Alejandro Zapata Perogordo
México no ha sido un país de instituciones fuertes porque la-mentablemente han sido utilizadas para colocar a “amigos” y “compadres”, se les ha visto como una forma de pago a la manera de “premio de consolación” y/o como la entrega de cuotas a grupos políticos.
Eso ha acarreado resultados desastrosos a instituciones públicas que en vez de consolidarse se debilitan. No resulta extraño entonces que en múltiples ocasiones, quienes las dirigen, ni siquiera cumplen el perfil para su adecuado funcionamiento y las ajustan a su conveniencia.
Para acabar con ese lastre se impulsó la Ley del Servicio Civil de Carrera, cuyo objetivo es dar certidumbre y estabilidad en su actividad a quienes hacen un trabajo profesional y así, evitar esas tendencias perniciosas, de someter cualquier cargo público a la actividad política o lo que es peor a la política partidista y desde esos espacios realizar labores proselitistas.
En el ámbito federal esto ya es una realidad. Funciona de manera incipiente y con muchas deficiencias, pero cuando menos ya existe, lo cual abriga la esperanza de que poco a poco se vaya fortaleciendo.
Sin embargo, aún no tenemos la cultura necesaria para su impulso en todos órdenes de gobierno u otros poderes. Hay aún espacios en el servicio público de primera importancia en donde persiste el “amiguismo” y el “compadrazgo”, tal es el caso de la Policía Mi-nisterial.
Una de las instituciones más importantes y columna vertebral del país es el Municipio, en cuyo caso, estamos ciertos que en los últimos años ha tenido avances significativos gracias a diversas reformas que le han fortalecido.
Veamos en 1983, se le otorgaron facultades de autonomía para emitir reglamentos y se le dio Policía y Tránsito, así como los impuestos inmobiliarios. En realidad de poco sirvió, se invadía cotidianamente su esfera de competencia sin posibilidad alguna de defensa y los recursos económicos eran completamente insuficientes a grado tal, que a veces ni siquiera alcanzaban para cubrir la nomina.
En el año de 1995, mediante una reforma al articulo 105 de la Constitución, se le dio la posibilidad de defenderse contra actos que atentaran en sus facultades. Después en 1997 se les doto de los recursos del ramo 33 y en 1999, se reformo el artículo 115 constitucional para transformar su condición Jurídica y considerar al Municipio como una verdadera autoridad y no solamente un ente administrativo.
Así las cosas, podemos afirmar que la vida municipalista en México data de apenas trece años atrás, al contar con recursos económicos y facultades que antes no tenían y que por tanto, limitaban su ámbito de acción en beneficio de sus gobernados.
No obstante , no ha sido posible cumplir cabalmente las cargas obligatorias de los ayuntamientos para proporcionar servicios más elementales a los habitantes de sus demarcaciones, pues se trata de una extensa lista: seguridad, agua, drenaje, alumbrado, panteones, vialidad, parques y jardines, pavimentación, rastro, aseo público, etcétera, independiente de otras funciones que la vida moderna exige para promover el desa-rrollo de las ciudades, como la salud, la economía, el empleo, la sustentabilidad, la ecología y el medio ambiente, la cultura, la identidad, la educación, etcétera.
Los municipios se han visto rezagados por el cúmulo de años donde no existió la posibilidad de atenderlos por falta de recursos y de facultades e inclusive ante esa incapacidad institucional se agudizaron problemas como la pobreza y los asentamientos irregulares, sin embargo, en los últimos años se ha notado un cambio en la vida municipalista del país y ahora se compite entre las ciudades, lo que sin duda alguna representa un avance sustancial.
Existe a mi parecer un cuello de botella en el sistema prevaleciente en México, lo que a nivel internacional se denomina el “sistema duro”, que se refiere a que el Presidente Municipal se convierte en todólogo, es el gran administrador y a su vez el gran político y, así hemos visto muchas decisiones caprichosas y arbitrarias, que van vinculadas a quedar bien momentáneamente, subir en las encuestas e inclusive buscar posicionamiento político o electoral, hasta por ignorancia, soberbia, prepotencia o intereses mezquinos y no necesariamente atender a fondo la solución de los problemas técnicos que padecen los municipios.
En la gran mayoría de los países tienen lo que llaman el sistema “blando”, donde la parte técnica cuenta con especialistas encargados de atender desde esa óptica los problemas y sus alternativas de solución se abordan con un soporte técnico. Así, se dieron a la tarea de planear, regularmente a mediano plazo el crecimiento y desarrollo de las ciudades, lo que les ha permitido inclusive a anticiparse en muchos pro-blemas y con ello atemperar los conflictos sociales.
Creo que no existe necesidad de descubrir el hilo negro, la tecnocracia no puede deste-rrarse, como tampoco puede sustituir a la política, ambas partes en su propio espacio, ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.
Es fundamental a esta institución municipal dotarla del “servicio civil de carrera”, con áreas técnicas que estén preparadas para dar los servicios básicos a la ciudadanía, desde un aspecto técnico-administrativo. A esto en algunas partes le llaman “City Manager”, en otras “gerente de la ciudad”; también se denomina “se-cretaria de servicios”, pero lo cierto es que se debe ir transitando hacia un sistema blando adecuando de acuerdo a los requerimientos de cada municipio.
Visto así, lo que necesitamos es un gobierno que sepa hacer las cosas y que al mismo tiem-po sea cercano a la gente para entender y resolver sus problemas. Los tiempos del amiguismo, de las cuotas de partido en la administración pública han quedado atrás, los han sepultado las nuevas exigencias de la gente.
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