento de la población-; las carencias en el sistema de salud y el precario estado del sistema de transporte público -insuficiente y caro en ciudades densamente pobladas-; el pueblo brasileño reaccionó, salió a manifestarse a las calles y lo hizo so pretexto del incremento de 7 por ciento en la tarifa de autobuses, metro y tren, la cual pasó de 3 a 3.20 reales (de 17.95 a 19.15 pesos).

Si bien las manifestaciones comenzaron el 27 de marzo en Porto Alegre, éstas llegaron a las principales ciudades del país y atrajeron un mayor número de manifestantes -convocados a través de las redes sociales, en las cuales, Brasil ocupa el segundo puesto en cuanto a usuarios- a principios de este mes y se intensificaron en la víspera del inicio de la Copa Confederaciones. De acuerdo con el Instituto de Investigación Datafolha, la mayoría de los manifestantes tiene entre 26 y 35 años, 81 por ciento se vincula a las protestas a través de Facebook, 71 por ciento participó por primera vez en una manifestación, y 84 por ciento no tiene filiación partidista.

Entre el 6 y el 18 de junio, se llevaron a cabo cientos de manifestaciones por todo el país, en donde se registraron actos vandálicos y saqueos, así como enfrentamientos con la Policía Militar que evidenció su falta de preparación al arremeter en contra de periodistas y gente que no participaba en las protestas con gases lacrimógenos y balas de goma. En Río de Janeiro, la Asamblea Legislativa fue atacada por manifestantes, en Brasilia el techo del Congreso Nacional fue invadido, mientras que en São Paulo algunos intentaron entrar al Palacio dos Bandeirantes, sede del gobierno paulista.

Si bien el 19 de junio, las autoridades en Sao Paulo y Río de Janeiro, anularon el aumento de las tarifas, lo cual representará un gasto de 175 millones de dólares -los cuales no serán recortados del presupuesto destinado a Educación o Salud-, un día después, las manifestaciones continuaron y de acuerdo a diversos medios, más de un millón de brasileños salió a las calles en 25 ciudades, sin embargo, la Confederación Nacional de Municipios, informó que se registró la movilización de más de 2 millones de personas en 438 municipios. Para el 21 de junio, 59 ciudades se unieron a la anulación del incremento.

Ese mismo día, la presidenta Rousseff ofreció un mensaje a la nación en el que reconoció el derecho y la libertad de los manifestantes "para cuestionar y criticar todo, de proponer y exigir cambios, así como luchar por una mejor calidad de vida". Entre las principales medidas, informó que de manera conjunta con alcaldes y gobernadores, se firmaría un pacto en torno a la mejora de servicios públicos; la asignación del 100% de los recursos obtenidos por la venta de petróleo a la educación; la contratación de miles de médicos del extranjero para satisfacer la demanda de salud; y la reunión con los líderes de las manifestaciones pacíficas, de organizaciones juveniles, sindicatos y movimientos obreros.

En ese sentido, el pasado lunes, y en el marco de una reunión con alcaldes y gobernadores, la presidenta anunció cinco pactos en beneficio de Brasil en materia de Responsabilidad fiscal; Reforma política; Salud; Transporte público; y Educación. Con estas medidas, Rousseff busca remediar la situación con miras a la próxima elección presidencial el próximo 5 de octubre de 2014, en la cual, se ubica en la tercera posición de intención del voto con sólo el 10% de las preferencias, de acuerdo a una encuesta reciente.

Pese al anuncio, las movilizaciones continúan, y los motivos de éstas se han diversificado, ahora se busca el acceso gratuito al transporte público, y se protesta en contra de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, la represión policial, la educación, la salud, la corrupción, la reforma agraria, la PEC 37 -que pretende limitar las facultades del Ministerio Público (misma que fue rechazada por la Cámara de Diputados el pasado martes con 430 votos en contra)- inclusive, de un proyecto para "curar" homosexuales, y otro que pretende subsidiar a mujeres violadas que decidan no abortar.

Con el paso de los días, la situación se torna más compleja, y ante la próxima visita del papa Francisco a Río de Janeiro para la Jornada Mundial de la Juventud en julio, se teme que las movilizaciones se incrementen, ya que para el primer día de ese mes se ha convocado a una huelga general a través de Facebook.

Ante este panorama, la clase media, principalmente la emergente, ha dado un salto cualitativo pasando de la pasividad y la alienación a la acción, a efecto de ser escuchada e involucrada en los procesos de toma de decisiones, y es que pese a los avances, Brasil continúa siendo un país subdesarrollado, con profundas desigualdades e injusto con los sectores más vulnerables.

De la arrogancia y el alarde de la condición de nueva potencia que el país sudamericano presumía hace unos años y deseaba mostrar ante el mundo en magnos eventos, queda poco. Hoy, la realidad es muy distinta, y las movilizaciones sociales constituyen una experiencia que países como el nuestro deben analizar y asimilar, a efecto de evitar enfrentar escenarios de esa naturaleza en el futuro.

 


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