Sonia Mendoza Diaz
El pasado 1 de diciembre, los mexicanos vimos algo que solo había sucedido una vez en nuestra historia: un Presidente de la República de un partido o inclinación política, le entregó de manera pacífica la banda presidencial a un Presidente Electo de otro partido... eso solo sucedió hace 12 años, cuando Fox fue investido Presidente y Zedillo entregó el poder que el PRI perdió ante el PAN.
Para los panistas, no deja de ser una situación dolorosa el perder la presidencia, pero en congruencia con nuestro ser y forma de pensar, asumimos que la democracia es así, los votos definen los resultados de las elecciones y el respeto al sufragio debe ser sagrado si aspiramos a lograr un desarrollo pleno. Winston Churchill dijo que la democracia es el peor de los sistemas de gobierno, excepto por todos los demás que han sido intentados; y de alguna manera, no le falta razón, porque es muy factible que en ciertos momentos y por determinadas circunstancias, el ciudadano elija a quien pudiera ser la peor de las opciones, pero en la democracia real, tenemos la posibilidad de cambiar esa decisión en la siguiente elección y corregir el rumbo; por ello, debemos valorar, atesorar y proteger nuestro joven sistema democrático y cuidar que México, por falta de memoria, no entre en una regresión política que nos haga regresar el reloj entre 50 y 70 años.
En colaboraciones previas, he mencionado que a los mexicanos como sociedad, nos ha costado mucho, sangre sudor y lágrimas, (citando nuevamente a Churchill), el poder llegar al punto donde las armas, los cuartelazos, las Decenas Trágicas no definan nuestro rumbo político. Y en un sistema donde se dan tres opciones políticas claras y organizadas, (que aparte suelen coincidir en un punto central en cuanto a formas de pensar), la alternancia debe ser siempre vista como algo normal y deseable y mientras no caigamos en los extremos ideológicos, se puede seguir construyendo, desde el gobierno o desde la oposición, contribuyendo ideas y acciones que fortalezcan estructuralmente a México y al sistema.
También he mencionado que la ciudadanización de la política es inexorable, lo cual también es parte del proceso de evolución política nacional; sin embargo, es menester el fijar claramente las reglas del juego, donde se llegue a un punto de equilibrio entre el sistema de partidos excluyente que actualmente rige y la posible atomización de las legítimas aspiraciones ciudadanas por ejercer y detentar el poder; aclaro el punto: si se deja que se den sin control las `candidaturas ciudadanas´, inevitablemente se podrán dar dos situaciones indeseables, 1. Que se registren `candidatos´ que solo buscan obtener el recurso que daría el Estado, sin una voluntad real de participar de verdad y ejercer el dinero público de manera legítima y correcta; y 2. Que se compren eleccione de una manera abierta, ante `candidatos ciudadanos´ que no tienen mas plataforma que un exceso de dinero generado por ellos mismos o por grupos de poder económico. Desde el Congreso, vale pensar el conciliar las ideas, llegando al punto donde habrá candidatos no partidistas, pero respaldados por una cantidad significativa de la sociedad, con ideas, plataformas y planes definidos que representen el sentir de la gente.
Así, podemos ir viendo con gran satisfacción la maduración de la política, del ciudadano, del mexicano, que para hacer cambiar la situación del país, ejerce y defiende en primera instancia, su voto; posteriormente, brincar al siguiente nivel que es el de la participación activa en un sistema de partidos como el actual, para llegar a una participación directa en el esquema electoral, como un ciudadano no partidista, pero con ideas valiosas y que siente que vale la pena el invertir su tiempo, su dinero y gran parte de su vida en el abonar lo positivo a un México que se desarrolla y que abre las puertas a esa democracia, que no deja de ser el menos peor de los sistemas que han sido intentados y por tanto con el que contamos.
El parteaguas del 1 de diciembre de 2012 es, por tanto, casi tan valioso como el del 1 de diciembre del 2000: los mexicanos aprendimos a hablar con ideas que se defienden con gran pasión; a razonar la necesidad de conciliar y acordar; a respetar las leyes que nos rigen y a deshacernos de las balas como métodos de persuasión política. Nuestras contiendas polícas generan rivales, no enemigos y la lucha de clases no se nutre con sangre, sino con esfuerzo, con exposición de formas de pensar como vías para lograr un desarrollo integral, justo y equilibrado. Sí, en el PAN nos duele perder, pero nos regocijamos de un México que se esfuerza por alcanzar, finalmente, la mayoría de edad, con los tropezones inevitables, pero que conducen al bien general de una nación humanista, ordenada y generosa para todos.
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