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Semana del 25 de Mayo al 31 de Mayo 2012

Modesto adiós a Carlos Fuentes

Modesto adiós a Carlos Fuentes

Víctor Manuel Tovar González



En el invierno de 1968 después de terminada la olimpiada de México “68”, el que esto escribe cursaba el 5º de Bachillerato, y al fin de una catedra de Historia de las doctrinas filosóficas, recibió como regalo del querido e inolvidable maestro, el Lic. Ramiro Gordillo, un libro que el acababa de leer y que me recomendó ampliamente.
El libro referido se llama “Zona sagrada” y su autor era un destacado escritor mexicano, que comenzaba a tener un gran prestigio no solo en el país sino internacionalmente, su nombre Carlos Fuentes.

El libro narra la historia de una relación entre una madre y un hijo. Ella es Claudia Nervo, gran estrella del cine mexicano (sin duda se refería a María Félix y su hijo), “una pantera oscura, tierna y peligrosa”. Pero él es el verdadero protagonista de este libro, su libro. Se llama Don Guillermo, o Guillermito, o Mito, y siente que su vida es sólo un espectáculo. Lo vivimos a través de sus propios recuerdos: la infancia tranquila en Guadalajara, en la casa paterna, bajo la mirada protectora de una abuela afectuosa; después, el secuestro por la madre y el cambio brusco; el abandono por ésta, siempre gran actriz, siempre lejana; la vida de internados, carente del afecto maternal que, al faltarle, se convierte en obsesionante, y, por último, el regalo de las llaves del apartamento al cumplir la mayoría de edad.

La estructura de la obra sigue la técnica cinematográfica. La novela empieza en el presente y termina en el presente. Se regresa al pasado por pequeños cuadros. Realmente la obra cierra un círculo. En la novela, se viven dos mundos: el de la supuesta realidad objetiva y el que el personaje se crea, su realidad. La estructura responde al manejo del tema. Huye Guillermo de la realidad, y se refugia en su “cáncer barroco”, en su “gruta encantada” pero comprende que tiene que liberarse de ella. El fondo de esta obra acepta la técnica cinematográfica, casi la requiere. Estoy convencido, sin duda alguna, de la adaptación de la técnica cinematográfica de Fellini y Buñel a la intriga literaria.

Este fue mi primer encuentro con ese gran mexicano y me volví no solo asiduo lector de Fuentes, si no también su fanático. Es cierto, Fuentes no es el narrador mágico de la realidad Latinoamericana, esa labor se la dejo a el “Gabo”, pero en cambio, es sin lugar a dudas un escritor comprometido con su país, con su tiempo y donde aparecen en su obra los diferentes estratos sociales sin ambages adaptándose el escritor a través del lenguaje a su modus vivendi y a sus miserias que nada tienen que ver sólo con las económicas, si no también con las morales, políticas y personales.

Carlos Fuentes, en todas sus obras, trata de mostrar cuán difícil ha sido el proceso de modernización mexicano debido al legado hispánico barroco, hasta el punto de que, para Fuentes “somos un país en búsqueda desesperada de su modernidad”, y concuerda con otro gran mexicano, del cual primero fue amigo y después rival, Octavio Paz, y piensan que desde principios del siglo XX estaríamos “instalados en plena pseudomodernidad”. De algún modo, nuestra identidad habría dilatado la búsqueda de modernidad o habría permitido que alcanzáramos sólo un remedo de modernidad.

Es curioso comprobar cómo, a pesar de las diferencias entre todos estos autores y de sus posturas favorables, indiferentes u opuestas a la modernidad, ellos la conciben como un fenómeno eminentemente europeo que sólo puede entenderse a partir de la experiencia y autoconciencia europeas. Por lo tanto, se supone que es totalmente ajena a México, y sólo puede existir no solo en México sino en toda la región latinoamericana en conflicto con nuestra verdadera identidad. Algunos se oponen a ella por esta razón y otros la quieren imponer a pesar de esta razón, pero ambos reconocen la existencia de un conflicto que hay que resolver en favor de una u otra. Tanto la modernidad como la identidad se absolutizan como fenómenos de raíces contrapuestas.

Esta búsqueda de nuestra identidad nacional, es lo que provoca que Fuentes viviera siempre la mitad de su tiempo en México, ya que él pensaba que nunca debería dejar sus raíces, y la otra mitad, la dividiera entre Paris y Londres, con periplos en España e Italia, para entender y comprender los orígenes del asalto de México al mundo moderno y, poder comprender el advenimiento del post-modernismo y como su querido México se insertaría de manera exitosa en esta nueva realidad.

Precisamente por esta visión, para Fuentes es cierto que la modernidad nace en Europa, pero Europa no monopoliza toda su trayectoria. Precisamente por ser un fenómeno globalizante, es activa y no pasivamente incorporada, adaptada y recontextualizada en México en la totalidad de sus dimensiones institucionales. Que en estos mismos procesos e instituciones hay diferencias importantes con Europa, no cabe duda. México tiene una manera específica de estar en la modernidad. Por eso nuestra modernidad no es exactamente igual que la europea; es una mezcla, es híbrida, es fruto de un proceso de mediación que tiene su propia trayectoria; no es ni puramente endógena ni puramente impuesta; algunos la han llamado subordinada o periférica.

Por esta razón Fuentes considera que están en el error los que creen que la modernidad es imposible en México, sino también el error, bastante frecuente, de los que creen que vamos a llegar a la misma modernidad europea o norteamericana.

En muchas de sus obras Fuentes manifiesta la preocupación por que no solo los intelectuales, si no también los gobernantes caen constantemente en este error, que fue impulsado en los años cincuenta por algunas de las teorías de la modernización de origen norteamericano, que pensaban que estábamos en tránsito desde la sociedad tradicional a la sociedad moderna y que constituían a las propias sociedades industriales avanzadas en el modelo (en el caso nuestro había que copiar a los Norteamericanos) ideal que los países atrasados alcanzarían inevitablemente, siguiendo una ruta de transición que repetía las mismas etapas ya recorridas por ellas.

Carlos Fuentes afirmaba en muchos de sus ensayos, de que en las posiciones neoliberales contemporáneas en México está implícita la idea de que la aplicación de políticas económicas apropiadas (neoliberales) es la condición suficiente de un desarrollo acelerado, que inevitablemente nos llevará a una modernidad similar a la norteamericana o europea.

Pero para Fuentes, no basta con afirmar que México tiene una manera específica de estar en la modernidad. Es necesario mostrar en qué difieren o se asemejan la trayectoria mexicana a la modernidad y otras trayectorias; hay que intentar también establecer al menos algunos elementos específicos que caracterizan nuestra modernidad actual.

Fuentes afirma que la modernidad Mexicana comienza hasta principios del siglo XIX, con la independencia, porque España logro impedir su expansión durante tres siglos. No se da un trasplante cultural casi sin trabas desde Europa como en Norteamérica, pero sí una influencia importante de las ideas matrices de la Ilustración que deben enfrentar y readecuarse a un polo cultural indo-ibérico bastante resistente.

Su primera fase durante el siglo XIX podría denominarse, con un cierto grado de contradicción, oligárquica, por su carácter restringido. Vale la pena destacar dos rasgos de esta etapa. Primero, en esta fase se adoptan ideas liberales, se expande la educación laica, se construye un estado republicano y se introducen formas democráticas de gobierno, pero todo esto con extraordinarias restricciones de hecho a la participación amplia del pueblo. Segundo, a diferencia de la trayectoria europea, la industrialización se pospone y se sustituye por un sistema exportador de materias primas que mantiene el atraso de los sectores productivos.

En su segunda fase, en el siglo XX coincide históricamente con la primera crisis de la modernidad europea y de alguna manera la refleja, sólo que en América Latina pero destacándose en México las consecuencias son específicas: el poder militar empieza a derrumbarse, la llamada “cuestión social” se hace urgente, vienen regímenes de carácter populista que incorporan a las clases medias al gobierno y se inician procesos de industrialización sustitutiva, a través del llamado modelo de substitución de importaciones.

Así entonces, mientras en Europa se vive la primera crisis de la industrialización liberal, en México se vive la crisis terminal del sistema militar y se comienza una industrialización sustitutiva con algún éxito. Esto significa, como lo ha sostenido Fuentes, que el fin de los regímenes militares ocurrió en un contexto preindustrial y que, por lo tanto, la apertura del sistema político no incluyó la participación activa de las clases trabajadoras organizadas, como en Europa, sino que tendió a incorporar a las clases medias a las estructuras de poder.

Es esta peculiaridad la que explica el surgimiento de regímenes populistas y la subsistencia de formas políticas personalistas y clientelistas hasta hoy día.
Querido lector, he intentado en este breve ensayo clarificar por que es importante leer la obra de Fuentes, esperando haberlo logrado. Y de que tamaño fue nuestra perdida.
Por lo demás recuerde. Ud. Tiene la mejor opinión.

 


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