Domingo, 08 de Febrero de 2026
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Semana del 05 de Octubre al 11 de Octubre 2012

Latinoamérica, región de integración natural

Latinoamérica, región de integración natural

Sonia Mendoza Diaz



Cuando vemos un globo terraqueo, destacan obviamente, las grandes masas continentales: América, África, Europa-Asia... y al ver a México un poco más detenidamente, podemos analizar su situación muy suigeneris y compleja.

Resulta que México se encuentra ubicado en la parte norte del continente, es un país norteamericano, lo que significa que comparte el `vecindario´ con el país mas poderoso del mundo, Estados Unidos y con Cánada. Estos países son, por cultura, muy diferentes a nosotros: E.U.A. es angloparlante, imperialista, ventajoso... pero también es un país generoso, de una diversidad y riqueza impresionantes, cuyo éxito tricentenario radica en haber sabido integrar las diferencias (sin desaparecerlas, obviamente) en una unidad de ideas y criterios, donde no existen distinciones sustanciales en cuanto a los fundamentos de nación que les guían, las divergencias son de forma, no de fondo.

Canadá, por su parte, también logró unificar dos formas radicalmente distintas de ver la vida, para constituirse en una nación auténticamente bicultural, tolerante, forjada en el esfuerzo necesario para vivir en esas latitudes y con un profundo sentido del deber social.

Pero México también es centroamericano, puesto que del Istmo de Tehuantepec hacia el sur, nos encontramos con vecinos y hermanos con los que compartimos mas, culturalmente hablando, que con el norte. De hecho, así como recordamos con añoranza los territorios del sureste de Estados Unidos, que alguna vez fueron nuestros (y que por incapacidad y divisionismo perdimos), seis de las siete naciones que conforman Centroamérica, por un breve periodo de tiempo fueron parte del territorio nacional, de 1821 a 1823, año en el que las Provincias Unidas de Centroamérica constitucionalmente se separan de la República Mexicana, tras la caída del Primer Imperio de Agustín de Iturbide.

Además, México es decididamente Latinoamericano: del Río Bravo hasta la Patagonia, es una región más que geográfica, cultural y social, que mantiene una serie de características comunes como el idioma, la historia compartida y las aspiraciones de superación.

Desafortunadamente, una de las características que como latinoamericanos tenemos en común y que han marcado nuestra historia y desarrollo, ha sido el divisionismo y la falta de consensos para ubicar un objetivo como naciones, que nos lleve a superar las diferencias y nos permita explotar todo el potencial natural y humano que tenemos.

Con esa situación muy identificada, en 1964 surgió el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), que es un organismo regional, permanente y unicameral, integrado por los Parlamentos nacionales de América Latina, con el objetivo de promover, armonizar y canalizar el movimiento hacia la integración y que se institucionalizó en 1987. Seamos muy realistas: no podemos jamás olvidarnos del vínculo que tenemos con Estados Unidos, desde el punto de vista comercial, económico y social (dada la migración), pero tenemos que retomar la visión panlatinoamericana, buscar la conexión que de manera natural tenemos con nuestros hermanos y aprovechar lo que podemos lograr con y a través de ellos; allí radica la importancia del Parlatino.

En pasados días, tuve la fortuna de ser designada Representante del Senado ante el Parlamento Latinoamericano; el 27 y el 28 de septiembre, asistí como delegada a Montevideo, Uruguay, sede del 18o encuentro de esta institución y constaté como, con pleno respeto a la democracia, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, existe una corriente muy fuerte para fortalecer la integración de la región, que nos lleve a competir en mejores circunstancias con China, Estados Unidos, la Unión Europea, los Tigres Asiáticos; en fin, los bloques comerciales y económicos que ahora se han constituido.

Y esto no es una visión romántica y decimonónica, no; es una situación realista y moderna, que nos plantea un crecimiento acelerado, ante una zona cuyo potencial económico y social es enorme. Como bloque, podemos lograr muchas más cosas, podemos expandir mercados y podemos aprender unos de otros, dejando atrás las etapas totalitarias y represivas para hacer frente a un futuro en el cual las divisiones nacionales poco a poco cederán terreno ante las realidades regionales.

Por todo lo planteado, concluyo con el comentario de que si, en alguna ocasión se acuñó la frase "¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!", acreditada a Porfirio Díaz, ahora, ante la situación estratégica en la que nos encontramos, deberíamos revisarla y parafrasear "¡Bendito México, tan cerca de Norteamérica, de Centroamérica y sobre todo... de Latinoamérica!".

 


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